Los efectos del tsunami

Ya pasó la ola más grande. Poco a poco las aguas retoman su nivel, y muy pronto será el momento para hacer un recuento de los daños.

Las plumas en la capital del país ya no insisten en la “inminente salida” de Javier Duarte. Hoy son menos los que se ocupan de ese tema y los que lo hacen más bien se preguntan ¿por qué no se fue?

José Ureña, uno de los analistas más convencidos de que Javier Duarte caería en estos días, lo explicó así:

“Nadie pone en orden al gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, pese al deterioro político, social, económico, de seguridad pública, desvío de recursos y persecución de adversarios. Él se niega a irse y sólo quedará el camino de la amenaza, de la ley”.

Pero después de la estridencia hay espacio para el análisis serio. Hay que definir si era conveniente o no, para los veracruzanos, la salida de su Gobernador. Lo que hasta ahora se ha argumentado es que la partida de Javier Duarte obedecería a los intereses de su partido, que ven en riesgo la elección estatal de este año.

El analista político de El Economista, Alberto Aguirre M. explica que el hartazgo de los veracruzanos —de acuerdo con las principales casas encuestadoras— “quedó materializado en la definición de los atributos que esperan encontrar en el próximo gobernador. ¿El más apreciado? Que castigue, con mano dura, la corrupción imperante”.

Alberto Aguirre señala que entre las 12 entidades que renovarán poderes este año, Veracruz destaca por estar en el fondo en los indicadores de gobernabilidad: es el penúltimo, en la valoración de la población sobre la situación económica, apenas un par de puntos arriba que Oaxaca, y es el peor en términos de seguridad.

Duarte de Ochoa y el presidente Enrique Peña Nieto aparecen prácticamente empatados en el rubro de la evaluación de las autoridades. Ambos reciben apenas 37.5% de opiniones aprobatorias.

Explica que, incluso antes de que se definieran los candidatos por la gubernatura de dos años, ya el escenario se presentaba adverso. “A finales del año pasado, las mediciones mostraban que dos de cada tres votantes veracruzanos deseaban que el PRI ya no gobierne en la entidad”.

Y se hace las mismas preguntas que se hicieron en la cúpula priista del país: “Si Javier Duarte de Ochoa fuera separado de la gubernatura de Veracruz, ¿mejoraría la intención de voto por Héctor Yunes? ¿El PRI reconectaría con un electorado irritado, por la prepotencia y el valemadrismo del mandatario saliente y sus cercanos?”.

La falta de respuestas claras y contundentes a esas interrogantes, fue lo que le salvó la cabeza -por el momento- a Javier Duarte.

Y Luis Miguel González, Director General Editorial de El Economista, complementa el tema al referirse a esa “patología crediticia” del gobernador veracruzano, a quien califica como “el Humberto Moreira de este sexenio”.

Para describir la dimensión del daño causado por Duarte de Ochoa a las arcas del Estado, escribe lo siguiente:

“El monto exacto de la deuda veracruzana es imposible de determinar, a partir de la información disponible. Los cálculos más conservadores hablan de una cifra cercana a 43,000 millones de pesos. El candidato independiente a la gubernatura, Juan Bueno, ofrece la cifra más alta. Ponen el total por arriba de los 100,000 millones. Son pasivos no bancarios y deudas con otras entidades públicas, como ayuntamientos y universidades, las que explicarían parte de esta gran diferencia. Cualquiera que sea la cifra correcta, lo cierto es que la deuda de Veracruz es superior a las participaciones federales que recibe. El servicio de la deuda pasó de 581 millones de pesos en el 2010 a 4,679 millones en el 2015”.

Y pinta un oscuro panorama para quien asuma la gubernatura el próximo primero de diciembre:

“Duarte se aventó la parranda. A los veracruzanos les tocará pagar la factura que deja un gobernador que no tuvo freno en el estado ni más arriba. Quién gane la elección deberá dedicar más de 6,500 millones de pesos anuales para pagar capital e intereses. Su margen de maniobra será limitado, porque Javier Duarte se sirvió con la cuchara grande. Endeudó a una generación de veracruzanos”.

Javier Duarte no se fue. Muy pronto sabremos quién ganó y quién perdió con este tsunami mediático.

Por: Filiberto Vargas Rodríguez / “Punto de Vista”

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