Jorge Carvallo, el iluminado

•El candidato del PRI a diputado
federal por Los Tuxtlas es un político vomitivo
•Se trepa en los hombros de unos vecinos, levita y glorifica y, de paso, humilla la dignidad humana

•Bien lo dijo su padre: es el hijo más ruin que he tenido…

Jorge Carvallo Delfín da asco. Es un político vomitivo. Bien lo dijo su padre: es el hijo más ruin que he tenido. Tal cual se ha mostrado en la campaña de candidato a diputado federal.

En Catemaco, cerró la jornada. En una calle del pueblo, dos tipos fornidos, lo cargan en hombros, como si fueran burritos.

Carvallo, con las manos en alto, anudada la izquierda con la mano derecha del alcalde Jorge González Azamar, y su mano derecha anudada con la mano izquierda de Vicente Benítez, a quien también otro par de burritos humanos sostienen en sus hombros.

Carvallo, sonriendo. La mirada clavada en el horizonte, en el cielo, observando un punto impreciso en las alturas, levitando.

La camisa blanca de manga larga para evitar que el sol ennegrezca su piel como en sus buenos tiempos Fidel Herrera decía que era negro debido a tanta exposición solar por culpa de la política.

El pantalón café, con la misma tonalidad que también usa el góber fogoso y gozoso y que en su momento era de hecho el uniforme oficial de Rafael Hernández Ochoa.

Alrededor, trepados Carvallo, Vicente Benítez y Azamar en los hombros de sus burritos, el pueblo de Catemaco, acarreados muchos, desbordados por el candidato. Fiesta en el pueblo para sacudir la modorra y la monotonía de los días.

Da asco que la ruindad humana llegue a tales dimensiones cuando, caray, hasta el Papa Francisco evita le besen el anillo en el dedo como significaba la salutación al jerarca de la iglesia en el siglo pasado.

Claro, Carvallo dejó atrás al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, cuando en un pueblo los indígenas lo cargaron en hombros metido en un solio como el tlatoani.

Pero, bueno, con todo, cuando en el siglo XXI con la llamada modernidad uno creía que tales prácticas de sometimiento humano estaban superadas, pero también de idolatría, Carvallo las resucita.

Tal cual fue, por ejemplo, en el Congreso local cuando era el pastor legislativo y saludaba a todos levantando las manos al cielo que lo llevaran, incluso, a operarse la nariz griega y aplicarse una liposucción para quitarse 25 kilos de más que arrastraba en la panza.

Y cuando en abierta competencia con Érick Lagos llegaba al restaurante acompañado de un montón de barbies que disputaban su cercanía, generoso que era con el billete del erario.

JORGE CARVALLO HA MOSTRADO EL DIENTE UNA VEZ MÁS

Fue claro el cambio psicológico y psiquiátrico que sufrió.

Llegó, por ejemplo, a Xalapa, en un Volkswagen rojo, viejo y jodido. Ahora, la fama pública lo registra de la siguiente manera:

Mansión en el Club de Golf de Xalapa en el lote número 14 de la calle Robles, más los lotes 15, 16 y 17.

Residencia en la calle principal de San Andrés Tuxtla, evaluada en diez millones de pesos.

Las acciones en el equipo de béisbol “Brujos de San Andrés”.

Una flota de tráileres que dan servicio de la zona portuaria de Veracruz a la ciudad de México, entre otras rutas.

Un avión estacionado en el aeropuerto El lencero, moviéndose a otras estaciones.

Un rancho ganadero en la sierra de Papantla según asegura el presidente del PRI jarocho, Raúl Díaz Diez.

Más lo que se desconoce, todo, erigido en su paso como secretario particular de Fidel Herrera, diputado local, presidente del CDE del PRI y secretario de Desarrollo Social.

Gracias a Dios, a quien han de darse.

Y, bueno, cuando unos 6 de los 8 millones de habitantes de Veracruz viven en la miseria, la pobreza y la jodidez, y Carvallo es un nuevo millonario sexenal, treparse en los hombros de un par de vecinos de Catemaco es nada frente a la megalomanía de su hermano, el exalcalde del estado de México que se construyó una estatua en un parque antes de renunciar al cargo edilicio y volverse candidato a diputado federal por el distrito de Cuautitlán Izcalli, donde de ganar ambos se reunirán en el Congreso de la Unión.

Da asco que un par de políticos (Carvallo, Vicente Benítez y el presidente municipal de Catemaco) agarren de burritos a un cuarteto de seres humanos, y más, mucho más, si les pagaron, y más si son empleados municipales y forma parte de su chamba.

También, claro, produce vómito que los políticos priistas hayan ofrecido empleos a la población de Veracruz, sin que ninguno se ocupara, ah las buenas conciencias, del Veracruz sórdido y revolcado que se vive y padece por los carteles y cartelitos disputando la jugosa plaza jarocha.

Trepado en los hombros de un par de vecinos, Carvallo muestra el diente…

Por: Luis Velázquez

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