Javier Duarte sigue torpedeando al PRI

Imponga o no a “El Cisne” Silva Ramos, lo encarte o lo descarte, Javier Duarte sigue en su titánica labor de socavar al PRI. Y cómo lo hace. Provoca rupturas, alienta enconos, atropella estatutos, desafía a quien sea. Hay que entronizar a su manzana podrida.

Su mensaje es claro: duartismo equivale a PRI, y si ocupa la presidencia del comité estatal, mejor.

No concibe el gobernador que el duartismo apesta. Se despeñó cuando el saqueo a las arcas, el caos financiero, la corrupción y la complicidad con los ladrones de su pandilla, la violencia brutal de los narcos hicieron de su gobierno el sello de lo que un priísta puede lograr cuando tiene poder. Fidel así fue y Javier así es.

Lo del “Cisne” es revelador. Exhibe a un gobernador caído en desgracia, alejado de todos, olvidado por los suyos, que echa mano del peor ejemplar para sabotear la candidatura a gobernador.

Quiere a Alberto Silva Ramos en la presidencia del PRI estatal, sin méritos ni logros, repudiado por un amplio sector del priísmo, por los tuxpeños a los que gobernó como si fuera el rey feo el carnaval, amado sólo por sus bases fanáticas que a la primera provocación mostraban las lanzas y alzaban la voz en gritos de venganza contra los adversarios del descuadrado “Cisne”.

Quiso imponerlo en el consejo político estatal del PRI, el domingo 18, pero la reacción adversa lo frenó.

Replicaron los Yunes rojos —Héctor Yunes Landa y Pepe Yunes Zorrilla—, los senadores que van por la candidatura priísta. Desdeñaron el cambio en la dirigencia. Reclamaron el albazo, se deslindaron de tal locura y negaron haber pactado el relevo. Pero al final se apagaron.

Otros dirigentes y líderes de corrientes priístas han dicho que no son las formas para realizar el relevo en la cúpula priísta. Y amagaron con boicotear el consejo político estatal del PRI.

Duarte también debió recular. Aplaza la imposición de Silva Ramos una semana. No será el domingo 18, sino el domingo 25. Pero lo impondrá.

Caricaturizado, el PRI es el reflejo de Javier Duarte. Si hoy amanece loco, barre con lo que hay, y si mañana despierte más loco, hace trizas lo que queda.

Sus textoservidores sostienen que Javier Duarte es un ganador. No hay elección en que quede mal, dicen. No es así. Javier Duarte es un “robador”. Se roba todas las elecciones, con dinero público, con maletines cargados de fajos de billetes para doblegar a quien sea, candidatos o dirigentes de partidos, a los órganos electorales o a los tribunales que deciden si hubo fraude o no. Y nunca lo hay.

Eso no es ser triunfador. Eso es ser ladrón. Gana el PRI por el derroche de recursos, que derrama entre su voto duro, entre los pobres que integran los padrones de los programas sociales, entre las promotoras que van de casa en casa y pagan de mano en mano para asegurar los votos que requiere el tricolor. El PRI no sabe ganar una elección si no se la roba. Y cuando pierde, no replica. No hay agravio.

Ese estigma persigue al priísmo. Pero ahora es peor. Javier Duarte le imprime su sello y lo contamina aún más. Próxima a definirse la candidatura a gobernador para la elección de 2016, la del período de dos años, pretende el gobernador que el PRI ofrezca imagen duartista.

Por ahí va la imposición de Silva Ramos, el engreído y petulante “Cisne”, tan afecto a sobajar a los demás, a veces en su juicio, a veces beodo, su estado natural, en sus días de vocero oficial retacadas las bolsas con el dinero que debió entregar a los medios que suscribieron convenios de publicidad. Otro “robador”.

Saben Héctor y Pepe Yunes de los alcances de vestir de duartismo el PRI. Sea quien sea el candidato, les tocará lidiar con la sombra de Javier Duarte, su desgobierno, el caos financiero, el saqueo, la inseguridad, la violencia, las fosas clandestinas, el derroche, las fortunas malhabidas, la impunidad, los adeudos a pensionados, empresarios, contratistas, adultos mayores, músicos, a la Universidad Veracruzana.

Con el “Cisne” al frente del PRI estatal, la candidatura de los Yunes rojos es duartista, les gusto o no, tolerada y solapada por el PRI nacional, por Manlio Fabio Beltrones, por el presidente Peña Nieto, por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

De ahí la reacción de Héctor y Pepe Yunes ante el albazo del “Cisne” Silva, su autodestape, sabedores que así se incrementa exponencialmente las posibilidades de perder la elección ante el PAN o ante la alianza PAN-PRD.

