La defecó el General

Por Alberto Woolrich Ortiz

La historia de nuestro muy glorioso ejercito mexicano se concibe como algo más que aquellos relatos escritos del acontecer en la Revolución. La gloria del uniforme verde olivo es algo más que aquellas leyendas preñadas de sangre derramada en el pasado.

Nuestra insigne milicia cuenta con una gran trayectoria, la cuál proviene de recios orígenes, mismos que se conformaron y se mezclaron en grandes contiendas en busca de la libertad y la dignidad del pueblo mexicano, esos enfrentamientos culminaron con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, beneficio de la Revolución.

Nuestro Heroico Ejercito Nacional desde siempre ha sido el brazo armado de nuestra Nación y el Garante de su Soberanía. El otro brazo de nuestra República son sus leyes, esas normas son las que le conceden dignidad, honra y decoro a nuestro sagrado suelo. Ambos brazos ontológicamente son nuestra garantía de paz, caudal de libertad y condición sine qua non de la Justicia. Con todo ese cúmulo de conceptos se asegura y garantiza el honor, dignidad y decoro de México.  

La historia patria nos dice que nuestros Centuriones de Guerra cuentan con grandes capítulos de esfuerzos y sacrificios, así como de hazañas, gestas y proezas. Esos uniformes verde olivo en múltiples ocasiones se tiñeron de sangre. Así surgieron los héroes en aquellas grandes batallas, siempre por y para defender el Honor de México. Hostilidades verificadas en Puebla, Churubusco, Castillo de Chapultepec, Molino del Rey y muy largos etc., etc., gracias a esas luchas armadas sus uniformes adquirieron una gran fuerza moral, cuando esos uniformes militares se mancharon con la sangre de nuestros guerreros México se ciñó laureles de gloria.

Hoy, esos uniformes castrenses se han manchado. No con la sangre derramada en batallas. Se han enfangado, mancillado y salpicado por ciertas palabras de ignominia proferidas por el General Secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval González, al hacer un llamado a los mexicanos, para adherirnos al movimiento político, impulsado por Andrés Manuel López Obrador.

En apretada síntesis les voy  a referir que  ese desliz aconteció en el marco de la celebración del ciento once aniversario de nuestra Revolución Mexicana. El súbdito de la figura presidencial, la defecó al decir que “es necesario estar unidos en el proyecto de Nación que está en marcha, porque lejos de las diferencias de pensamiento que pudieran existir, nos une la historia, el amor por la tierra que nos vio nacer y la convicción de que sólo trabajando en un mismo objetivo podremos hacer una realidad que cada día será más prometedora”.

Ahora explico el porqué de su excretación:

El Ejercito Mexicano por tradición y por normas ha sido enemigo de las lisonjas y ello siempre ha sido el ejemplo glorioso de la institución castrense, también es el legado de la guerra de intervención del 47, el cuál fue ratificado al escoltar leal y valientemente al Presidente Madero a la Capital. Con esa ratificación y con los principios nobles y sentimiento de honor propios de esos cadetes se grabó simbólica e ideológicamente un gesto de honor, un capítulo más de lealtad y hombría, hoy tradición de vuestras fuerzas armadas.

Continuemos con el porqué:

Nuestros soldados de honor siempre han sido enemigos de las palabras rimbombantes, dado que la experiencia les ha enseñado que esos decires sólo acusan pedantería e inutilidad, subordinación a las ilusiones y resquebrajamiento a la férrea voluntad con la que se debe portar el uniforme castrense, aún sea éste el de gala.

Esas palabras expresadas por el Secretario de la Defensa Nacional hoy ocupan nuestra atención, dado que al darles tinte político el uniforme pierde calidad moral. Nuestros soldados no deben de ser autómatas, sino centuriones conscientes de sus deberes y derechos hacia la Patria y el Ejercito, ello es la herencia obligada de la Revolución.

La Academia de Derecho Penal del Colegio  de Abogados de México, A.C., exhorta a Luis Crescencio Sandoval González, para que en conjunto trabajemos para el reajuste moral y severo de los valores de México, ya tan lesionados por el fenómeno de la narcopolítica. México requiere soldados caballerosos, apolíticos, es decir, carentes de una ideología política definida, no denotando ni muestras, ni intereses por los asuntos relacionados con la política, hombres que por su moralidad y amor al uniforme sean garantía para México. Individuos que respeten la Ley de Disciplina del Ejercito y Fuerza Aérea Mexicanos, la cuál reza en lo conducente en su numeral 17:  “Queda estrictamente prohibido al militar en servicio activo, inmiscuirse en asuntos políticos, directa o indirectamente….”  Artículo reformado DOF 11-12-1995.

Es cuanto.

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Lic. Alberto Woolrich Ortiz

Presidente de la Academia de Derecho

 Penal del Colegio de Abogados de México, A.C.

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