Los sueños de Duarte

Hacia el final de su vida, el maestro y filósofo, escritor y político, José Vasconcelos vivía obsesionado con escribir sus sueños de la noche anterior.

Incluso, convocaba a la población nacional a que también escribiera sus sueños porque, además de un testimonio personal, constituyen un gran ejercicio literario.

Por ejemplo, y como por lo regular la mitad del mundo se acuesta preocupada con un pendiente, resulta que los sueños son angustiantes y terroríficos.

Es más, por eso mismo, en Cuba, Fidel Castro, en la plenitud del pinche poder, exigía a los cubanos que nunca, jamás, regañaran a un niño unas dos horas antes de dormir, por el contrario, los durmieran contándoles un cuento de la literatura clásica.

Por eso, ahora cuando el gobernador de Veracruz dice que hasta dormido piensa en impulsar el desarrollo de los 8 millones de habitantes necesitará contratar a un escribidor, acaso un estudiante de la facultad de Letras de la Universidad Veracruzana, para que todos los días al despertar Javier Duarte lo tenga a un lado y le cuente el sueño.

Es más, quizá convendría tener un tecleador en el día y otro en la noche, pues Sigmund Freud afirmaba que el ser humano sólo recuerda los sueños cuando en automático despierta, lo registra, lo anota y sigue durmiendo, pues si, digamos, despierta sobresaltado y vuelve a acostarse el sueño de evapora.

El lector podría, y por ejemplo, preguntar al historiador de al lado sobre los sueños de Francisco Franco, el dictador de España durante 33 años, a quien Duarte admira, para, digamos, cotejar los sueños de uno y otro.

Pero, bueno, y por lo pronto, resulta un ejercicio político y literario, onírico, ofrecerse como el escribidor del góber para teclear sus sueños, esperanzados en que hasta un libro de cuentos y novelas pudiera quedar como aportación en la historia de la literatura mundial.

Más todavía si se considera que tal ejercicio significa un viaje a los recovecos del inconsciente y el subconsciente del góber que, por fortuna, nunca podrían cotejarse con los sueños que habría tenido Adolf Hitler, y más luego de ordenar la muerte de los 6 millones de judíos.

Y más porque con los sueños de Duarte con sus cuatro años con sus casi casi cuatro meses de ejercer el poder y gobernar han de ser interesantes desde el punto de vista psicológico, psiquiátrico, neurológico, político, social y económico.

DISLATES SA DE CV

Todavía más: en la inauguración del pavimento asfáltico en una colonia popular de Xalapa, al lado del alcalde Américo Zúñiga Martínez, Duarte también aseguró que “trato de cumplir las 24 horas del día” con aterrizar en el terreno de los hechos los sueños que por Veracruz tiene pensando en convertir a la tierra jarocha en un paraíso.

Gracias, pues, a Dios y a los remedios caseros que el gobernador, joven como es, tiene energía de sobra para dar 20 y las malas a los adversarios y enemigos, y a los malosos, para estar despierto las 24 horas del día.

Según la historia, Francisco Franco entrenó tanto su cuerpo y su mente que sólo dormía cinco horas, suficientes para tocar todos los días los tambores de guerra.

Hitler, en cambio, dormía cuatro horas, los mismos que José Stalín. Lenin se fregaba a todos ellos porque sólo dormía tres horas para realimentarse con el sueño.

En los últimos días de su persecución implacable de Estados Unidos, Obama Bin Landen sólo dormía dos horas.

Pero, oh paradoja, Duarte trata de cumplir las 24 horas del día con el compromiso histórico de salvaguardar el Estado de Derecho y garantizar una mejor calidad de vida a los 8 millones de habitantes de Veracruz.

Claro, como figura retórica, acaso literaria, quizá onírica, se le daría otra interpretación a la frase bíblica, entendiendo que el único pensamiento y sentimiento de su vida es lograr que cada familia de Veracruz sea feliz a partir de los satisfactores básicos.

De cualquier modo se incide en un uso retórico del lenguaje que en todo caso se toma como un disparate, un dislate como aquel de que en Veracruz no pasa naaada y/o como el otro de que no soy tapadera de nadie y/o como el otro de que apenas tomé posesión como procurador los malandros salieron huyeron a las regiones montañosas de otras entidades federativas vecinas.

SOÑAR CON LA INMORTALIDAD

La revelación onírica de Duarte ocurre cuando el secretario de Seguridad Pública, general de West Point y la Interpol, ha convocado a los policías a un concurso literario para escribir un cuento, una novela y/o un poema.

Desde luego, cada policía aficionado a la literatura tendrá material de sobra con la realidad sórdida de cada día.

Pero, al mismo tiempo, y dada la circunstancia, también podría solicitar le dieran la oportunidad de estar pendiente una semana del góber para escribir sus sueños que rebasarían por completo el realismo mágico que tan famoso hiciera Gabriel García Márquez.

De entrada, no obstante, el policía partiría su cuento analizando desde el punto de vista semiótico el par de frases duartistas.

Por un lado, cuando dice “hasta dormido pienso en impulsar el desarrollo de Veracruz”.

Y por el otro cuando afirma que trato de cumplir las 24 horas del día con la encomienda de la población.

Y es que en una frase choca con la otra si partimos del mundo real. Duerme y sueña, y/o por el contrario, está despierto día y noche.

En todo caso, y como hablamos de sueños, la ficción carece de límites, y en los sueños todo puede acontecer, hasta confundir el día y la noche; pero más aún, eliminar la barrera del tiempo.

Batman y Robin, por ejemplo, transgredieron la barrera del tiempo, pero Francisco Franco también soñando con la inmortalidad.

Por: Luis Velázquez

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