La palabra corrupta

BISAGRA

Por José Páramo Castro

El silencio de los expresidentes de la república que mostraba lo último que quedaba de disciplina, decencia y respeto en la política mexicana fue roto por los dos mediocres presidentes panistas. Ni Fox ni Calderón dejan de aparecer en los medios, con una libertad total de expresión, pero también con una enorme capacidad de mala intención y una innegable vocación por el ridículo.

Hablar públicamente garantiza la impunidad de quienes tienen algo que esconder, de tal manera que si son detenidos por delitos graves que cometieron durante su periodo de poder en la administración pública puedan decir dentro y fuera del país que los encarcelan por cuestionar al gobierno y autodenominarse presos políticos.

Mientras más espacios tienen en los medios mayor es la posibilidad de que sus delitos queden en la impunidad y ellos puedan seguir gozando de lo obtenido de manera ilícita. Cada difusión de sus declaraciones tiene la intención de ser censurada para argumentar represión y falta de libertad.

Los expresidentes de la república priistas tomaron más en serio su retiro, y aunque tuvieran cargos públicos guardaron la discreción requerida a la hora de aparecer en público. La novatez en la política que muestran los panistas desde hace años se advierte de manera grotesca en sus apariciones públicas, porque en lugar de ofrecer una alternativa nueva sobre comunicación, crean un bodrio llamado antimañaneras que nadie voltea a ver.

Como esta reacción ante la política son todas las prácticas partidistas de un PAN que tiene en sus militantes a sus peores enemigos por la falta de conocimientos políticos, su resentimiento y desinformación. Los legisladores panistas abandonaron su responsabilidad de representar a los mexicanos que votaron por ellos, a cambio del insulto y la descalificación, lo cual en nada contribuye al bienestar de una población ávida de ser atendida, pero se llenan la boca a la hora de hablar de los pobres y los desvalidos.

Es en esa verborrea que se difunde con generosidad en los medios de información tradicionales en la que suele caer más de un enemigo del gobierno. Está claro el ejemplo del miembro de la comunidad científica, Aldo Aldrete, quien, en busca de impunidad, prefiere el escándalo mediático, para negar que lo arresten por deshonesto y afirmar que lo encarcelan por hablar mal del presidente y de su esposa.

La falta de libertad de expresión es un arma para los conservadores más simplistas y al abusar de este recurso en el que los expresidentes panistas incurren todos los días, la gente ha dejado de ponerles atención.

La declaración grotesca intenta poner una cortina de humo ante delitos graves que cometen quienes insisten en dar a conocer su visión del gobierno. Hasta ahora no se conoce una propuesta sólida de los expresidentes que tienen la posibilidad de dar a conocer ante tanto comedimiento de los medios.

Tampoco se conoce propuesta concreta de los legisladores panistas que dejen en segundo término berrinches y agresiones dignas de foros menos importantes. Tampoco se conocen proyectos científicos de Aldo Aldrete, que justifiquen que el pueblo de México lo mantenga a él y su familia con lujos y privilegios que disfrutan con el dinero de los contribuyentes.

Vociferar en las redes, en los medios, en lugares públicos no es parte de la libertad de expresión sino de una expresión temerosa de perder la libertad.

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