La mentira

Por: Ricardo Homs

El título de este artículo pareciera ser el de una famosa canción de Álvaro Carrillo, interpretada por Pepe Jara. Sin embargo, este tema es el origen de lo peor de la justicia en México.

Alumnos del CIDE, una de las principales instituciones académicas de nuestro país en lo relativo a humanidades, realizaron un trabajo de periodismo de investigación y desenredaron el caso de una supuesta banda de secuestradores denominada Los Kempes, supuestamente originaria de Tlaxcala.

El operativo de desarticulación de esta banda se desarrolló durante la gestión del gobernador Alfonso Sánchez Anaya, quien gobernó Tlaxcala de 1999 a 2005.

Hoy, a poco más de dieciocho años de que los supuestos integrantes de esta banda fueron encarcelados, se ha ido descubriendo que todo fue un montaje de la policía estatal de Tlaxcala. Este caso se integró en 2002 con base en mentiras sustentadas con base en tortura.

Los supuestos delincuentes fueron apresados en el Estado de México: José María, Jorge, Hugo, Ricardo y Oswaldo fueron detenidos sin órdenes de aprehensión y sin poder acreditarse que hubieran estado en Tlaxcala. Varios de ellos ya han sido liberados después de haber pasado varios años en prisión y exonerados de cargos. Sin embargo, algunos aún continúan pagando por delitos que no cometieron.

El caso de Israel Vallarta, el secuestrador que fuera pareja de Florence Cassez, la francesa que fue liberada bajo presión del gobierno de su país después de descubrirse que la policía que los detuvo había realizado un montaje televisivo para un importante noticiero de televisión y los había retenido escondidos en una camioneta durante un día entero mientras se recreaba nuevamente la captura que sería transmitida en vivo.

Ella fue liberada y entregada a su país, pero el resto siguió en prisión, entre ellos Israel Vallarta, a quien se le adjudicó la jefatura de la banda.

Ahora que Genaro García Luna, quien fuera el ejemplar policía que llegó al cargo de secretario de Seguridad Pública del Gobierno de México, está siendo procesado en Estados Unidos por delincuencia organizada, es que la liberación de Israel Vallarta vuelve a adquirir actualidad.

Incluso el caso narrado en aquel famoso documental cinematográfico titulado “Presunto culpable”, que describe la captura de un ciudadano que estuvo en el lugar inadecuado en el momento inoportuno en que un comandante buscaba a alguien a quien acreditarle la comisión de un delito para cerrar un caso.

Todo esto pone de relieve la ligereza con que algunos policías resuelven casos mediáticos, fabricando culpables.

En el eje de esta lamentable práctica está precisamente la falta de consecuencias en la integración de mentiras en un proceso judicial.

La mentira está latente en la vida del mexicano como parte de su idiosincrasia. El mexicano miente para justificar su impuntualidad, o lo hace para acomodar los hechos a lo que le conviene proyectar ante los demás, o simplemente por hábito.

En la política es una conducta cotidiana, como el montaje que armó el dirigente de MORENA, Mario Delgado, en la carretera de Matamoros a Reynosa, denunciando un supuesto altercado con una camioneta donde iba gente que portaba armas largas. Sin embargo, todo indica que no traían armas ni fueron encañonados.

Sin embargo, la mentira en el ámbito de la impartición de justicia, en lo cual se incluye la fabricación de pruebas, es un asunto delicado y trascendental para la vida de los presuntos culpables, ya que gente inocente puede ser encarcelada simplemente para apagar un escándalo mediático.

Mientras mentir en un proceso judicial no tenga consecuencias graves, como sería que quien imputa un delito fabricando pruebas no termine pagando la condena que se deriva de su proceder en contra de un inocente, seguiremos viendo la fabricación de culpables inocentes y la impunidad para los verdaderos culpables.

La mentira no debe ser tolerada en el ámbito judicial.

¿A usted qué le parece?

 

 

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