La Licuadora

Por Baltazar López Martínez

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Pasaron veinticuatro años para que José Manuel Pozos Castro pudiera cumplir su deseo de ser presidente municipal de Tuxpan. Eran los tiempos en que ser candidato del PRI era garantía de triunfo. O casi, porque aquella elección fue en 1997, a mediados del sexenio de Ernesto Zedillo, cuando el PRI se estaba resquebrajando bajo el peso de la corrupción de los funcionarios y el hartazgo de la gente que habría de darle el triunfo en las urnas a ese clown que tuvimos por presidente, a saber Vicente Fox Quesada, protagonista de la primera gran derrota del Revolucionario Institucional en el ámbito nacional.

Pero poco antes hubo elección de presidente municipal de Tuxpan, y el candidato que se perfilaba como favorito del priismo local era Alfredo Huerta León. Sin embargo, la cúpula del PRI, apelando a la famosa “disciplina”, que significa “te sientas donde te diga y te comes lo que te dé”, nombró candidato a José Manuel, quien había sido diputado federal de 1991 a 1994, y de ahí se pasó a ser diputado local, en los años de 1995 a 1998, impulsado en los inicios de su carrera política por el entonces gobernador interino de Veracruz, Dante Delgado Rannauro, quien sustituyó a Fernando Gutiérrez Barrios de 1988 a 1992, que a su vez había solicitado licencia al Congreso local para integrarse como secretario de gobernación en el gabinete de Carlos Salinas de Gortari.

Pese a que Dante renunció al PRI en 1992 para fundar Convergencia por la Democracia, José Manuel Pozos continuó en el PRI, cuyo dirigente estatal era Miguel Ángel Yunes Linares, y como dijimos, fue candidato a la presidencia municipal de Tuxpan en los comicios de octubre de 1997. “Veracruz vivió, en general, un ambiente preelectoral conflictivo en el interior de los partidos.”, escribieron Sandra Yáñez Gómez y Javier Santiago Castillo en el estudio que publicó la UAM Iztapalapa, intitulado Veracruz 1997: Nuevo Escenario Electoral, “En el PRI se suscitaron pugnas entre aspirantes inconformes por el mecanismo de designación de candidatos.”

Y prosiguen: “Al parecer, el revolucionario Institucional fue el único partido que padeció conflictos severos en la selección de candidatos debido a que Miguel Ángel Yunes, presidente del Comité Directivo Estatal, impuso candidatos que no tenían apoyo al interior del partido y que sólo servían para el fin político de ser candidato a gobernador del estado en 1998. Los rechazos más significativos a las candidaturas yunistas se dieron sobre todo en municipios petroleros, donde la militancia priista rechazó continuar sojuzgada por los ‘caciques’ de siempre”.

“Así, priistas que no fueron postulados por el tricolor como candidatos”, continúa el documento, “se fueron concentrando en la sede del Partido de la Revolución Democrática para solicitar ser incluidos en las candidaturas de ese partido”.

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Así fue. En Tuxpan, Alfredo Huerta León, quien contaba con las preferencias del priismo local, tomó sus maletas y se fue del PRI a cobijarse con el Sol Azteca. La elección fue una catástrofe para el PRI. En el ámbito estatal la oposición se quedó con 107 de los 210 municipios de Veracruz, y en Tuxpan ganó por primera vez un partido de oposición, y además de izquierda. O al menos eso pensamos, porque esa administración tuvo de todo menos izquierda, y terminó con Alfredo Huerta en prisión, junto con el ex síndico Luis Julio Constantino del Ángel, y el extesorero José Antonio Ochoa Herrera, acusados de administración fraudulenta, falsificación de documentos, abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal y peculado por 7 millones 998 mil pesos. Pero esa es otra historia.

Fue una noche triste para José Manuel Pozos Castro, a quien le tocó ser el primer candidato priista en perder una elección local, terminando así una dinastía de dominio tricolor cuyo último alcalde, el interino Javier Benítez Ponce, discípulo de los más aventajados de Huerta León en el PRI, tuvo que tragar sapos y entregarle la administración municipal al PRD y a su antiguo y ahora odiado mentor.

