Latinoamérica arropa a Obama y Castro en su cita panameña

El esperado encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro este sábado en Panamá cuenta con todas las bendiciones. Incluso la papal. El papa Francisco no quiso ausentarse de la reunión hemisférica que debe sellar la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, de la que él fue mediador clave. Por ello, envió un mensaje de “aliento” para superar “diferencias” mediante un “diálogo sincero” al inicio de la Cumbre de las Américas que este sábado se desarrollará en la capital panameña.

El Papa argentino no es el único que ansía que se consolide en la cita panameña un acercamiento iniciado cuatro meses atrás y que debería poner fin a uno de los mayores “irritantes” —palabra de Washington— en las relaciones de EE UU con toda la región el último medio siglo.

Las palabras de aliento al “valiente” paso dado por Obama y Castro el 17 de diciembre se han sucedido a lo largo de las jornadas que precedieron a la cita informal —pero muy ansiada— entre los dos mandatarios en el marco de la reunión hemisférica en Panamá.

Al fin y al cabo, recordaba estos días en Panamá el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, la política hostil de EE UU hacia Cuba ha sido como una “ampolla” en las relaciones hemisféricas que solo “ahora deja de dolernos”.

De las sonrisas forzadas para la foto de familia de la última Cumbre de las Américas, en Cartagena de Indias en 2012, se ha pasado a los aplausos unánimes —incluso de los gobernantes más críticos con Washington— de una región que en la cita colombiana le puso un claro ultimátum a Obama: o Cuba estaba en la siguiente reunión hemisférica, o ésta no se celebraba. El posado ahora de Raúl Castro en Panamá, rodeado de los demás líderes regionales, Obama incluido, habría sido motivo suficiente de júbilo para muchos hace tres años.

“Es la primera vez en la historia de las Américas que se reúnen en torno a la mesa a la misma vez los jefes de Estado y de Gobierno de las 35 naciones de nuestro hemisferio”, celebraba el acontecimiento el secretario general saliente de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, la noche del viernes.

“La presencia de Raúl Castro representa un deseo finalmente cumplido por muchos en la región”, coincidió el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, otro de los que no han querido perderse el “histórico encuentro”, como califican unánimemente actores y espectadores de la cita.

Que ello venga acompañado de una normalización de relaciones entre Washington y La Habana es una bonificación con la que muchos habían dejado ya de contar.

“Panamá, el país que une al mundo”, celebraba en su cuenta de Twitter Manuel Domínguez, secretario de Comunicación de Estado del presidente panameño y anfitrión, Juan Carlos Varela. Junto al mensaje, Domínguez tuiteaba la primera de varias imágenes de la noche del viernes donde se veía a Castro y Obama juntos, estrechándose la mano y hasta intercambiando unas palabras, que no tardaron en recorrer el mundo.

Hasta la Casa Blanca tuvo que poner freno ante tanta expectación. El encuentro no fue más que una “interacción informal” en la que no se intercambió “información sustancial”, subrayó una fuente oficial. Poco más, pues, que el primer apretón de manos entre Obama y Castro, durante el funeral de Nelson Mandela en Sudáfrica en 2013.

Nada debería restar el verdadero encuentro, ese que tiene que tener lugar en algún momento de este sábado y que por muy informal que lo quiera tachar la Casa Blanca, tiene en vilo a todos en Panamá y en buena parte del mundo desde hace días, si no semanas o meses.

Aunque los acuerdos que puedan anunciar Obama y Castro a raíz del encuentro no vayan a resolver todos los problemas bilaterales pendientes, ni a borrar de un plumazo los múltiples desencuentros entre las dos orillas del Estrecho de la Florida.

“A medida que avanzamos hacia el proceso de normalización, tendremos nuestras diferencias con Cuba en muchos temas, igual que en ocasiones no coincidimos con otras naciones de las Américas”, advirtió el propio Obama el viernes durante un discurso previo en Panamá. La buena noticia es que, subrayó, “no hay nada de malo en ello”.

(Con información de El País)

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