La pareja pareja

Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa nunca han sido ni serán cercanos a Javier Duarte. Ni menos, mucho menos, en quienes pudiera confiar.

Pero ante la inminente candidatura panista de Miguel Ángel Yunes Linares a gobernador, el par de senadores priistas, el primer facilitador y el segundo mandarín, se han vuelto su única tabla de salvación.

Sólo así pudiera ganar impunidad a partir del mes de diciembre del año 2016, cuando él se haya retirado durante un ratito, digamos, a la vida privada, quizá a vivir en Miami, y/o a un extenso largo periplo turístico en Europa, con sede en España, la tierra que tanto ama.

Pepe y Héctor tienen vidas paralelas. Los dos, presidentes del CDE del PRI, diputados locales y federales y senadores. El par, ligado a figuras icónicas de la política nacional, desde Luis Videgaray, José Antonio Meade y Fernando Aportela, entre otros, en el caso del primero, y de Manlio Fabio Beltrones y Alfredo del Mazo González el segundo, pero al mismo tiempo, tal antecedente nunca, jamás, les ha servido para filtrarse en el círculo íntimo de Duarte.

Duarte, por el contrario, tiene un equipo político químicamente puro que se ha reducido al localismo empobrecedor, sin mirar más allá de sus narices, quizá, acaso, porque tal habla de su pobreza política en el altiplano.

Y, por eso mismo, el góber jarocho más, mucho más necesita al dueto senatorial.

Y más, claro está, porque en la encuesta histórica todos sus condiscípulos quedaron en el sótano y por más, digamos, que tuvieran expectativas para crecer a partir del primero de septiembre como diputados federales está en chino que alcanzaran a los senadores. Ni el polvo les verán, pues.

Pepe creció al cobijo de una universidad privada, el ITAM, mientras Héctor a la sombra de la Universidad Veracruzana, donde, cacarea él mismo en su campaña, fue un niño de dieces.

Pepe cursó un posgrado en el extranjero como también Héctor, y por tanto, están anclados en el mundo.

Y aun cuando por su carácter y temperamento (Pepe reposado y Héctor temperamental), ambos son una pareja pareja que funciona con buen karma, a tal grado que uno y otro se han jurado una mancuerna para quedar, han dicho, tanto con la gubernatura de dos años, si se lleva a cabo, como la de seis.

Y/o en todo caso, con la que sea, y más ahora cuando el diputado federal, Juan Bueno Torio, ha puesto el índice en la llaga: la mini gubernatura fue aprobada en el Congreso local, pero Duarte se ha abstenido de promulgarla en la Gaceta Oficial y, por tanto, carece de validez, quizá, acaso, porque lo estaría reconsiderando.

HERIDAS QUE NUNCA CICATRIZARÁN

Hasta hace un ratito, Héctor Yunes se perfilaba como el más bragado, el más broncudo y el mejor peleador callejero priista, en tanto Pepe era un político sereno y reflexivo.

Pero ahora la luna de miel con Duarte lo ha proyectado como un político planchado y seducido por el gobierno de Veracruz, mientras Pepe se ha manifestado como siempre ha sido, un peleador callejero de temple, firme y bragado, pues ha marcado su raya cacareando en el discurso político la rendición de cuentas tanto de los recursos federales aplicados en la tierra jarocha como del presupuesto estatal.

Por tanto, y ante tanto escándalo con las irregularidades de la Auditoría Superior de la Federación, ASF, y el pecado mortal de la deuda pública que parece interminable, la duda en ningún momento es si Duarte necesita a Pepe y Héctor, que está visto, sino por el contrario, quién de los dos es el mejor para el proyecto transexenal.

Mejor dicho, para que Duarte se vaya tranquilo del palacio de gobierno, sin la zozobra ni la incertidumbre de un desaguisado penal, más allá, incluso, de que algunos secretarios y ex secretarios del gabinete legal y ampliado pudieran estar en la mira.

Duarte, pues, necesita amarrarse y para eso requiere definir lealtades, más allá de la simple palabra, la promesa, la esperanza, la expectativa de lo que pudiera ser.

Y es ahí donde se levanta la duda.

Uno. Porque tanto Pepe como Héctor han tenido un cortocircuito con Duarte, que se agravó a partir de aquella iniciativa de ley para achicar la gubernatura de seis a dos años.

Dos. Porque Duarte tiene espinas clavadas en las neuronas con los senadores priistas desde cuando les reclamara que cuando el senador Fernando Yunes Márquez subió a la tribuna senatorial para exhibir las observaciones de la ASF, ninguno lo defendió.

Tres. Porque las estocadas han sido más profundas entre Duarte y Héctor, mientras durante el fidelato, por ejemplo, existían vasos comunicantes con Pepe.

Cuatro. Porque si bien es cierto que ante Yunes Linares, tanto Pepe como Héctor darían una gran batalla electoral en las urnas, Duarte necesita estar ultra contra súper seguro con su destino.

Pero, al mismo tiempo, el par de senadores también requiere de actitudes y acciones concretas y específicas de que los acuerdos de darse con Duarte serán respetados, sin que nadie extraño y ajeno meta su cuchara.

Y es ahí donde cualquier pacto puede reventar.

Pepe y Héctor son la mejor opción de Darte, pero en contraparte, ninguno garantiza tierra fértil para el góber fogoso y gozoso. Ambos están demasiados heridos…

Por: Luis Velázquez

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