La fiesta nacional de México y sus amigos del mundo

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Por: Laura Cevallos

El Grito de Independencia siempre ha sido la fiesta nacional por excelencia, a pesar de que en Estados Unidos nos celebren el 5 de mayo y en España sigan creyendo que México aún es un apéndice de la corona, para nosotros, los mexicanos, el inicio de esta emancipación es el origen de la mexicanidad y el patriotismo.

Inútil abonar, desde mis humildes letras, lo que nuestra historia ha ido escribiendo con sangre y luchas de miles que, antes, mucho antes que yo, conceptuaron la Patria como el fin último de sus esfuerzos y en aras de su libertad, ofrendaron su vida a ella. Sin embargo, en los festejos del 211° aniversario del inicio de la gesta heroica, la noche del 15 de septiembre, vimos un zócalo vacío, que no corresponde a los enormes esfuerzos de nuestro Presidente, y no porque la gente no haya querido asistir y celebrar junto a miles de mexicanos, este sentimiento que nos hermana incluso, más allá de lo político-electoral.

Sí quiero señalar que la historia de México, la que nos contaron en los libros de texto por décadas, no fue como nos la recortaron y que con el contundente discurso del mandatario cubano Díaz Canel nos enteramos de que este patriotismo no nos pertenece en exclusiva, ya que muchos hermanos cubanos fueron artífices de la guerra de liberación, así como que otros tantos mexicanos apuntalaron el triunfo en su propia lucha libertaria. Y junto con el discurso del Presidente de Cuba, el importante pronunciamiento de nuestro General Secretario de la Defensa Nacional que hoy, más que nunca, nos permite abrazar a las fuerzas armadas que, siendo pueblo uniformado, hace la diferencia entre las tareas de construcción pacífica de la nueva nación y el brazo armado que, en otros regímenes, completaba las tareas de exterminio que ordenaban o solapaban presidentes en papel de encubridores de la deficiente labor de secretarios de la política interna o procuradores, demostrando el nulo interés en la protección de las personas ante peligros como la delincuencia y otros, para los que los ocupaban sólo como fuerza de trabajo.

El despliegue de 15,180 elementos de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional, enarbolando 34 banderas de guerra nacionales y, como nunca antes, 13 banderas de otros ejércitos, marchando asimismo 437 militares, representando fuerzas armadas amigas. Se presentaron 599 vehículos, 6 unides de maquinaria pesada; 60 charros, 276 caballos y 205 perros de trabajo. De las 99 naves aéreas, 71 fueron aviones y 28 helicópteros con los que demostraron una impactante disciplina y coordinación disciplinaria. Toda esta numeralia solo es una muestra del gran crecimiento de los cuerpos castrenses, pero sobre todo, y en lo que nos debemos enfocar, es la disciplina que hoy abrazan en todas sus labores, así como que la diferencia entre los militares de antes y el pueblo uniformado de hoy, estriba principalísimamente en el Comandante Supremo, que ante todo, ha refrendado el humanismo como base de todo su mandato, mismo que se extiende a los demás países que conforman ésta, nuestra Patria Grande, que empieza a tener un nuevo protagonismo, del que México es vanguardia y lugar de negociación de nuevos ámbitos políticos internacionales.

El respaldo que significa la presencia de estos invitados en el desfile tiene, obviamente, dos caras: al interior, para nuestros opositores trasnochados que no han tenido interés en participar de la pacificación del país en los estados que “gobierna” y a los carteles beligerantes que hacen demostraciones fatuas del armamento que tienen para combatir su “derecho de delinquir” tal y como se los concedió el señor de la guerra, el infausto Felipe Calderón y que retuvieron gracias a los pésimos de Peña Nieto como su sucesor. Por otro lado, al exterior, en una clara demostración de que traemos barrio que nos respalde; que hay países amigos de los que podemos echar mano en caso de necesitar un apoyo a la hora de defender el territorio de quienes busquen atacarlo, tal y como reza nuestro Himno Nacional.

En este grito y desfile, al que por dos años consecutivos no pudimos asistir, no hizo falta la presencia física de los mexicanos, porque nuestro patriotismo estuvo ahí, siendo el refrendo de una legitimidad única e indiscutible; sin embargo, ya nos hace falta mostrar músculo en las calles, celebrar nuestras victorias en el Zócalo, en las Plazas públicas de nuestras ciudades, porque México se conoce por sus fiestas, sus verbenas y la algarabía que nos embarga en cada celebración. Queremos ser la respuesta que haga vibrar a la Bandera Monumental con cada ¡viva! Que lance nuestro Presidente, en reconocimiento a las grandes luchas que nuestro pueblo ha dado y sigue dando, a 500 años de resistencia y 200 de un grito que, disfrazado de tertulias literarias, cortó, de nuestra parte, el cordón umbilical que muchos siguen lamentando.

¡Viva México y vivan los héroes que nos dieron y siguen construyendo nuestra Patria!

¡Viva el Presidente Andrés Manuel López Obrador!

¡Viva la Cuarta Transformación!

00
Compartir