La sangre la producen ustedes, “general” Bermúdez

Vende sangre la prensa, dice el falso general Arturo Bermúdez. Quizá. Pero la producen Javier Duarte y el secretario de Seguridad Pública, por la complicidad policíaca con el crimen organizado, por la narcoprosperidad, por el asedio a la disidencia, por la agresión y muerte de periodistas.

Puntilloso responde al neodiputado Francisco Garduza Mazariego, quien ese día —noviembre 20— confirmaba que sí anda con línea crítica, y le exhibía tres periódicos que registran hechos de violencia en el sur de Veracruz. “Los periódicos ocasionan el sensacionalismo, pues tienden al amarillismo y les gusta vender sangre. No lo digo yo, lo dicen los directores de los medios de comunicación que son mis amigos”, respondió el generalito.

Garduza Mazariego, suplente del desaforado Renato Tronco, mostraba tres casos de violencia ultra: los siete cuerpos hallados en San Juan Evangelista y Rodríguez Clara, Dos ajusticiados y un policía municipal acribillado en Las Choapas.

Y ahí llegó la respuesta. Sus amigos, los editores, le han referido que los medios tienden al amarillismo, “y les gusta vender sangre”.

Sí y no. Un sector de la prensa explota esa línea, estimula el morbo, a riesgo de tocar las fibras sensibles de las bandas delincuenciales, de provocar que se les encasille en las filas de un cártel y, por consiguiente, enemigo del cártel rival.

Pero la sangre ahí está y no la producen los medios de comunicación sino la delincuencia común y el crimen organizado. También la complicidad de los altos mandos y las infantería policíacas. También el aparato judicial que trabaja para los malosos, les filtra información, los encubre y por lo general, les concede la libertad. También el sistema carcelario que les entregó el autogobierno y en las prisiones donde ni el gobernador manda.

Ahí está sangre pero no la produce la prensa. Sólo la difunde. Proviene de la incapacidad del aparato duartista para enfrentar la delincuencia o porque la complicidad se cobra con altísimas tarifas.

Hay sangre porque por el sexenio de Fidel Herrera Beltrán pasaron el Cártel del Golfo y luego Los Zetas. Se convirtió Veracruz en arena de guerra, abierta la disputa por los territorios, por la geografía del único estado del país que conecta al sur con el norte, a Guatemala con Tamaulipas, que es paso ideal para el trasiego de droga, sea por su zona montañosa o por el área costera.

Con Fidel Herrera se inauguró el Veracruz sangriento. Y un personaje, gris, taimado, atesoraba el flujo de información, siempre enterado, siempre callado: Arturo Bermúdez Zurita, entonces titular del C-4, el área que concentra cuanto ocurre en el ámbito público, en las sombras de la delincuencia y en los sótanos del poder.

Si alguien sabe de sangre es Arturo Bermúdez. De 2008 a 20010 monitoreó a la delincuencia mayor, sus golpes y sus enclaves, pues por el C-4 pasaba el historial de los capos y sus secuaces, su guerra a muerte y la sangre que comenzaba a inundar Veracruz.

Cercano a Javier Duarte —supuesto “ejecutivo de proyectos” en la Sefiplan— era en los hechos su escolta, cuidador, amigo y confidente. Y así llega a la Secretaría de Seguridad Pública, sorprendido, dice en un video, que la policía le servía de tapadera al crimen organizado.

Célebre aquel video ante alcaldes, permite observar cómo una patrulla cuida la retaguardia de los narcos en un enfrentamiento. Y hay sangre. Y esa sangre, de malosos o de quien sea, no la producen los medios de comunicación. Es provocada por la incapacidad del fidelismo y ahora del duartismo por actos de complicidad.

Produce sangre la debilidad del gobierno de Veracruz, rebasado en toda la línea por el fenómeno de la delincuencia. Mueren malosos de lado y lado porque no hay un estado fuerte, porque la policía se colude, porque la red de información les permite operar a sus anchas, porque mientras hay una mafia solapada por el gobierno, hay otra que intenta desplazarla.

Atrapado en una espiral de violencia, Veracruz muestra contrastes siniestros: la estadística dice que puntea en delitos e impunidad y Javier Duarte va del “aquí no pasa nada” al “ya cambió”.

Muere los malosos a manos de malosos y ahí hay sangre. Mueren los inocentes a manos de los criminales y ahí sangre. Mueren policías, agentes de tránsito y fuerzas federales y ahí hay sangre.

No la producen los medios de comunicación. La provoca el estado débil. La genera Javier Duarte con su visión dopada de la realidad. Donde hasta el general de cero estrellas ve sangre, el gobernador ve un arco iris.

Decía Bermúdez Zurita, el falso general, que los medios gustan de vender sangre. Dos días después la sangre la facturó el duartismo al reprimir brutalmente a maestros disidentes y a periodistas.

Se programó la evaluación magisterial en Xalapa y Veracruz, el 21 y 22. Acudían 2 mil 928 maestros. Protestaba el Movimiento Magisterial Popular Veracruzano, ligado a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que acusaba una mascarada, la reforma educativa usada para atropellar derechos laborales y deshacerse de los enemigos políticos.

Dos jornadas y dos enfrentamientos. También dos visiones del tema de la evaluación: los que la aceptan y los que no la aceptan y la quieren reventar; el magisterio que se ciñe a las nuevas reglas o acude por temor a perder su empleo, y la disidencia que no acepta evaluarse y pretende impedir que se evalúe a los demás.