Ante la sacudida provocada por el empecinamiento de Javier Duarte por imponer a su delfín en el PRI, el columnista Arturo Reyes Isidoro, en su Prosa Aprisa, sostiene que esta partida política la ganó el gobernador. Pidió el relevo en el PRI estatal, se lo concedieron, lo manejó sin prudencia, logró el repudio de los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla, pero al final se salió con la suya.

“A lo mejor él y Silva se precipitaron —dice Reyes Isidoro— y cometieron un error al no guardar las formas al dar la noticia el lunes, por lo que, en efecto, el Consejo Político que había anunciado el tuxpeño para el próximo domingo no se realizará, pero sí se espera que tenga lugar el domingo 25 en tanto se cumplen las formas y la normatividad partidista, y lo que siguió ayer demuestra que Duarte hizo valer su derecho como gobernador a imponer al dirigente, pero, más importante que eso, que el presidente Peña Nieto, que es el líder natural de su partido —el formal lo es Manlio Fabio Beltrones—, lo respaldó.

“Esto —de paso lo comento— empata con una versión que me dieron y que se manejó en la ciudad de México en el sentido de que en su momento, ante los problemas que enfrenta el estado, el Secretario de Gobernación, Osorio Chong, le planteó a Peña la necesidad de invitar a la administración federal al cordobés, pero que el mexiquense le dijo que no, que lo dejara en su cargo a menos que le diera alguna otra indicación. De ser cierta la versión, no sólo han decidido mantenerlo sino que le han reiterado el apoyo dándole el visto bueno a su propuesta para que Silva llegue al PRI estatal.

“Ayer comentaba también que se trata de una lucha por el poder y no es ningún secreto que hay fuerzas políticas polarizadas: por un lado Duarte y su grupo en el poder y por el otro los senadores José Francisco ‘Pepe’ Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa. Uno a mantenerlo a toda costa, los otros a que haya cambio de equipo desde el manager o entrenador pasando por los jugadores hasta el último aguador”.

Más adelante señala Reyes Isidoro:

“Decía yo ayer que el tema es de los priistas, pero que tiene alcances en toda la sociedad por cuanto que Silva Ramos representa el continuismo del fidelismo-duartismo, lo que podría poner a los veracruzanos ante la posibilidad real de una prolongación de los dos gobiernos inmediatos anteriores, con todo lo que ello pueda traer como consecuencia. Ayer por la tarde, ya con la confirmación del arribo al PRI del tuxpeño, escuché de varias personas ajenas al PRI su preocupación. Están escamadas y temen que las cosas no mejoren.

“Pero en los gobiernos federal y estatal eso pareciera no interesarles, ni preocuparles las consecuencias que pudiera haber entre el electorado. Ya se ve, están dispuestos a seguir adelante y se ve que no van a parar por nada ni ante nada. En adelante, si las cosas siguen como van, sólo los ciudadanos electores tendrán la última palabra”.

Cunde la preocupación. En la medida que el PRI esté impregnado de duartismo, se aleja la posibilidad de triunfo. Javier Duarte unifica a toda la sociedad, pero en su contra.

El PRI se cae a pedazos. Un duartista en la dirigencia estatal equivale a darle voto al continuismo, a refrendar el proyecto —si es que a eso se le puede llamar proyecto— de Javier Duarte. Es darle el voto a un PRI en el que manda un locuaz sin juicio, con el silencio de los priístas, postrados de rodillas, sometidos, amordazados, agazapados.

Entre todo, hay actores políticos que gozan viendo el desgranamiento del PRI. Uno de ellos, Miguel Ángel Yunes Linares, aspirante declarado, casi seguro candidato del PAN a la gubernatura de Veracruz o de la alianza PAN-PRD.

Yunes Linares debilitó a Javier Duarte a golpe de ariete. Le halló propiedades en el extranjero, no declaradas o encubiertas mediante los parientes de Karine Macías Tubilla, la esposa incómoda del gobernador; le documentó el endeudamiento demencial; lo señala de ser 100 por ciento narco; demostró que su campaña fue financiada por Pancho Colorado, el empresario que admitió lavar dinero para los zetas. Le advierte que lo meterá a la cárcel. Cuatro meses le bastarán.

Lo que hizo Yunes Linares con Javier Duarte no hizo ningún priísta. Le arrancó la máscara y exhibió los niveles de corrupción en que se movió su gobierno en agravio de los veracruzanos. De ahí que la imposición del “Cisne” en el PRI sea la mejor noticia para el PAN.

En breve, el PRI refrendará su sello duartista, Silva Ramos como dirigente estatal. Así camina hacia la derrota.

Así van a la derrota Héctor o Pepe Yunes, el que sea.

(Con información de mussiocardenas.com)

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