Las rupturas que vienen

Diciembre será clave para que los partidos políticos definan sus candidatos a las 12 gubernaturas que se disputarán el próximo año, pero también para evitar las fracturas y divisiones que provocan las designaciones. La batalla del 2016 ya comenzó

Este mes no todo serán pensamientos de paz y armonía por las fiestas navideñas. En algunos partidos políticos, más bien, se vivirán momentos de quiebre por las aspiraciones de muchos y que solo pocos podrán concretar.

Las elecciones del 2016 tienen, como pocas veces, a varios aspirantes para ganar una de las 12 gubernaturas que estarán en juego.

Sin embargo, el primer filtro de la lucha no se da entre los diferentes partidos; sino al interior, donde el movimiento de las distintas corrientes y apoyos tiene en estas semanas un momento crucial para colocar a sus candidatos.

Para los tres partidos más importantes –PRI, PAN y PRD- la forma en que se dé el proceso interno para designar a sus candidatos es vital, pues de ello dependerá que se mantenga la unidad.

Además, el resultado del próximo año también será crucial para otros, que buscan posicionarse hacia el 2018.

Por lo pronto, en algunos círculos del poder ya comenzaron las licencias o renuncias para dar el salto al siguiente escalón político.

La batalla del 2016 ya comenzó. Y promete ser de magnitudes gigantescas.

El PRI y el dilema de la unidad

El principal reto que tendrá Manlio Fabio Beltrones, presidente nacional del PRI, es mantener unido al partido y evitar que se pulverice en cada una de las entidades donde habrá sucesión.

En el 2015, el PRI recibió duras lecciones. Por un lado, le fue arrebatada la gubernatura de Nuevo León por el primer gobernador independiente en la historia del país.

Sin embargo, ese independiente no llegó de la nada. Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, es un expriista al que su partido no apoyó para ganar la candidatura y conquistó la gubernatura por la libre.

Por otro lado, una deficiente operación política y jurídica hizo que se anulara la elección de Colima, donde le fue arrebatado el triunfo al priista José Ignacio Peralta –que buscará vencer de nuevo al panista Jorge Luis Preciado, en las elecciones de enero próximo-.

Beltrones no quiere que se repitan las mismas historias. Necesita ganar las 12 gubernaturas y mantener, al mismo tiempo, la unidad y la disciplina priista. Algo nada fácil en algunas entidades.

De su lado, el presidente Enrique Peña Nieto también jugará un papel determinante en la elección de candidatos a las gubernaturas.

Los priistas saben que el líder mayor de todo el partido es el Presidente de la República.

Peña Nieto ha dado muestras de pragmatismo electoral. En la sucesión del 2011, en el Estado de México, por ejemplo, prefirió no postular a quien era considerado su candidato –Alfredo del Mazo- con tal de que Eruviel Ávila –que tenía apoyo mayoritario de los priistas del oriente de la entidad- se fuera a otro partido y, con ello, perdieran el estado.

En la elección de candidatos para las elecciones del 2015, el entonces presidente nacional del PRI, César Camacho, determinó que cada uno de los abanderados serían electos en el seno del Comité Ejecutivo Nacional. Así ocurrió.

Sin embargo, algunos gobernadores o secretarios de Estado presionaron para que quedaran como candidatos sus aspirantes favoritos. En algunos casos, esto llevó a la derrota al tricolor.

Beltrones busca que las candidaturas de cada estado sean de unidad. Que los propios aspirantes se comprometan, desde un inicio y por escrito, a apoyar e impulsar a quien resulte seleccionado de entre ellos para evitar migraciones a otros partidos o coaliciones.

A diferencia de la designación para el 2015, donde era la cúpula priista la que elegía al candidato con base en sus apreciaciones, Beltrones ahora busca que los aspirantes abonen en un proceso interno discreto donde hagan llegar a la dirigencia encuestas, documentos de apoyo y otros elementos que sirvan para tomar una decisión.

Así, más que imposición, la elección de cada uno de los candidatos será logrando acuerdos; materia en la que Beltrones es especialista.

Este modelo ya fue estrenado en Durango, donde los aspirantes firmaron el “Acuerdo de Unidad para el Futuro de Durango”.

Apenas unos días después, los aspirantes y sectores del PRI decidieron que Esteban Villegas Villarreal sea electo su candidato de unidad.

A la competencia interna con los propios priistas, se suma la medida que aprobó el Consejo Político Nacional del PRI de que, si ninguno de los aspirantes es competitivo, podría abrirse la puerta a un candidato ciudadano.

El reto en los estados

Aunque son 12 las entidades donde habrá elecciones para gobernador en el 2016, en algunas ya se prendieron los focos rojos para el PRI.

Principalmente, es en Veracruz y Chihuahua donde los roces entre priistas ponen en peligro que el PRI vuelva a gobernar.

En Veracruz, la fractura entre los dos grupos más poderosos del PRI en la entidad amenaza una sucesión pacífica.

El senador Héctor Yunes Landa, uno de los liderazgos más fuertes del priismo veracruzano, criticó en reiteradas ocasiones los niveles de corrupción que hay en la entidad, gobernada por su correligionario, Javier Duarte.

La afrenta fue tomada por el gobernador y, en un evento público, le regaló a Yunes una caña de pescar para capturar “a los peces gordos” que dijo estar buscando.

En respuesta, el senador dijo que necesitaría un barco de gran tonelaje.

Fue la declaración de guerra entre ambos grupos.

De inmediato, el PAN estatal abrió las puertas a Yunes Landa por si en el PRI le cierran las puertas.

En Veracruz se juega una gubernatura de apenas dos años, para empalmar los próximos comicios con los del 2016.

El otro foco rojo está en Chihuahua, donde los priistas se han quejado de que el gobernador, César Duarte, ha tratado de colocar a uno de sus cercanos como su sucesor.

Con información de Reporte Índigo

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