La hora de la verdad

El próximo domingo será el tiempo de votar por un diputado federal. El aviso sórdido ya está, sin embargo: de cada diez electores, sólo cuatro acudirán a las urnas. El desencanto. La decepción.

¿Por quién votar?

¿Votar, por ejemplo, por “la etérea, plástica y superficial” Ana Guadalupe Ingram en el distrito de Veracruz, cuyo único objetivo es amarrar la candidatura a la presidencia municipal jarocha y dejar inconclusa la curul federal igual que la local?

¿Votar, por ejemplo, por la soberbia y arrogante y excluyente y megalómana Carolina Gudiño, distrito de Boca del Río, quien tiró la curul local y federal, atrás del cargo siguiente, y ahora sólo tiene como mesianismo el afán de brincar del Congreso de la Unión a la candidatura priista a gobernadora, como le ha susurrado al oído su coordinador de campaña, Fidel Herrera?

¿Votar por el frívolo y petulante Érick Lagos, distrito de Acayucan, con fama pública de enriquecimiento inexplicable, creído, burlón y altanero, premiado con la candidatura sólo porque fue el cobrador del diezmo del góber fogoso y gozoso y porque también fue, ¿es?, según la fama pública un exitoso tablajero, además de un político humillante con los demás, además de la gran traición a su amigo José Christian Morales Carreto?

¿Votar por Jorge Carvallo Delfín, distrito de Los Tuxtlas, a quien su propio padre le llama el hijo más ruin que he tenido, un pecado mortal consignado en la Biblia como el hijo pródigo, que nada aprendió el chamaco fidelista, además de su fama pública de una riqueza insólita del fidelato al duartismo?

¿Votar por Adolfo Mota, distrito de Xalapa rural, ansioso de que lo reconozcan como el priista más inteligente y culto, pero que representa lo peor del viejo PRI, soberbio, creído, convencido de que fue parido por los dioses, capaz de meter en la nómina oficial a su esposa, su hermana, su cuñada, sus primos y las esposas de sus primos, además de incluir en la nómina a diez metrosexuales para felicidad de Nemesio Domínguez, el subsecretario de Educación, pero además, en la lista negra de la denuncia penal de la Auditoría Superior de la Federación ante la Procuraduría General de la República y la Secretaría de la Función Pública?

VOTAR POR EL MENOS MALO DE TODOS LOS MALOS

¿Votar por Elizabeth Morales, distrito de Xalapa urbano, quien en nombre del amor que no se atreve a pronunciar su nombre (¡oh, Carlitos Pellicer!) tomó fotos donde aparecía con su Shari trepadas en un yate y luego exhibirlas en las redes sociales, además de su fama pública de enriquecimiento al cobijo del poder?

¿Votar por Alberto Silva Ramos, distrito de Tuxpan, el más frívolo de todos los frívolos, narcisista, enamorado de sí mismo, el otro Truman Capote del siglo XXI en Veracruz, quien cuando fuera alcalde mudó en el más gastalón de todos los ediles en materia publicitaria para tirarse incienso a sí mismo, además de heredar la más alta deuda pública, además de su sed de venganza y resentimiento que lo llevó a encarcelar a cuatro trabajadores de la información, además de sus malas amistades con El señor de los narco/caballos y su gente?

¿Votar por Miguel Ángel Sedas Castro, distrito de Huatusco, cuya primera acción como alcalde del pueblo, nominado por el PAN, fue traicionar al PAN y a su padrino, el diputado federal Víctor Serralde Martínez, para entregarse al embrujo de Fidel Herrera, creyendo que así también ordeñaría la vaca a plenitud?

¿Votar por Fidel Kuri Grajales, distrito de Orizaba, el socio del siniestro líder ferrocarrilero, perpetuado en el trono sindical desde hace unos 20 años, Víctor Flores Morales, quienes desde un Congreso federal anterior se aliaron para su red de casinos en el país, más la concesión de los Tiburones Rojos, más su insólita riqueza que nadie cuestiona porque habría nacido en pañales de seda?

¿Votar por Marco Antonio Aguilar Yunes, distrito de Córdoba, cuya fama pública, entre otras cositas, es su vocación faunística cuando era secretario de Trabajo y Previsión Social y subprocurador de Justicia, además de que sólo llegó a la candidatura a diputado federal porque es compadre del jefe máximo; pero sin que en su vida pública haya generado un bienestar social para una comunidad, un pueblo, una región?

¿Votar por Leandro Rafael García Bringas, distrito de Coatzacoalcos, que primero fuera priista, luego panista, después otra vez priista, y ahora, el sábado anterior, tuvo como promotor del voto, a sus pies, a Antonio “Tony” Macías, en el WTC de Coatza, y que además anda pidiendo regaladas despensas y hasta sillas de ruedas, argumentando que el PRI lo dejó solo?

¿Votar por Lillián Zepahua, distrito de Zongolica, sólo porque fue impuesta por su padre, el cacique de la montaña negra, Mario Zepahua Valencia, dueño de vidas ajenas, señor de horca y cuchillo, propietario de más de 120 Adelitas para el transporte de pasajeros y que ha usufructuado todos los cargos públicos con su familia?

¿Votar por todos ellos, la mayoría que han transgredido ene número de veces el tope de campaña electoral fijado por el INE, Instituto Nacional Electoral, sin que nadie los llame a cuentas, no obstante el visible y manifiesto dinero tirado por arriba y debajo de las cañerías, el número de operadores políticos, el número de armadores de pactos a su servicio?

Y, bueno, si así están los priistas, mucho peor están los candidatos de los otros partidos. La mayoría… unos desconocidos, sin hoja de servicio público, sin una biografía social, sin una trayectoria congruente por un Veracruz justo y digno.

Votar, pues, por el menos malo de todos los malos, pero sin que signifique la posibilidad de un cambio social y económico para el grueso de la población.

Por: Luis Velázquez

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