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Pero la noche del 6 de junio de 2021, veinticuatro años después, fue muy diferente para Pozos Castro, diputado local por el PT y candidato de Morena a la presidencia municipal de Tuxpan. Como si el tiempo diera vueltas en redondo, José Manuel enfrentó circunstancias parecidas a las del pasado, con el golpeteo interno al cien y los reclamos de uno de los aspirantes, el que parecía estar en mejor posición frente a la militancia, Javier Sánchez Balderas, lo que ocasionó una ruptura en las filas de Morena y concluyó con una parte de los seguidores de Javier Sánchez en la coalición  PAN-PRI-PRD, y otros, incluido el propio Sánchez Balderas, apoyando la candidatura de Alberto Silva por el PVEM.

Sin embargo, la ola que hace tres años lo impulsó a diputado local luego de un fallido intentos de ser candidato a la alcaldía de Tuxpan por el PAN, fue suficiente para llevarlo corriente arriba, como al salmón, y contra todo pronóstico, sobre todo de quienes veían crecer la candidatura de Alberto Silva, Pozos Castro fue remontando hasta ver reflejados sus esfuerzos en las urnas, ya que desde los primeros reportes de los resultados expuestos en las casillas fue evidente que Morena estaba arriba en la preferencia de los votantes.

Ya más tarde, conforme los resultados fueron fluyendo por medio del PREP, pudimos confirmar que Morena se llevó los tres puestos que estaban en juego, la presidencia municipal y las diputaciones local y estatal, ya que los números marcaban la tendencia irreversible de un triunfo cada vez más apabullante. Así, para los resultados de Votos por Candidatura a la presidencia municipal, a las 12:15 del día 7 de junio, con 10 mil 368 actas contabilizadas (de un total de 10 mil 825), José Manuel Pozos Castro tiene 15 mil 152 votos, mientras que Alberto Silva, del PVEM, tiene 11 mil 771. En tercer sitio, muy lejos de los dos primeros, Pepe Mancha, con 9 mil 747 sufragios. Habrá que esperar los resultados oficiales, pero no se esperan grandes cambios, ni siquiera como resultado de las posibles impugnaciones, si es que los candidatos deciden presentarlas, ya que la cantidad de votos entre los punteros es de 3 mil 381 votos. No hay nada qué hacer.

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Como era de esperarse, la fuga de militantes afectó en gran manera al PAN. Pese a las tempranas advertencias de que se avecinaba una debacle en ese partido, la dirigencia no hizo gran cosa para evitarlo, confiados quizá en su enorme red estructural por todos los rincones del municipio. Tampoco el presidente municipal, Juan Antonio Aguilar Mancha, pudo operar para subsanar el daño que le estaban haciendo las deserciones, empezando por la salida de Leonides Barra, quien se incorporó de inmediato al proyecto de Alberto Silva en el Verde. Luego se fue Patricia Cánovas. Y las luces rojas en el PAN siguieron apagadas.

Otros tres activos importantes del PAN se fueron también, a saber, Juan Cano, que coqueteó un rato con el Verde y terminó como candidato a alcalde por Movimiento Ciudadano; Alejandro Alarcón, que abanderó a Fuerza por México, y Arturo Esquitín, candidato también por Redes Sociales Progresistas. Tal vez en el PAN pensaron que esas personas, como otras tantas que abandonan a ese partido al darse cuenta de que es patrimonio de un grupo reducido de militantes, no representaban nada y no tenían la menor posibilidad de destacar fuera del blanquiazul, pero lean ustedes los resultados: Juan Cano se llevó 3 mil 094 votos; Alejandro Alarcón obtuvo 2 mil 748, mientras que 830 personas votaron por Arturo Esquitín. Si sumamos los votos de los tres, dan 6 mil 672, que sumados a los 9 mil 747 votos de Pepe Mancha totalizan 16 mil 419, suficientes para ser competitivos y ganar. Pero los dejaron ir.

