La ilusión de los cambios

Por Antonio Luna Campos

Cada vez que hay elecciones estoy convencido que dónde ello ocurre, los electores tienen la esperanza con o sin fundamento de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue o que pueda lograrse una transformación en las políticas o en la forma de administrar o de mejorar lo que se ha hecho.

En nuestro país el pasado 7 de junio se celebraron las elecciones más grandes de nuestra historia, en donde se eligieron 15 gobernadores, 500 diputados federales y un sinnúmero de diputados locales, alcaldes y otros puestos.

Al inicio de las campañas, los candidatos hacen alarde de estrategias para lograr convencer al electorado de que son los adecuados para ocupar el puesto que buscan y las campañas publicitarias están llenas de propuestas lógicas e ilógicas, pero eso es lo de menos, ya lo dice el refrán popular “prometer no empobrece, dar es lo que aniquila” y sobre lo que sea, no cesaron en prometer, prometer y prometer en ésta como en las anteriores campañas.

El ingrediente adicional en la campaña que concluyó hace escasos días, mostró que muchos protagonistas están dispuestos incluso al ridículo para llamar la atención, con ello el nivel de lo que debiera ser serio y formal se degrado al grado de la risa o de la pena ajena.

Ante los aspirantes propuestos por diez partidos con registro federal, más los partidos locales dio como resultado por lógica que miles de mujeres, hombres e integrantes de la Comunidad LGTB buscaran con denuedo, por merecimientos propios, acceder a ellos, así que entre los suspirantes encontramos políticos de carrera, deportistas, artistas, luchadores sociales, juniors que al amparo de un apellido consideran ser merecedores de un puesto.

Pero surgen varias dudas ¿Por qué México está tan mal habiendo tantos interesados en servirnos? ¿Qué tiene de atractivo un puesto de elección popular? Cuando, dicho sea de paso, los salarios no son para presumir, por lo que entonces debemos asumir que quienes buscaron un puesto de elección popular ponen el interés económico en segundo lugar y el interés principal es servir al pueblo de México que es a quienes se van a deber.

¿Cuántas veces no hemos escuchado esa frase tan trillada?, pero la ilusión existe, no de todos desde luego, hay un sector muy importante de la población que ni siquiera se toman la molestia de sufragar ya que comentan, más de lo mismo, son políticos y lo único que buscan es llegar al poder para obtener beneficios para ellos, sus familias y sus allegados, quizás ellos tengan la razón, pero mantengamos la ilusión  de que las cosas mejoren a pesar de la pandemia y de los políticos ¿no lo desean ustedes?

Pero no nos angustiemos ya que si las cosas no salen como esperamos, dentro de tres años habrá otras elecciones y nuevamente renacerán las ilusiones de que todo será diferente y si no fuera así, esperaremos otras elecciones con el mismo fin, al cabo hay más vida que esperanza ¿no cree usted?

Pero la ilusión de millones se diluye con el tiempo, por lo que no es de extrañar que el nivel de aceptación de la clase política esté por los suelos, la congruencia con su ideología en un gran número de ellos está en duda, cambian de partido con una facilidad que bueno y lo hacen una, dos y tres veces, desde luego esos cambios obedecen a sus intereses personales. Por ello a muchos votantes se les acaba la ilusión y viene el repudio, lo que se refleja en las urnas al no presentarse a votar millones y si bien es cierto que ahora votaron cerca del 53 % del padrón electoral, el 47% envía el mensaje de hastío, falta de interés o que le vale mad……. Ya que no confían en los políticos, así que quien haya ganado cualquier puesto lo hace con un número muy bajo de votos en proporción al mencionado padrón, pero como el que calla otorga pues que se puede hacer.

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