Javier Duarte, simulando que protege a la prensa

De “manzanas podridas” tilda Javier Duarte a los periodistas, y les llama mafiosos, y los hostiga y los reprime, y los espía y los enloda, exilando a unos, acosando a otros, hasta sumar en su gobierno 14 comunicadores asesinados. Y ahora se asume defensor de sus críticos.

Si puede, apalea, y si se le da, denuesta, pues no se exime de agraviar y descalificar cuando la crítica lo apabulla y exhibe el desgobierno que le ha tocado protagonizar, violando libertades, su policía instruida para golpear y robar, para intimidar y amedrentar a los periodistas.

Así es la relación Javier Duarte-prensa y hoy pontifica como un consumado defensor de las tareas reporteriles hasta ejercer un obsesivo control que ejerce sobre la prensa dócil, hasta hurgar en las redacciones que lo incomodan y usar los convenios de publicidad para someter a las voces que desentonan en el concierto de la complicidad, para arrinconar a quienes se resisten a callar frente al abuso de autoridad y el saqueo de las arcas públicas, la pobreza y la inseguridad.

Hoy suscribe un convenio con el Mecanismo Federal de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y de Periodistas, que en sí y por lo que ha sido su política de hostilidad y agresión a las voces críticas, es una contradicción.

No es Javier Duarte el defensor nato de los periodistas y sí, en cambio, quien asumió la mayor cuota de comunicadores reprimidos, muertos, desaparecidos y exiliados. Veracruz, en sus manos, se convirtió en el peor estado para ejercer el periodismo a nivel mundial. Así lo dice la agrupación Reporteros Sin Fronteras.

En su gobierno cayó Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, ahorcada en su hogar de Xalapa, la tarde del 28 de abril de 2012, en un robo simulado, tras las innumerables denuncias que difundió sustentando la debacle financiera que comenzó en el fidelismo y siguió en el gobierno de Javier Duarte, la corrupción policíaca y sus vínculos con el crimen organizado.

A Regina la enlodó el gobierno de Javier Duarte, esgrimiendo que era amiga de los rufianes que le quitaron la vida, que noviaba con uno de ellos, que los había dejado pasar, bebieron a morir y finalmente en un altercado le quitaron la vida.

Luego inventaron que sostenía relaciones sexuales con otras compañeras periodistas y eso, para el puro Javier Duarte, era motivo suficiente para haberse allegado la muerte.

Noel López Olguín, reportero de Horizonte, La Verdad y Noticias de Acayucan, desapareció el 8 de marzo de 2011. Un narco confesó que lo sepultó en una fosa clandestina de la que fueron extraídos sus restos el 1 de junio siguiente.

Milo Vela y Misael López, su hijo, así como Yolanda Ordaz, los tres de Notiver, figuraban en los archivos del duartismo como piezas del crimen organizado, que servían a los capos y a los jefes de plaza, que ocultaban o destacaban información al gusto de la mafia.

Un día, el 20 de junio de 2011, le quitaron la vida a Milo y a su hijo y allá fue Javier Duarte a compartir su cuota de luto, con palabras sentidas. Pero cuando mataron a Yolanda Ordaz, el 26 de julio, brilló por su ausencia, como preludio del lodo que lanzarían sobre ella los textoservidores del duartismo.

Otros más fueron asesinados. Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez, levantados, ultimados y luego desmembrados, cuyos restos aparecieron embolsados el 3 de mayo de 2012, en un canal de aguas negras del puerto de Veracruz.

Diría después la Procuraduría de Veracruz que un narcomenudista capturado reveló que Huge, Luna y Esteban habían pedido a miembros del crimen organizado que ultimaran a Milo, Misael y Yolanda, como si los malosos estuvieran al servicio de ellos.

Eso dijo la Procuraduría mafiosa del duartismo y trasladó el caso a la Procuraduría General de la República por tratarse de asunto de drogas. Pero para la PGR aquello resultó fantasía y nunca le dio cause legal. Seis casos a los que no les llegó la justicia.

Víctor Manuel Báez Chino, director del portal Reporteros Policíacos y reportero de policía en Milenio Xalapa, fue secuestrado. Su cadáver, también cercenado, apareció embolsado el 14 de junio de 2012, a unas cuadras del palacio de gobierno.

Meses después diría el gobierno duartista que dos Zetas le quitaron la vida. Pero esos dos Zetas murieron en un enfrentamiento con el Ejército. Convenientemente ya no existían, ya no podían hablar, ya no podían refutar la verdad oficial.

Levantaron a Gregorio Jiménez de la Cruz en villa Allende, municipio de Coatzacoalcos. Se lo llevaron y no volvió. Seis días después, el 11 de febrero de 2014, el cuerpo del reportero de Notisur y Liberal del Sur fue hallado en una fosa clandestina de Las Choapas, torturado y mutilado. Según el gobierno de Javier Duarte, tuvo broncas con su vecina y ella contrató a cinco sicarios por la módica cantidad de 20 mil pesos para ultimarlo. Como si fuera venta de garaje.

