Luto compra elecciones 

Postigo

Por: José García Sánchez

Si bien se dice que vivimos en los tiempos de la postverdad, también es cierto que en México la verdad emerge del olvido y la marginación a la que estaba remitida por muchos años.

Aquí en ese suceso el único héroe es el pueblo de México, desde luego que los causantes fueron los medios electrónicos principalmente. Los medios han mantenido una realidad paralela a la verdad durante muchos años.  Las paralelas nunca se tocan. Exactamente los mismos años que tienen de vida esos medios, es decir, toda la vida.

Ahora que esos medios ven amenazada su principal fuente de ingresos que es el gobierno, echan a andar todo su arsenal mediático para derribar al que no les quiere seguir manteniendo. Cualquier pretexto es bueno por sensible o frío que sea, la guerra de los medios está en pie de lucha hasta lograr su cometido. Entonces de ellos pueden esperarse todo.

Todavía no se han dado cuenta que han perdido credibilidad y ni siquiera para saber el pronóstico del tiempo son confiables; sin embargo, los sucesos ocurren de manera tan lamentable como inesperada y son precisamente los medios los puentes de comunicación que se niegan a renovar sus cómodos esquema de sobrevivencia.

En los sucesos ocurridos en Puebla, los medios regresaron a ser medios, pero ellos en su infinita megalomanía se consideran fines en sí mismos. Quieren que la información empiece y termine en sus páginas. Es decir deberían ser los fines de comunicación y no los medios de comunicación, de ahí que improvisen todo el tiempo a sus locutores y habiliten a sus lectores de noticias como analistas políticos sin serlo ni siquiera por aproximación. Esa irresponsabilidad sólo puede ser posible teniendo un cómplice poderoso, tan poderoso como el poder político. De ahí que hayan sobrevivido tantos años en esa codependencia siamesa.

Así, los políticos tienen manga ancha para hacer declaraciones que no sólo hieren la sensibilidad de la población sino que ofenden la inteligencia, menosprecian la memoria y desconocen la historia. El claro ejemplo lo puso Antonio Gali, a quien le gusta que le digan Tony, al decir que el mejor regalo que pueden hacerle a quien fuera gobernadora de Puebla sería volver a ganar las elecciones.

Aquí ya no se trata de destilar mentiras, ni de evitar rumores por las redes o de culpar al contrincante político de homicida sino de hacer proselitismo no sólo adelantado sino a costa del dolor de las familias de los fallecidos realizar una abierta campaña política en busca del triunfo de su partido.

Gali nunca se distinguió por sus sutilezas ni por sus brillantes ideas, pero en momentos como éste, toda palabra cuenta. Así lo muestra la guerra de información que desde algún recinto secreto del PRI y del PAN, su partido, llevan a cabo.

Pero las campañas en busca de la gubernatura de Puebla no empiezan ni terminan en las desafortunadas declaraciones de Gali, sino en la presencia de quien hasta ahora emerge de bajo perfil para convertirse en el posible candidato del PAN a la gubernatura, Luis Banck Serrato, jefe de la Oficina de Gobierno del estado, y quien tuvo 24 horas para negociar, con la cúpula de su partido, la próxima candidatura y tuvo en el sentido discurso luctuoso, su plataforma de despegue.

La verdad la ve la población con sus propios ojos sin la necesidad de la tergiversación de la realidad de los medios ni las versiones acartonadas y tendenciosas de los políticos.

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