Legisladores a votar en conciencia

Más allá de los colores

Los integrantes del Congreso deben voltear hacia sus representados y no a sus coordinadores parlamentarios a la hora de aprobar leyes

Por Ángel Álvaro Peña

El debate sobre la reforma eléctrica tiene la oportunidad de presentar a los legisladores de carne y hueso, pero más allá de sus colores es necesario que volteen a ver a sus representados que es para lo que está ahí y por lo que cobran su sueldo. Situación que nunca han hecho, a pesar de las reglas democráticas de México.

Los viejos tiempos se caracterizan por el voto en bloque de diputados y senadores. El hecho de que algún legislador votara de manera diferente era considerado no solo un indisciplinado, sino un traidor, aunque haya votado de acuerdo con sus representados. Estar en comunicación entre legisladores y población era algo prácticamente inexistente, y cuando ocurría carecía de trascendencia.

Ahora la discusión sobre la energía eléctrica propuesta por el gobierno federal deberá abrir la posibilidad, por fin, a la razón y el origen del sistema de representación indirecta que es la que caracteriza a nuestra democracia, donde hasta ahora lo más común es que el coordinador parlamentario de cada partido ordena qué aprobar y qué rechazar.

Si los partidos continúan sin permitir este tipo de votación en libertad quiere decir que es la institución política la que debe actualizarse y otorgar la libertad a sus legisladores a votar de acuerdo con las necesidades e inquietudes de la población. Hasta ahora se ha votado en favor de intereses de grupo o de particulares, tenemos el claro ejemplo de la reforma energética, donde se gastaron millones de pesos en publicidad para convencer a la población de su necesidad urgente; sin embargo, en lo oscurito, se le dio dinero a legisladores de diferentes partidos para que aprobaran dicha mutación a la legislación al respecto, con las consecuencias que ahora vivimos.

Los partidos saben que tienen los reflectores de la población sobre ellos, incluso más allá de los medios de información del siglo pasado, en los que ha dejado de creer más de la mitad de la población, porque a pesar del esfuerzo que han realizado estas empresas convencionales y con el viejo esquema informativo de extorsión y chantaje, de desgatar a la actual administración, más del 63 por ciento apoya la gestión del presidente y de ese porcentaje no baja. Esto quiere decir que ya no hay confianza en los medios tradicionales del país ni en quienes aparecen en ellos.

Si la población deja de creer en un aparato noticioso que fortaleció a los partidos por décadas enteras, más para mal que para bien, ahora serán los integrantes más visibles de esas organizaciones políticas los que tendrán la obligación histórica de regresar la confianza de la gente hacia los legisladores, sin importar el partido en el que militen.

La sociedad mexicana ha padecido muchas decepciones de los políticos y cuando intentó colocar a candidatos ciudadanos, con la intención de independencia, los resultados fueron peores que los obtenidos con abanderados de los partidos, porque resultaron ineficaces para la labor política y administrativa, pero muy inteligentes para realizar actos de corrupción y justificarlos en los medios para alcanzar la impunidad.

La figura de los independientes terminó por convertirse en la posición de los oportunistas que sólo usan las urnas como trampolín para defender intereses personales y de grupos. Los ejemplos hablan por sí solos.

Así, los partidos deben ahora cobrar conciencia de la trascendencia del momento que viven, donde deben comprometerse con su función pública, con su compromiso social, con su momento histórico, y crear un parteaguas en cuanto a la comunicación permanente con sus representados.

Debe suponerse que los legisladores no requieren de plebiscitos o referéndum para conocer el sentir de sus representados, porque es obligación en ellos estar permanentemente en contacto y tienen, en esa estructura, o deberían tener, interlocutores que conozcan e interpreten el sentir de la población que votó por ellos y a la que representan, que no es lo mismo.

Aquí se sabrá qué partido tiene a los mejores legisladores, y no porque obedezcan al líder parlamentario, sino porque votaron en conciencia, basados en la voluntad de quienes representan.

Así, se dice que la discusión sobre el sector eléctrico puso en aprietos a las oposiciones, señaladamente a la coalición PRI-PAN-PRD cuya extensión de lo electoral al terreno legislativo quedó en duda a un mes de iniciada la nueva conformación de la Cámara de Diputados.

La tensión entre PRI y PAN, especialmente por la negativa tricolor para fijar una postura de oposición total, uniforme y radical a la iniciativa enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, motivó inclusive un encuentro en la sede nacional del PRI, el lunes 11 de octubre, de la dirigencia de los tres partidos con los dirigentes de la asociación “Sí por México”, los patrocinadores de esta oposición, que intentan ser líderes sin lograrlo, Claudio X González y Gustavo de Hoyos, activistas procedentes del sector privado que ven por sus intereses y pretenden actuar como en el pasado, manteniendo un bloque opositor monolítico sin voltear a ver a los ciudadanos que representan.

Más allá de la unidad a la que obliga la sobrevivencia de los registros de los diferentes partidos está la responsabilidad, la conciencia y el compromiso que cada ser humano adopta al convertirse en representante popular. Ahí está la población en espera de una postura histórica que apoye, por fin, la voluntad popular y que no le dé la espalda sea cual fuere su decisión respecto a esta reforma que, tenga el fin que tenga, es histórica.

Ahí está el carro de la historia, los legisladores decidirán si se suben o se quedan cruzados de brazos recibiendo órdenes para negar la oportunidad que la trascendencia les ofrece, como pocas veces sucede en cualquier país.

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