Moisés Sánchez Cerezo, director del semanario y portal La Unión de Medellín, fue levantado el 2 de enero de 2015. Se sabía que lo habían ultimado pero el gobierno de Javier Duarte se negaba a admitirlo. Lo quería en calidad de desaparecido, y si no aparecía, mejor. Fue la presión de la prensa, de Artículo 19, de la ONU, del cuerpo diplomático acreditado en México, lo que obligó a que entregaran el cadáver.

Le atribuyeron la autoría intelectual al entonces alcalde de Medellín de Bravo, el panista Omar Cruz Reyes, a quien desaforó el Congreso de Veracruz pero hasta la fecha está prófugo.

Armando Saldaña ejercía el periodismo en Tierra Blanca. Y lo hacía con sentido crítico. vivía en Tezonapa y un día fue a Cosolapa, Oaxaca, y no regresó. Lo hallaron el 4 de mayo de 2015 con huellas de tortura y cuatro balazos. Pero como murió en territorio oaxaqueño, el régimen duartista ni siquiera investigó.

Juan Mendoza Delgado, ex reportero de El Dictamen, director del portal Escribiendo la Verdad, desapareció el 1 de junio pasado. Un día después lo hallaron muerto en la carretera, con una venda y una herida en la cabeza. Nadie lo reconoció, ni los policías a quienes a diario frecuentaba, ni otros periodistas de la fuente policíaca con los que convivía.

Rubén Espinosa Villarreal, fotoperiodista de Proceso, Claroscuro y AVC, cubría protestas y Denunciaba a través de la lente la represión del gobierno de Veracruz. Fue golpeado, asediado, espiado y tuvo que huir al DF. Allá lo ubicaron y luego fue asesinado, el 31 de julio de 2015, en la colonia Narvarte.

Es el Veracruz de Javier Duarte, donde la violencia contra la prensa crítica no tiene freno, alentada por su actitud hostil, que lo ha llevado a tildarlos de ”manzanas podridas”, de ser expresión de la delincuencia, de servir a las mafias.

Simulador, suscribe ahora el convenio con el que se establece el Mecanismo Federal de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y de Periodistas, pero que debió ser Sistema de alerta Temprana del Estado de Veracruz.

No lo gestionó el gobierno de Veracruz sino un grupo de periodistas, entre ellos miembros del colectivo Voz Alterna, quienes el día en que fue suscrito entre Javier Duarte y el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación federal, Roberto Campa Cifrián, se manifestaron con cartulinas en las que estamparon leyendas de protesta, mientras exhibían las fotografías de los periodistas asesinados.

Esa mañana se dio, además, un altercado con el director de Acción Social, Luis Sardiñas Salgado, y elementos de la Ayudantía del gobernador, quienes reprimieron al fotorreportero del portal Imagen del Golfo, Roger López, integrante además del colectivo Voz Alterna.

Gracias a la presión de sus compañeros, Roger López logró ingresar a la Sala de Banderas del palacio de gobierno y ahí exhibió una de las cartulinas de protesta. nuevamente fue hostigado hasta que Javier Duarte ordenó que lo dejaran expresarse.

Norma Trujillo, integrante de Voz Alterna y reportera de La Jornada Veracruz, señaló que la alerta institucional de protección a periodistas fue solicitada al gobierno federal el 10 de septiembre.

“De ahí salió un plan de acciones y luego deriva el convenio. Lo que no quieren decir ahorita es que se trata de una alerta porque es un jalón de orejas al Gobierno del Estado por no estar atendiendo la problemática que existe en contra de los reporteros”, dijo.

En las pancartas se leía “Es Alerta”, a manera de reclamo porque gobierno de Veracruz y gobierno federal modificaron la esencia del mecanismo. Quedó fuera la transparencia de los recursos que el gobierno duartista paga a los medios de comunicación y la revisión de la ley con la que fue creada la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas. Vaya pues, una protesta en el feudo del gobernador.

Presume Javier Duarte logros intangibles, auténtica paja para maquillar su política de agresión a la prensa crítica.

Sostiene que Veracruz es pionero en acciones para atender agresiones a periodistas y que su policía cuenta con protocolos para respetar el trabajo de los comunicadores. Ajá.

Nada más falso. La policía duartista agrede y acosa a la prensa que registra y difunde la protesta y el reclamo social, que acredita el repudio al gobierno que provocó la peor crisis financiera de su historia, que protagoniza el saqueo, que roba elecciones, que ha dejado pasar al crimen organizado y provocado el peor baño de sangre en la historia de Veracruz.

Karlo Reyes, fotógrafo de AVC, es un ejemplo de la política de agresión del gobierno duartista. Fue golpeado y despojado de su equipo fotográfico por policías vestidos de civil cuando registraba el acarreo de asistentes a la ceremonia del Grito de independencia.

“Ninguna entidad federativa tiene los mecanismos y el marco normativo garantista como nuestro estado; por ello, todas estas acciones demuestran la voluntad política para atender con la mayor prontitud y sensibilidad la protección de la libertad de expresión”, dice Duarte.

Es su farsa. Es la simulación.

(Con información de mussiocardenas.com)

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