Los hombres de Duarte: Buganza y Arturo Bermúdez

•Buga… camino a la sucesión

I

Dante Delgado Rannauro, gobernador de cuatro años, delegó poderes metaconstitucionales en 3 de sus secretarios:

Miguel Ángel Díaz Pedroza, en la SEGOB. Porfirio Serrano Amador, en Comunicaciones. Y Gerardo Poo Ulibarri, en SEFIPLAN.

Cada uno en su área, sin invadir su esfera.

Patricio Chirinos Calero tuvo un par de secretarios fuertes, todopoderosos:

Miguel Ángel Yunes Linares, en la SEGOB, apodado el vice-gobernador.

Y Guillermo Rivera, en la Secretaría de Finanzas.

Fidel Herrera, de igual manera, repartió juego. Incluso, y como estrategia política, los dividía y hasta los ponía a competir. Le daba gracia. Se divertía.

Javier Duarte ha seguido, más o menos, el mismo esquema. Pero de paso, lleno de dudas y sospechas, como si creyera que lo están pillando, pues a la fecha lleva 57 funcionarios despedidos y enrocados, los más.

Pero del gabinete legal y ampliado, un par han mantenido su confianza a prueba de bomba.

Uno, Gerardo Buganza Salmerón, reelegido como secretario General de Gobierno, y el otro, Arturo Bermúdez Zurita, conservado en Seguridad Pública como la gran revelación priista de todos los tiempos.

II

En ambos, la misma característica y deferencia:

Por ejemplo, enviado Buganza a la SIOP, reformó la Constitución Política de Veracruz para otorgarle más facultades, además del cambio del nombre burocrático de la dependencia.

Y en el caso de Bermúdez también modificó la ley para otorgarle más facultades omnímodas.

Claro, se dirá que en otros casos también modificó la ley, por ejemplo, para nombrar titular del SAS, Sistema de Agua y Saneamiento Metropolitano, a José Ricardo Ruiz Carmona.

Pero, bueno, “El Pepín” ha sido lanzado del paraíso porque, digamos, defraudó la confianza del jefe máximo como ocurriera, por ejemplo, con Gabriel Deantes Ramos, a quien resucitó como secretario de Trabajo y Previsión Social, para desde ahí operar de manera subterránea la elección de diputados federales.

Con todo, en el imaginario colectivo y la percepción ciudadana domina la versión de que Buganza es el álter ego del gobernador. Su otro yo. El hermano mayor que deseó haber tenido como decía Miguel de la Madrid de Alfredo del Mazo González, en su caso, el hermano menor.

Buganza, el secretario General de gobierno más poderoso que ha tenido un gobernador en la historia política de Veracruz.

Más, incluso, si con él se repitiera la historia de Manuel Carbonell de la Hoz con Rafael Murillo Vidal.

III

En los últimos meses a Buganza le ha dado por meterse en todo, siempre y cuando, claro, le sirva de lucimiento, pues si es para exhibirse, recula, se enconcha y agazapa, se hace el occiso y el omiso.

Y más porque su fama pública de un político con un carácter fuerte es manifiesta.

Por ejemplo, ta’cañón que todos los días se levante al amanecer para arreglarse y sin desayunar salir al templo para escuchar misa, arrodillarse ante el cura, confesarse y comulgar.

Más, mucho más está cañón que nunca en su vida haya sido infiel a su pareja, cuando los mexicanos ocupamos uno de los primeros lugares de infidelidad en el mundo.

Y más cañón está que sólo haga una comida al día, y eso, a las 11 de la noche, como si fueran las 2 de la tarde.

Y más, como él mismo dice, que luego de una lucha campal venció a la muerte superando el cáncer, aun cuando, claro, tiene un homólogo en el gabinete con Gustavo Sousa Escamilla, el titular del fideicomiso del 2 por ciento a la nómina, que de igual manera derrotó a la muerte ante el cáncer.

Tal cual, si así es la vida privada, monástica, rígida, espartana de Buganza, podrá derivarse su estilo personal de ejercer el poder y gobernar.

IV

Hombre de fe, con una influencia política, amical y religiosa, fuera de duda sobre Javier Duarte, Buga acaricia el legítimo sueño de la gubernatura.

Y su chamba desde la SEGOB jarocha es convencer a Duarte de que es la única carta confiable para la sucesión.

Por eso, incluso, su terquedad obsesiva.

Fue candidato en el año 2004 ante Fidel Herrera y perdió en las urnas.

Otra vez quiso la candidatura panista en el año 2010, pero en la contienda interna lo derrotó Miguel Ángel Yunes Linares.

Y ahora, de nuevo suspira, igual que François Mitterrand que obtuvo la presidencia de Francia en la cuarta oportunidad y que Lula la presidencia de Brasil en la cuarta, aun cuando, y en contraparte, Cuauhtémoc Cárdenas fue ponchado en la tercera ocasión y su mejor discípulo, Andrés Manuel López Obrador, va por la tercera también.

De ser así, entonces Buga se topará de nuevo con Yunes Linares, quien la perdió con Patricio Chirinos, luego en el 2004 con Fidel Herrera, después en el 2010 con Javier Duarte, y ahora va por la cuarta.

El poder, dice el analista norteamericano, Michael Hirsch, se mide en los minutos que uno tiene a solas con el presidente de la república.

En el caso de Buga, su poder con Duarte se mide por muchas otras cositas más…

Falta, no obstante, tender puentes para que Duarte convenza a Peña Nieto de que Buga es el mejor priista, el Mesías, para la sucesión.

POSDATA: La lucha cristera de Buganza por adueñarse de la candidatura priista a gobernador será implacable… Hombre de fe, está convencido de que Dios lo envió al mundo para gobernar su pueblo natal, sin importar que una vez la haya buscado como panista y ahora como tricolor… Los caminos de Dios, ha dicho Erick Lagos, son inverosímiles…

Por: Luis Velázquez

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