Los otros periodistas ejecutados

Regina Martínez fue el parteaguas de la crisis, el detonante, metástasis del cáncer duartista. Su muerte puso los ojos de todos sobre Veracruz, evidente el peligro, el riesgo, el clima de hostigamiento hacia la prensa crítica, ruin el ambiente, el desprecio de un tipo que por accidente político, por el capricho de Fidel Herrera, llegó a ser gobernador.

Regina murió en su hogar, la tarde del 28 de abril de 2012. La hallaron sin vida, sobre su piel las huellas del odio, estrangulada, agraviada, silenciada por lo que sabía, por la información que atesoraba y por lo que llegó a escribir.

Ahí se quebró el duartismo. Traía en su agenda el gobernador Javier Duarte un paquete de represión, asedio y persecución, alevoso contra por lo menos diez comunicadores, los Diez del Patíbulo, aquellos que durante la pesadilla de la fidelidad y los días de campaña electoral habían incomodado al gordobés.

Regina, con su muerte, marcó a Javier Duarte. Lo hizo ver como un enemigo de la prensa crítica, intolerante a la verdad, por su condición de marioneta del poder, un cero a la izquierda en el ejercicio de gobierno, agobiado por los crímenes, hasta entonces, de cinco comunicadores.

Cinco días después, el 3 de mayo de 2012, fueron hallados los cuerpos de Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez, fotorreporteros ligados a Notiver, AZ Veracruz, TV Azteca y Veracruz News.

Regina Martínez murió en su hogar, estrangulada. Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez fueron hallados embolsados, torturados y fragmentados.

Crecía a ocho el número de periodistas asesinados durante el duartismo, y los que habrían de venir.

Horas antes del hallazgo, Huge, Luna y Rodríguez fueron levantados. Algunas versiones afirman que los citó una banda de malosos. Acudieron al encuentro. De ahí no se volvería a saber de ellos hasta que sus restos fueron encontrados en el canal de la Zamorana, en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.

Estaban cercenados. Sus restos se hallaban en cuatro bolsas de plástico, atrás de una planta de tratamiento de aguas negras, en la colonia Las Vegas 2, municipio de Boca del Río.

Huge y Luna cubrían nota roja. Se les reportó desaparecidos desde las tres de la tarde del día anterior. Varios compañeros de otros medios trataron de contactarlos para cubrir un accidente vial en el puerto, pero no respondieron.

Huge y Varela salieron de Veracruz en 2011, según información de la agencia Proceso. Sus nombres aparecían en una lista negra del crimen organizado y a raíz del asesinato de la reportera de Notiver, Yolanda Ordaz de la Cruz, con quien trabajaban, decidieron emigrar. Previamente habían sido asesinados Miguel Ángel López Velasco, “Milo Vela”, su esposa Agustina Solana, y su hijo Misael López Solana, también fotorreportero de Notiver.

Esteban Rodríguez había sido reportero gráfico de AZ, en la fuente policíaca. Cuando se produjo el asesinato de Milo Vela y Yolanda Ordaz, se retiró del periodismo. Se dedicó al trabajo de soldador, con lo que subsistía.

Decía el gobierno de Javier Duarte que pediría a la Procuraduría General de la República que atrajera el caso, que le diera curso a las investigaciones, obvia la participación del crimen organizado por la forma en que fueron ejecutados los tres periodistas.

Tiempo después, el duartismo hizo otra de las suyas. De un expediente policíaco, lograda la detención de un jefe de plaza del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Isaías Flores Pineda, alias “El Cronos”, “El Rayito” o “El Maníaco”, se estableció un móvil que terminó de enredar el caso de los periodistas asesinados.

“El Cronos” fue aprehendido el 15 de agosto de 2012. Le atribuyeron 36 asesinatos. Dijo el gobierno de Veracruz que entre sus víctimas estaban Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez, así como la empleada del área de publicidad del periódico El Dictamen, Irasema Becerra Jiménez.

Mal armada, la telenovela duartista dio por válido el supuesto móvil. Que Huge, Luna y Rodríguez habían sido quienes le habían pedido al cártel de Los Zetas que ultimaran a Milo Vela, su hijo y Yolanda Ordaz.

Según la versión oficial, elementos de la Marina-Armada de México habían detenido a un narcomenudista, Juan Carlos Hernández Pulido, alias “La Bertha”, a quien se le halló una credencial de El Dictamen, una credencial del IFE, dos credenciales de Liverpool y Fábricas de Francia, todos los documentos pertenecientes a Irasema Becerra Jiménez. Esto llevó a la detención de “El Cronos”.

Quiso el entonces procurador duartista, Amadeo Flores Espinosa, que la PGR avalara la versión y, en consecuencia, se dieran por resueltos los casos de los periodistas asesinados en Veracruz. Trasladó la investigación, pero no halló eco.

Desestimado por la PGR, el caso no fue secundado. La versión de que los periodistas Huge, Luna y Rodríguez había pedido a Los Zetas que ultimaran a Milo Vela, Misael Velasco y Yolanda Ordaz, fue desoída.

Nadie explicó oficialmente qué tenía que ver el Cártel de Jalisco Nueva Generación en una supuesta vendetta de comunicadores, si es que esta existió. Nadie midió el alcance de esa aseveración que exhibía a dos grupos de periodistas presuntamente ligados a dos bandas de narcotraficantes, algo que nadie pudo probar.

Obcecado, Javier Duarte ha insistido en su fobia hacia la prensa. Pretendió el gordobés sentar precedente de que la prensa se habla con el crimen organizado. Intentó atribuirle cariz de vendetta entre reporteros, cada uno con su narcobanda para dirimir conflictos.

Ilimitada, la perversidad de Javier Duarte lo llevó a sostener la versión de que Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez le había pedido a Los Zetas que eliminaran a Milo Vela, Misael Velasco y Yolanda Ordaz. Y se valió el gobernador y el entonces procurador Amadeo Flores, de los testimonios de Juan Carlos Hernández Pulido, alias “La Bertha”, y del líder del CJNG en Veracruz, Isaías Flores Pineda, alias “El Cronos”.

Pero nada de ello fue secundado por la PGR. Murió la versión duartista de los periodistas que le piden favores mortales al crimen organizado.

Fue otra perversidad. El 14 de junio de 2012, otro asesinato sacudió a Javier Duarte. Víctor Manuel Báez Chino, editor de nota policíaca en Milenio edición Veracruz, y titular del portal Reporteros Policíacos, fue hallado, asesinado, mutilado y embolsado a unas calles del palacio de gobierno, en Xalapa.

Luego vendría el levantón, tortura, asesinato y mutilación de Gregorio Jiménez de la Cruz, el 5 de febrero de 2014, en Villa Allende, municipio de Coatzacoalcos, y el de José Moisés Sánchez Cerezo, el 2 de enero pasado, en Medellín de Bravo. Junto con Noel Olguín, de Jáltipan, suman 11 periodistas asesinados en el Veracruz de Javier Duarte, paraíso de la impunidad.

Tres años hacen ya del crimen de otros tres periodistas. Y nada.

(Con información de mussiocardenas.com)

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