Laura Bozzo, nueva ministra de justicia

Otro espeluznante crimen volvió a estremecer al estado de Chihuahua: Un grupo de niños, jugando al secuestro, acabó por torturar y asesinar a uno de ellos mismos. Aunque es un hecho que debe ser sancionado en los términos de la ley, individualizando las sanciones según el perfil de cada uno y su participación, esta resolución debe darse sólo después de un complicado proceso de investigación que respete lo previsto en la legislación.

Incluso, si el gobierno Federal considera que el caso debe ser juzgado fuera de Chihuahua, la PGR debería atraerlo; mientras tanto no se puede declarar que sean culpables o no culpables.

Sin embargo, vivimos en un México que se ha convertido en la escenografía de Televisa y los dueños del país han decidido celebrar un juicio sumario para encontrar culpables y de paso aprovechar para expedir una ley, que se aplique retroactivamente, para enjuiciar a los menores como adultos así como le hacen en Estados Unidos. Ahora sólo les falta el ministro de Justicia.

Dicen las malas lenguas que la empresa televisiva hizo un concurso de oposición para buscar a la persona más inteligente, culta, mesurada y conocedora de los procesos penales, pues los amos del espacio nacional requerían una sentencia creíble para tranquilizar a los futuros inversores del petróleo, las minas, la electricidad y el agua; deben demostrar a los amos de la mano de obra azteca que aquí se castiga a los delincuentes “en caliente”.

La única persona que dio el ancho, y por ello resultó nombrada ministra de Justicia para este caso, fue la (casi) Nobel de Derechos Humanos y un poco más capacitada que Medina Mora, la pluscuamperfecta Laura Bozzo. Encarnando la decencia en dos pies y la mesura predictiva, el país ahora está a salvo bajo su protección.

Se ha celebrado la primera audiencia; mientras la madre era victimizada otra vez, ahora a nivel Nacional, los testigos de cargo y demás comparecientes terminaban sus declaraciones con “señora Bozzo, ¡ayúdemos a hacer justicia!”. Cuando finalmente habló la ministra, escupió: Chihuahuenses, que sepa el fiscal que a mí no me asusta, que mi equipo trabajará allá hasta hacer justicia, y que pase el desgraciado.

Ahora sí los chihuahuenses, que desde enero de 2008 no dormimos tranquilos, tenemos a una justiciera de nuestro lado: la paz ha llegado.

(Con información de Sin Embargo/ Por: Gustavo De la Rosa)

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