La renuncia de Pepe Yunes; Veracruz, en la orfandad

•El senador ha decepcionado

HISTORIA DE LA RENUNCIA A UN SUEÑO

PASAMANOS: A la mitad de la semana anterior, el senador Carlos Romero Deschamps, líder y cacique nacional del gremio petrolero, dijo a Pepe Yunes Zorrilla:

–Estaré contigo en tu tercer informe en el WTC de Boca del Río.

Pepe Yunes atajó de inmediato a Romero Deschamps:

–Gracias, Carlos. No vayas. Ya decliné la candidatura a favor de Héctor Yunes.

Carlos Romero masticó las palabras. Luego, exclamó:

–Te lo había dicho. Héctor Yunes es un hueso difícil de roer.

Por eso es que el domingo 29 de noviembre, al WTC sólo llegaron los dirigentes de las secciones petroleras de norte a sur y de este a oeste de Veracruz.

Para entonces, Pepe Yunes había enviado un mensaje escueto, lacónico, breve, contundente, al celular de Javier Duarte.

–Duarte, declino a la candidatura a favor de Héctor Yunes.

Duarte, por el contrario, solo contestó con una palabra:

“Enterado”.

El domingo 29, a las 9 y 12 minutos de la mañana, Pepe Yunes desayunó dos garnachas, una picada con frijoles y un refresco de cola con unos amigos en un restaurante de plaza Las Américas, en Xalapa, donde solo había un comensal por ahí, chaparrito, gordito, enfundado en una playerita.

Entonces, dijo a sus tres amigos:

“No iré de candidato. He declinado por Héctor. Sólo espero que Héctor cumpla los acuerdos”.

De ser así, entonces aquella palabra bíblica que Manlio Fabio Beltrones, presidente del CEN del PRI, dijo a Héctor Yunes al despedirse de la comelitona en el rancho “San Julián” resulta significativa; pero también determinante:

“¡Felicidades, Héctor”.

Ahora falta que Héctor cumpla el pacto con Pepe, aun cuando a Pepe se le olvidó la sabia enseñanza de Adof Hitler de que en policía nunca los principios duran para toda la vida, pues son negociables y mudables, además de que tratándose de asuntos personales los principios valen para nada.

RARO Y EXTRAÑO REVIRE DE PEPE YUNES

BALAUSTRADAS: En 1923, José Vasconcelos, candidato presidencial independiente desafiando a Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio, el favorito, miró venir la tormenta electoral en su contra y sin avisar a nadie, ni siquiera, vaya, a sus jóvenes operadores, Adolfo López Mateos y Alejandro Gómez Arias, huyó a Estados Unidos.

A todos, pues, dejó con el alma en un hilo, luego de la azarosa campaña electoral y tantas expectativas levantadas para que cayera el Maximato de Elías Calles.

Tal cual, a estas alturas, y luego de tanta barbechar Veracruz con periplos preelectorales, más de dos mil millones de pesos federales gestionados para presidentes municipales y productores, ene número de discursos y mítines, tantas esperanzas sembradas en el alma colectiva, Pepe Yunes ha dejado de pertenecerse a sí mismo y pertenece a los miles de ciudadanos que creyeron en él.

Por eso, ningún argumento de peso existe para que de pronto, zas, recule y decline, sea por Héctor Yunes, y/o por quien sea.

Desde luego, nadie cree en el pretexto de que sueña con transformar Veracruz durante seis años, y por tanto, la mini/gubernatura resulta insuficiente.

Atrás de la apariencia que está dando, atrás de las bambalinas políticas, otros factores se han concitado para que de pronto, camino a la candidatura, decline.

Quizá su amigo, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, ya le transmitió el recado del presidente Enrique Peña Nieto de que iría, digamos, Héctor.

Acaso igual que Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1988, se habría echado un voladito con Héctor y Héctor le ganó y por eso declinó.

Nadie pensaría que en un juego sucio el duartismo, por ejemplo, le jaló la cobija y le puso en la mesa alguna fechoría, un trastupije, un negocio ilícito, una alianza con los carteles, pues su vida pública es intachable, llena de autoridad moral y ética, social, económica y política… que pocos, excepcionales políticos suelen tener.

No obstante, una cosita es que Pepe Yunes haya declinado y otra dejar colgada a la población que creyó en él, sin reservas, sin dudas, sin exigir nada a cambio, soñando, quizá, acaso, con un Veracruz donde cada familia viva con dignidad.

Simple y llanamente, con dignidad.

Ni modo, Carlos Brito Gómez, asesor de Javier Duarte, se habría equivocado a los 82 años de edad cuando dijera:

“Es Pepe o es Héctor. Pero yo estoy con Pepe”.

También se habría equivocado Flavino Ríos Alvarado, secretario General de Gobierno, cuando dijera a un compadrito sureño:

“Es Pepe”.

Y Felipe Amadeo Flores Espinoza y Gonzalo Morgado Huesca, ex presidentes del CDE del PRI, cuando dijeron:

“Es Pepe”.

YUNES ZORRILLA Y EL DESENCANTO

ESCALERAS: Pepe, sin embargo, con todo y que se miraba como el más bragado, el más broncudo, el mejor peleador callejero (“¡No lo conocen!” dice su padre, don Pepe Yunes), ha desencantado porque si Veracruz necesita un gobernador es un político con una honestidad a prueba de bomba.

Ahora bien, si el atributo más fregón de un político es la frialdad, el cálculo, la serenidad y mirar y evaluar la tempestad para tomar decisiones, significa que a Pepe le ganaron las circunstancias.

Peor tantito si fue doblegado por la elite partidista, porque así lo habría decidido el presidente Enrique Peña Nieto, cierto, el tlatoani, pero en ningún momento el propietario del destino social de los ocho millones de habitantes de Veracruz, que merecemos el legítimo derecho a vivir con dignidad en una entidad geográfica pródiga en recursos naturales.

Pero más, mucho más, el derecho a vivir con dignidad el millón de indígenas, los dos millones de campesinos, los tres millones de obreros y el número incalculable de paisanos en Estados Unidos y el número infinito de mujeres convertidas en trabajadoras sexuales que han necesitado vender su cuerpo como mercancía para llevar el itacate a casa.

Nadie desearía pensar que Yunes Zorrilla ha tomado la decisión final.

Por una sola razón: desde hace rato Pepe ha dejado de pertenecerse a sí mismo. Pertenece a una población tan desanimada como desencantada de la vida pública, donde la mayoría de políticos atrás de la fortuna inexplicable.

Pocos, excepcionales políticos son capaces de sembrar la esperanza en el corazón humano. Y más allá de “la estampida de los búfalos”, Pepe es uno de ellos. Y si ha declinado la candidatura ha dejado a Veracruz en la orfandad social.

Y si le vale, entonces, la amabilidad y el respeto con que trata a todos sería la escafandra con que camina en la vida para ocultar su identidad.

Y más, mucho más, ante el duartismo, cuyo estilo personal de gobernar y ejercer el poder es conocido hasta en el otro extremo del mundo.

Por: Luis Velázquez

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