La SEP, trinchera electoral

POSTIGO

Por José García Sánchez

En este sexenio la Secretaría de educación Pública se convirtió en una especie de cuartel de la represión y la violencia verbal y física y ante la proximidad de las elecciones no cambian su discurso en lugar de pugnar por la calidad de la educación que es bastante deficiente en el país.

Desde la víspera de la actual administración se tomaron medidas para hacer de la SEP una trinchera del desempleo, del neoliberalismo, del recorte de personal, de la depuración e la nómica, de la alteración de la educación en el país. Es ahí, en sus grises escritorios donde se engloban estas directrices antipopulares a través de la reforma educativa, que desecha a un secretario para que llegara otro más obediente como Aurelio Nuño, cuya mano dura contra los profesores motivó protestas internacionales por la violación a los derechos humanos.

Ahora el candidato del PRI a la presidencia, José Antonio Meade, dice querer defender los derechos humanos que el antecesor violó, pero no denuncia los hechos sino los enarbola como una necesidad ante las violaciones en abstracto.

Así, la SEP pasó de ser un entre esclerótico e ineficaz, a ser trinchera de los intereses de la educación privada y de quienes en realidad gobiernan el país que no están dentro del gobierno por cierto.

Aurelio Nuño arremetió contra los profesores con amenazas, restricciones coacciones, alteraciones a sus derechos laborales y a quienes no estaban de acuerdo los despidió o simplemente les echó encima a la policía de la capital del país siempre lista para golpear a la población principalmente a los profesores descalificando así al gremio en su totalidad al mostrarlos como delincuentes.

La reforma educativa nunca aportó nada que tuviera que ver con el tema pedagógico, aunque en el discurso se intentara convencer de matices prácticamente imperceptibles de modificaciones en los planes de estudio. Es decir, es una reforma que aparenta cambiar algo pero en el fondo lo único que ya no es igual es el derecho laboral del magisterio que disminuyó considerablemente. A esto se refiere el sargento Nuño al decir que eran las canonjías de Elba Esther Gordillo.

Nuño nunca reparó en lo esencial durante su estancia en el cuartel de la SEP, de ahí que desconozca, entre otras muchas cosas, que la mayor deserción escolar se registra en el nivel medio superior. Sólo en el ciclo 2014-2015, cerca de 700,000 alumnos de bachillerato dejaron las escuelas, cifra superior respecto a las 366,214 deserciones en secundaria y los 122,599 abandonos en primaria durante ese mismo periodo.

La tasa de deserción escolar entre los jóvenes de 15 y 19 años representa a un 14.4% de un total de cinco millones de estudiantes que se matriculan cada año en el nivel medio superior en México. Este es el porcentaje más alto de abandono respecto a los otros grados de estudio. En primaria supone apenas un 0.6% y en secundaria representa un 4.4%, según los datos federales.

El abandono escolar de los hombres es mayor que en las mujeres en todos los niveles y grados analizados. Las causas de la deserción escolar tienen su origen en la crisis económica que los mexicanos padecen y que se intensificó con la imposición de las reformas estructurales.

La deserción escolar es más frecuente en localidades rurales, en comunidades indígenas y en sitios de alta marginación en México, pero en eso nunca reparó Nuño y su sucesor, Otto Granados, quien en lugar de adentrarse en su trabajo comienza a arremeter contra los líderes de la oposición como si en ello le fuera la vida.

En este sexenio la SEP ha hecho de todo menos trabajar en la educación de los niños y jóvenes del país; la reforma educativa es un golpe de timón administrativo que allana el camino hacia la privatización de la educación y erradica cualquier pensamiento crítico tanto en el maestro como en el alumno. De tal suerte que dentro de uno años en lugar de que los niños corrijan al secretario de Educación para que pronuncie bien el español, los alumnos tengan miedo a una autoridad que está muy lejos de serlo, pero ante la imposibilidad de infundir respeto imponen terror a los alumnos.

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