Habría que analizar aparte lo que ocurrió con la alianza PAN-PRI-PRD en Tuxpan, y cómo fue que el PRI se quedó al margen, ya que el PAN ocupó dos candidaturas y el PRD la tercera, mientras que al PRI no le dejaron más que la candidatura a síndica en la persona de Michelle Gustin. Habría que conocer los acuerdos de Marlon Ramírez Marín, quien vino varias veces, y como la Chimoltrufia como dijo una cosa dijo otra, y al final terminó vendiendo en canal al PRI local.

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Las campañas fueron de flojera absoluta y hubo dificultad para distinguir las propuestas de uno u otro candidato. O candidata, para el caso es lo mismo. La mejor estructurada y con un mensaje contundente fue la de Alberto Silva Ramos, quien dio la batalla en las redes sociales y en reuniones con la gente con ideas bien definidas y un discurso ordenado y consistente.

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Igual que hace cuatro años, está fue una contienda muy desigual, marcada por una alta participación ciudadana, casi del 60 por ciento de los inscritos en el padrón, y la excesiva cantidad de doce candidaturas, tres de mujeres y nueve de hombres, de las cuales sólo cinco, y creo que son muchos, tenían posibilidades de atraer a los votantes. ¿Qué le abona a la democracia esa cantidad exagerada de postulantes? Nada, como no sea tranquilizar a las buenas conciencias y reafirmar el dicho de que la democracia es una exageración, un abuso de la estadística, según dijera Borges.

Igual no me molesta que quienes deseen postularse lo hagan. Allá ellos, su tiempo y sus energías. El resultado es que el voto se atomiza, se pulveriza de tal manera que quien gana lo hace con cierta falta de legitimidad, no me refiero al incumplimiento legal, sino que su candidatura representa a una parte menor del padrón que de ninguna manera constituye la mayoría. En el caso de la elección del domingo gana José Manuel Pozos con 15 mil y algo de votos, y apenas son el 29 por ciento de los votantes, pero sólo es el 17 por ciento del total de la lista.

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El artículo 41 Constitucional indica: “Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo”, etcétera. Dime lector, lectora, ¿cuántos de los partidos satélites y chiquitera que conoces cumple con esta descripción constitucional? ¿Cuántos promueven la participación del pueblo en la vida democrática, sobre todo que hay algunos que ni siquiera sabíamos de su existencia?

Hay algo más de fondo, y se trata del dinero público que se les ministra a los partidos para que puedan cumplir con sus propósitos. El citado Artículo 41 indica los términos en los que los partidos recibirán ese dinero. Por ejemplo, el inciso a) del párrafo II dice: “El financiamiento público (…) se fijará anualmente, multiplicando el número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral por el sesenta y cinco por ciento del valor diario de la Unidad de Medida y Actualización. El treinta por ciento de la cantidad que resulte de acuerdo a lo señalado anteriormente, se distribuirá entre los partidos políticos en forma igualitaria y el setenta por ciento restante de acuerdo con el porcentaje de votos que hubieren obtenido en la elección de diputados inmediata anterior.”

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¿Notaste, lector? Se repartirá en forma igualitaria, es decir, no importa si es un partido chiquitera o un gigante. Ahí está el detalle y la clave de la necedad de los candidatos chiquitera: se trata de mantener el registro para que fluya el dinero, sustantivo que por cierto no aparece en la redacción del artículo 41, sino que de manera eufemística se le llama “financiamiento público”.

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Parece una idea tonta, pero ¿qué tal si se les asignara “financiamiento público” a los partidos en función nada más de los votos que obtengan? Tuviste mil votos, ten tu “financiamiento público” por mil votos.

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En fin, veinticuatro años después, la izquierda vuelve a ocupar la presidencia municipal de Tuxpan, con el hombre que quizá nunca se imaginó cómo daría vueltas su propia historia para reivindicar sus aspiraciones. José Manuel Pozos Castro llegó a Tuxpan a principios de 1985, como delegado de la construcción de la Termoeléctrica Adolfo López Mateos. Tuxpan fue un lugar generoso con él; esperemos que él sea igual de generoso con Tuxpan.

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