Javier Duarte, un eslabón más

•Los Pinos elegirán candidato
•Ni derecho de voto ni de veto

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Está claro que cuando hay un presidente priista en Los Pinos, el gran tlatoani del sistema político, el ejercicio del poder faraónico e imperial, sólo el Jefe Máximo del Priismo palomea a los candidatos a gobernador, entre otros.

Tal cual, ninguna duda hay de que Enrique Peña Nieto decidirá el nombre del candidato a gobernador de Veracruz en las próximas semanas, que algunos consideran se daría en el mes de noviembre.

Cierto, cierto, cierto, Fidel Herrera Beltrán nombró a Javier Duarte como su candidato; además lo ayudó a ganar la elección en las urnas.

Pero entonces el presidente de la república era el panista Felipe Calderón Hinojosa como antes lo fue en el año 2004 Vicente Fox Quesada.

Y, por tanto, el góber en turno pronuncia las últimas palabras.

Desde luego, el presidente escucha al góber en turno de igual manera como al CEN del PRI, al gabinete político encabezado por el secretario de Gobernación y a su búnker de asesores.

Pero la decisión final pertenece al presidente de la república.

Si el lector mira hacia el pasado inmediato, Patricio Chirinos Calero tenía como candidato a Miguel Ángel Yunes Linares y siempre se opuso a que Miguel Alemán Velasco lo fuera y, no obstante fue el sucesor.

Dante Delgado Rannauro, en alianza con Fernando Gutiérrez Barrios, entonces secretario de Gobernación, tenían de candidato a Miguel Alemán y se les atravesó Carlos Salinas con Patricio Chirinos.

Fernando Gutiérrez Barrios tuvo la fortuna de coincidir con Carlos Salinas y por eso dejó a Dante Delgado como sucesor de cuatro años.

Agustín Acosta Lagunes se quedó mirando en la loma como Gutiérrez Barrios era impuesto candidato por Miguel de la Madrid.

Rafael Hernández Ochoa tenía de candidato a Carlos Brito Gómez, poderoso, poderosísimo subsecretario de Gobernación, y de pronto, cuando llegó a Los Pinos para hablar de la sucesión, José López Portillo impuso a Acosta Lagunes.

Rafael Murillo Vidal tuvo de candidato único a Manuel Carbonell de la Hoz y no obstante hasta el respaldo presidencial de Luis Echeverría Álvarez, Jesús Reyes Heroles se lo tumbó.

Entonces, Echeverría se inclinó por Hernández Ochoa; pero ya sin que Murillo Vidal tocara baranda en las últimas palabras.

Fernando López Arias coincidió con el presidente Gustavo Díaz con que Murillo Vidal fuera candidato y por eso mismo cuando tomó posesión en el estadio Heriberto Jara, de Xalapa, el gabinete completo estuvo a su lado así como también los ex gobernadores de Veracruz y ex presidentes de la república, Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines.

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Sabedlo, entonces, príncipes y vasallos, enanos del tapanco, que decía Salvador Díaz Mirón, el señor Javier Duarte podrá, digamos, expresar su punto de vista ante Peña Nieto sobre la sucesión.

Pero, al mismo tiempo, será una más de entre tantas otras.

Más aún: Duarte dará sus observaciones; pero ni derecho de voto ni menos, mucho menos derecho de veto, alrededor de lo que se ha creado un montón de versiones y chismes baratos.

Si en el transcurso de este año, Peña Nieto nombró a los nueve candidatos priistas a gobernadores, la historia se repetirá para la elección del año entrante, en la que además, y en el caso Veracruz, serán elegidos los candidatos a diputados locales.

Y, bueno, por tratarse de los señores de la patria para la LXIV Legislatura, Duarte inclinará la balanza por algunos aspirantes, pero de acuerdo con el sistema político los senadores priistas, Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, punteros en la encuesta para la sucesión, tendrán chance de algunos candidatos.

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En su novela “Si el águila hablara”, Miguel Alemán Velasco describe la fuerza política, social y económica que un gobernante va teniendo en los seis años del mandato y que, bueno, conforme transcurre el tiempo anual más se incrementa hasta llegar al V en “la plenitud del pinche poder”.

Pero hacia finales del V año cuando ya hay candidato y en el sexto año, tiempo de la campaña y la elección, el Jefe Máximo suele perder fuerza, y hacia el segundo semestre del último año ya nadie se le acerca, nadie lo pela, nadie lo toma en cuenta.

Y, por eso mismo, y a partir del declive del poder, el señor Duarte ni baranda tocará en la sucesión, se insiste, más que para expresar su punto de vista, uno más.

Todavía peor: de acuerdo con el sistema político, la elección del candidato a gobernador corresponde al presidente de la república y de los presidentes municipales al mandatario en turno y de los candidatos a síndicos y regidores en unos casos al nominado para la alcaldía.

Es decir, se trata de una pirámide del poder que ha dado vida y fortalecido a los políticos generacionales y a sus partidos políticos.

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Por tanto, señoras y señores, Duarte significa un eslabón más de la gran cadena sucesoria.

Pero además, y dado el estado de cosas en Veracruz que el mundo conoce, entre más fuerte en materia política, social y económica esté el gobernador en turno, más podría, digamos, ser escuchado en Los Pinos.

Y, en el caso, mucho decepciona el estilo personal de gobernar y ejercer el poder del duartismo que ha descarrilado por completo el bienestar social de los casi 8 millones de habitantes de Veracruz.

Sin fuerza política en Veracruz, tampoco la tiene en Los Pinos.

Por: Luis Velázquez

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