Domingo 22. En el complejo Omega, en Xalapa, se observan porros que salen de las instalaciones, vestidos de civil, policías y si no lo son, entonces sicarios del duartismo.

Se colocan cerca de los elementos policíacos, infanterías y policía montada. Avanzan hacia las filas de los maestros disidentes. Van rompiendo las filas de la CNTE. A quienes los enfrentan, los agreden con violencia brutal. Rocían gas en el rostro. Golpean a mansalva, con el puño y a patadas. Toman del cabello a una maestra y la hacen volar, girando en el aire, cayendo al piso, el miedo reflejado en el rostro.

De los hoteles en que se hospedan, son sacados con fuerza desproporcionada. Hasta los maestros que acudían a presentar el examen de evaluación, sufren la represión del general de cero estrellas.

En dos tiempos, el “general” Bermúdez hace de las suyas: en el Congreso con el desdén a todos y en las calles, disfrazado de policía antimotines, repartiendo leña, reprimiendo al Movimiento Magisterial Popular Veracruzano, al frente de un operativo que tenía como misión colateral apalear periodistas, claro el mensaje de lo que está por venir.

Hay videos que a lo largo del día corren en Facebook. Decenas de medios de comunicación reflejan la represión a maestros y la agresión a periodistas que cubren el conflicto.

Entre la infantería policíaca caminan tipos vestidos de civil, con casquete corto. Son ellos quienes dan las órdenes. En la retaguardia se observa a la policía montada. A una voz, los “civiles” pasan al frente y comienzan a corretear a los maestros. Detrás de ellos corren los uniformados.

Esa policía vestida de civil es el grupo parapolicíaco que agrede ciudadanos incómodos, universitarios, ambientalistas, activistas sociales, lo que documentó el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, de Proceso, Claroscuro y AVC, asesinado luego en el DF, donde se encontraba exiliado por las amenazas el asedio del gobierno de Javier Duarte.

Policías vestidos de civil fueron los que agredieron y le destruyeron su equipo fotográfico a Karlo Reyes, de la agencia AVC, la noche del Grito de Independencia, 15 de septiembre, cuando captaba imágenes de los acarreados al evento cívico.

Por lo menos cinco periodistas sufren agresiones de parte de porros, que no son otra cosa más que policías vestidos de civil. Iván García, de MVS Radio Veracruz y Veracruzanos.info; Hugo Gallardo San Gabriel, de Grupo FM; Melissa Díaz, de Crónica de Xalapa y Diario de Xalapa; Raziel Roldán del colectivo Voz Alterna, Plumas Libres, Reporte MX y El Demócrata; Roger Díaz, de Imagen del Golfo, y Carol Suárez, de Al Calor Político y Crónica de Xalapa, son acosados, golpeados, les rompen sus equipos de trabajo, cámaras fotográficas, teléfonos celulares. Algunas versiones refieren que a algunos de ellos se les aplicaron toques con bastones eléctricos, las armas tácticas del cobarde gorilato duartista.

“Me golpearon policías, de la SSP, elementos de la fuerza civil y personas vestidas de civil […]. Me identifiqué como prensa, empezaron a replegar a los maestros, y me agredieron”, dijo Iván Sánchez.

A Carol Suárez le dan macanazos porque documentaba la presencia del general de cero estrellas, Arturo Bermúdez, en el operativo represor.

Horas más tarde, periodistas de Xalapa se concentraron en Plaza Lerdo para repudiar la represión policíaca. Increpaban a la secretaria técnica de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, Namiko Matsumoto, y denunciaban que la Alerta Temprana que suscribió el gobierno de Veracruz con la Secretaría de Gobernación federal fue una simulación.

Algunos de los periodistas agredidos, suscritos al mecanismo de protección federal, activaron sus alarmas, pero no hubo respuesta.

En respuesta, el gobernador Javier Duarte acudió a las redes sociales. En Twitter presumió que la evaluación educativa la había realizado 2 mil 564 maestros de 2 mil 928 que habían sido convocados. Supone el gordobés que así le cumple al secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, cuya cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto pretende ser usada para imponer a su sucesor en Veracruz.

Javier Duarte, sin embargo, comete un desliz. En boletín oficial de la SSP “expresa de manera categórica que en ningún momento fue voluntad de esta institución afectar el desempeño profesional de los comunicadores que cubrían la nota y ofrece una sentida disculpa a quienes se hayan visto afectados durante el desarrollo del operativo de seguridad.

“El secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, se comunicó con los titulares de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) y de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) para ofrecer todas las garantías y pruebas que estos organismos requieran, con la finalidad de resarcir los daños ocasionados y, en su caso, sancionar a los elementos que pudiesen haber cometido alguna falta en el desempeño de sus funciones”.

O sea, los tipos vestidos de civil son policías. Es la aceptación de la represión. Admite el gobierno duartista que los golpeadores eran parte del operativo para enfrentar a los maestros disidentes.

Veracruz está teñido de sangre. La sangre viene de la disputa de los territorios, de la debilidad del duartismo, de la complicidad policíaca, del encubrimiento del aparato judicial. También de la represión.

No viene la sangre de los medios de comunicación. Sólo la difunden. Sólo difunden la política de represión de Javier Duarte y Arturo Bermúdez.

La sangre, pues, la producen ustedes, general.

Con información de mussiocardenas.com

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