Los volvidos en no

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Por: Laura Cevallos

La patética falacia es la creación de un ambiente ficticio que permite contextualizar los clichés para exacerbar el dramatismo; la típica escena en la que la frágil mozuela tras una noticia abrumadora corre desolada a buscar un diván, cama o paca de paja dónde azotar con algo de fingido desmayo, sin llegar a descalabrarse o romperse la boca ni perder un diente. Así que le acercan un frasquito que contiene sales que la hacen volver en sí, aunque de inmediato se suelte a llorar sin consuelo por aquello que, aparentemente, era el apocalipsis…

En una explicación más o menos similar, la oposición vióse descubierta en su descaro al medrar con cada detalle que está llevando a cabo esta 4ª Transformación, ya que con cada revés corren a tratar de acusarnos con su mamá, chillando y haciendo alaraca de una persecución que no existe; se azotan en el pavimento con el ánimo de descuadrarse la dentadura, para acusar violencia política y, lo peor, cuando se desmayan ante el rechazo colectivo por sus acciones ilógicas e inmaduras, más propias de infantes preescolares que de adultos en el juego político, al “recobrar la conciencia”, vuelven en no.

Así, tenemos que a cada “sí” del gobierno, con o sin razón, hallamos un “no” de la oposición, aunque el no, les perjudique irremediablemente. La cosa es oponerse como un tronco en mitad de la carretera. Es oponerse porque son la oposición. ¿Y sí son oposición, o saben qué es y cómo funciona la oposición en una democracia?
Estamos de cara a un regreso a clases y la oposición dice “no”.

El regreso a clases, después de un ciclo y medio de estar en casa, además de ser necesario para la convivencia de los niños, implica retomar, en la medida de lo posible, una cierta cotidianeidad para los alumnos más jóvenes que, ciertamente, acuden a la escuela por el principio más primigenio de la educación: la convivencia social.

En los primeros grados de educación inicial, o sea, el preescolar, el alumno (a sin, lumen luz = el que no tiene luz, siendo el conocimiento la luz que va iluminando su pensamiento), no llega a aprender a sumar y a leer como tarea principal, aunque algunos padres de familia crean que del kínder, los niños saldrán con pre-grado de medicina o leyes. El preescolar es el sitio donde los niños comparten sus conocimientos sobre lo que saben hacer y dan posibilidades a los otros para explorar diferentes modos de percibir sus mundos.

La Primaria, en cambio, ya es el bloque donde se construyen conocimientos que serán la base en la que se soportará todo lo que un ser humano debe aprender en su etapa estudiantil. En esta etapa aún se está en la fase de abstracción y los niños tienen que tocar, preguntar, cantar a coro las tablas de multiplicar… la necesidad de seguir participando en el grupo con conocimientos generales y personalizados es innegable.

En ambos casos, la escuela física es el pilar que apuntala el conocimiento de los educandos y en estos meses largos, por más que se hayan implementado clases virtuales, no ha sido posible que se vaya más allá del bloque de cuarenta minutos que se ha podido destinar a tiempos de televisión para captar su atención.

Quienes hemos dado clases, sabemos que los periodos de atención de los niños son breves, aun en un salón de clases donde los materiales visuales son exprofeso y, siendo sinceros, cuánta atención se puede poner en casa, con una televisión como maestra; con un teléfono como medio de comunicación con los maestros y, si hay oportunidad de que haya una computadora, debe ser compartida con hermanos y papás que hacen trabajo en casa.

No sólo tenemos que remontar la real caída en la calidad educativa de los estudiantes, sino que es urgente ayudar a que los estudiantes reviertan una serie de trastornos que, de acuerdo al informe de la UNICEF, se vinculan a la malnutrición, la violencia y el embarazo adolescente, entre otros. Además de tener en consideración que la escuela es, muy probablemente, el único sitio donde los educandos encuentran un alimento seguro y donde puedan jugar fuera del hacinamiento que representa la vivienda, después de dieciocho meses de estar guardando la sana distancia por esta emergencia sanitaria mundial.

Ah, pero todos estos detalles son lo menos importante en la pataleta de los conservadores que muy al cinco para el ratito, se preocupan de la vacunación, de la vandalización de unas escuelas, de la preparación de los docentes, de la responsabilidad de las autoridades y, además, por todas las carencias que se ha demostrado que existen en los sistemas de salud y educativos, como si ellos no hubieran sido los reales causantes de estas desgracias.

Un consejo útil para quienes vean a los desmayados cuando hagan sus desfiguros: no les den crédito porque sus motivos son distraernos de lo que es más importante: México camina y nos requiere fuertes, solidarios y bien dispuestos a la información. Lo demás, es faramalla. 

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