Los 10 hombres de Duarte

Igual que Luis Echeverría cuando a través de Leandro Rovirosa Wade, secretario de Recursos Hidráulicos, lanzara a unos 10 precandidatos presidenciales alborotando la gallera.

Igual que Miguel Alemán Velasco cuando lanzara a unos once precandidatos a la gubernatura, entre ellos, a Flavino Ríos Alvarado, Alejandro Montano Guzmán, Juan Maldonado Pereda, Jorge Uscanga Escobar, Tomás Ruiz González, Ramón Ferrari Pardiño y Fidel Herrera Beltrán.

Igual que Fidel Herrera cuando lanzara a sus precandidatos, entre ellos, a Javier Duarte, Héctor Yunes Landa, José Yunes Zorrilla y a la mismita Carolina Gudiño Corro.

Igual, pues, Javier Duarte engruesa su listita.

Hacia el final del año anterior tenía, entre otros, a los siguientes:

Jorge Carvallo Delfín, Érick Lagos Hernández, Adolfo Mota Hernández, Gerardo Buganza Salmerón y Alberto Silva Ramos.

También, pero con una sana distancia, a los senadores Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa.

Ahora, han bastado dos meses para encartar a tres precandidatos más con los que jugar los naipes políticos:

Flavino Ríos Alvarado, secretario de Educación, y del que apenas tomara posesión fue encartado en la lista de los probables, y más porque trae la daga clavada desde el alemanismo.

Tomás Ruiz González, el quinto secretario de Infraestructura y Obra Pública, quien solito con su ceño fruncido, cara enojada de pocos amigos, como andando siempre en el limbo, se muestrea como un ser superior a todos.

Y ahora, a la fidelista Carolina Gudiño Corro, como la candidata a diputada federal por el distrito de Boca del Río, y quien a su vez tumbara a Sergio Pazos Jr. de la nominación, y que a su vez descarrilara de la curul federal a Raúl Zarrabal junior, Yolanda Gutiérrez Barrios y un almirante naval.

Es decir, y si Pitágoras anda bien, al momento, Javier Duarte, JD, tiene diez precandidatos en la pasarela, aun cuando el diputado federal, Alejandro Montano Guzmán, luchó por encartarse él solito, cuando todo mundo sabía que se trataba de una ocurrencia, una vaciladita.

Al ratito, ya ungida diputada federal, hasta Elizabeth Morales, Elmo, se anotará, pues el pitorreo todo aguanta.

LA ENCUESTA MANDA…

Luis Echeverría lanzó a tantos precandidatos por Los Pinos para encubrir y blindar a su favorito, que fuera su amigo de la adolescencia y la juventud, José López Portillo, cuya primera acción fue encarcelar a un montón de echeverristas, entre ellos, los paisanos Eugenio Méndez Docurro y Félix Barra García, secretarios de Comunicaciones y Transportes y de la Reforma Agraria.

Miguel Alemán también, igual que JD, había preparado al sucesor desde el primer minuto del sexenio, que era Alejandro Montano, pero cuando Montano y compañía despertaron, Fidel Herrera les había comido el mandado caminando Veracruz con bajo perfil de norte a sur y de este a oeste, solo acompañado por su jefe de prensa y fiel escudero, Juan Alfredo Gándara Andrade.

Fidel Herrera, formado en el echeverrismo, pulido en mañas en el resto de los sexenios federales, soñó con la Gudiño como sucesora, pero desde el interior de su familia JD se abrió camino.

Incluso, mientras por un lado a Héctor Yunes Landa le asegurara que iría, a Pepe Yunes le dijo, hasta donde se sabe si se sabe bien, que en la lista tenía primero a Duarte, y si los hechos y circunstancias eran desfavorables, entonces entraría él.

El caso es que ahora JD tiene diez precandidatos, aun cuando si nos vamos por la encuesta histórica, a la que el presidente Enrique Peña suele consultar para pronunciar la última palabra, los senadores Pepe Yunes y Héctor Yunes van por delante según la última encuesta aplicada por el Centro de Estudios de Opinión y Análisis de la Universidad Veracruzana y que en otros tiempos ha sido tan certero.

LAS TRES BANDAS DE DUARTE

JD está jugando a tres bandas:

La primera ya se le salió cuando planchó a 45 de los 50 diputados locales aprobando la gubernatura de 2 años.

La segunda… apenas la está jugando como es la elección de los candidatos a diputados federales.

Por ejemplo, si entregara un buen resultado a Peña Nieto, digamos, unos 16 legisladores electos, entonces, su operación política en el tinglado de Los Pinos pudiera multiplicarse y ser consultado y escuchado y decisivo con el nombre del candidato a la gubernatura.

Y la tercera banda es que si llegara a decidir el candidato, su candidato ganara en las urnas, gastando incluso más de los mil millones de pesos que a ojo de buen cubero cuesta una campaña electoral.

Incluso, de acuerdo con las versiones, el jefe máximo estaría jugando con otro carril adicional, el siguiente: lograr que Peña Nieto le autorice cabildear en el Congreso local para que los 50 diputados locales nombren al gobernador y hasta a su gabinete legal.

Claro, para tal efecto, necesitará una reforma constitucional.

Además de que si JD ya obtuvo el visto bueno para achicar la gubernatura en acuerdo callejero con Peña Nieto durante la Cumbe Iberoamericana, se ignora si el huésped principal de Los Pinos también le autorizaría reformar la Constitución para que el Congreso nombre al sucesor a su imagen y semejanza.

Y más, porque de ser tal cual significará un albazo y un megamadrazo a la vida democrática y a los derechos humanos, sociales, culturales y políticos de los 8 millones de habitantes de Veracruz, pues una elite politica, una casta priista, unos cuantos, Javier Duarte y Fidel Herrera, decidirían por la mayoría.

Y si tal fuera, las calles y avenidas y carreteras serán insuficientes para la sublevación popular.

Por: Luis Velázquez

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