Las calles toman partido

Bisagra

Por José Páramo Castro

México es un país de manifestaciones, marchas, mítines, plantones desde hace muchos años. Sin embargo, hay diferencias muy notables de las expresiones de inconformidad que ocupan las calles.

Las manifestaciones callejeras fueron satanizadas a grado tal que algunos medios creaban historias paralelas para condenar su existencia. Aseguraban que un niño que viajaba en una ambulancia murió debido a que no pudo llegar a tiempo al hospital por culpa de las movilizaciones callejeras. Ahora, quienes encabezan estas marchas son una especie de héroes para los medios tradicionales.

Antes de que el actual sexenio comenzara, la toma de las calles era la última instancia luego de haber agotado todas las legales e institucionales. Ahora, desde mediados de 2018, primero se manifiestan y luego comienzan a entregar la documentación necesaria a la institución correspondiente para que solucionen sus problemas.

Pero ésta no es la única diferencia entre las manifestaciones callejeras del pasado, a las del presente. La gran diferencia la marcan los medios.

Ahora, ante las diferentes expresiones de inconformidad, los medios de información han dedicado amplios espacios de tiempo, de tinta y de páginas a esas movilizaciones para las que antes no tenían ni un milímetro, ni un segundo.

Anteriormente lo único que se sabía de las manifestaciones era que trastornaban el tránsito vehicular, jamás hablaban de las razones que tenía la gente para protestar. Ahora, ante el cambio de régimen, los medios tienen como principales entrevistados a los participantes de esas marchas que, al parecer, no trastornan el tránsito vehicular.

La protesta generalmente está dirigida a llamar la atención de las autoridades, ya sea porque no hacen caso o simplemente porque deben hacerse notar más allá de la petición que hacen de acuerdo con sus necesidades.

Lo cierto es que los medios reportan y reportean marchas hasta de 20 personas, con las más simples exigencias que tienen más de consigna de partidos de oposición que de lucha social. La oposición, se ha dado a la tarea de pagar la realización de movimientos de inconformidad que intentan invadir todos los espacios de la Ciudad de México, que es todavía el epicentro de la política nacional. Los partidos de oposición, deshechos en su interior, tratan de ganar en las calles lo que no pudieron obtener en las urnas.

Así, los medios comerciales ya tomaron partido y están en la oposición sistemática, todo problema social lo magnifican y a los logros no sólo les dan poco espacio, sino que los omiten o, en el mejor de los casos, tergiversan los hechos de la manera más impune.

La actual administración pública cuenta, ahora más que nunca, con el contrapeso informativo de las redes que en su mayoría son más objetivas que los medios convencionales que pelean, a través de las protestas sociales, el subsidio del gobierno que siempre creyeron les pertenecía de manera vitalicia.

La oposición está tan concentrada por no dejar gobernar que se olvida que también desde la oposición se gobierna. Pone tanta atención en las consignas de pequeños grupos que las grandes demandas nacionales, las de a de veras, las urgentes, las ha descuidado a pesar de son las que padece la mayoría.

Un ejemplo claro es la pobreza, que se propusieron incrementar tanto el PRI como el PAN cuando estuvieron en el poder y ahora no les parece un conflicto social sino un logro de sus gobernantes.

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