Madre de Christopher impugna la sentencia de los menores que lo asesinaron

CHIHUAHUA, Chih.

La defensa de Tania Concepción Mora Alvarado, mamá del niño Cristopher Raymundo Márquez Mora, impugnó hoy la sentencia dictada por el juez especializado en adolescentes, Francisco León Merino, a cuatro de los cinco responsables del asesinato del niño de 6 años, ocurrido el pasado 14 de mayo.

El abogado Víctor Alonso Tadeo Solano acudió ante el Tribunal Especializado en Adolescentes Infractores en esta ciudad, acompañado de Tania Mora, para presentar el recurso de casación, en contra de la sentencia de 9 años y seis meses de cárcel que le dieron a Jesús David de 15 años, y la de 3 años 6 meses que pasarán en albergues o libertad asistida los otros tres menores: Janeth Valeria y Alma Leticia de 13 años e Irving de 12.

Tania Mora entregó la apelación al tribunal y anunció que agotará todas las instancias jurídicas para que los responsables de haber torturado y asesinado a su hijo, reciban una condena justa.

Para la madre de Cristopher, sólo la sentencia que recibió el mayor, Jorge David, la dejó más satisfecha porque los pasará en prisión, en el Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (Cersai).

Jesús David tiene 15 años y es el único que de acuerdo con la legislación local, puede tener una medida condenatoria privativa de la libertad.

Jorge Eduardo también tiene 15 años, pero el 25 de noviembre del año pasado, el juez lo encontró inimputable porque tiene retraso mental moderado, pidió que lo sacaran del Cersari y lo trasladaron a un albergue en el municipio de Cuauhtémoc, donde ya estaba su hermana Valeria Janeth, así como Alma Leticia, ambas de 13 años y quienes también participaron en el homicidio.

A Irving, quien tiene 12 años y también es hermano de Jorge y de Valeria, lo trasladaron a Cuauhtémoc cuando recibió la sentencia.

Valeria, Leticia e Irving fueron sentenciados a permanecer tres años 6 meses bajo libertad asistida, permanecerán a disposición del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del estado y es precisamente ese fallo el que no le parece justo a Tania Mora.

La mamá de Cristopher contó que se enteró de la sentencia a través de Facebook, porque una persona conocida la etiquetó en una nota que daba a conocer el fallo.

El viernes pasado acudió con su abogado al Cereso número 1, donde se ubica el juzgado para adolescentes, y recibió el fallo porque decidió no estar en ninguna de las audiencias.

“Me fui al Cereso con la sentencia, no estuvo en la audiencia a ninguna ha ido por lo mismo, porque teme la reacción que pueda tener contra los adolescentes o sus familias: “Le pido tanto a mi padre Dios que no me los ponga enfrente.

“Me puse leerla (la sentencia) y vi. Venía con un coraje que no me calentaba ni el sol. Es muy poquito tiempo para lo que hicieron, ponle que los 9 años 6 meses está bien pero hubiera sido parejos y encerrado, porque todos participaron, no es una medida cautelar muy justa. No se me hace justo”. Anunció que su abogado impugnará.

Considera que la sentencia tuvo que ser igual para todos. “Lo que hicieron fue más profesional y conciencia creo que sí tuvieron (…) todos participaron”, insiste.

En entrevista en la ciudad de Chihuahua, recuerda que sus sobrinos (Jorge Eduardo, Valeria e Irving) tenían una relación cercana a ella y a Cristopher. Eran sobrinos del esposo de Tania, quien murió en el 2014 de un infarto.
Tania Márquez nunca imaginó que los niños tuvieran ese tipo de problemas. “Ellos convivían en mis casa, se quedaban en mi casa, se quedaban conmigo, era mucha la convivencia. Irving iba conmigo a la casa de mi mamá”.

Cristopher dejó dos hermanos más, Omar David de 5 años y Francisco Javier, de 3. El más pequeño tiene discapacidad motora y problemas con el corazón, tiene un marcapasos. Omar pregunta por Cristopher, pero su mamá ha preferido no decirle aún la verdad que la sobrepasa. “Le digo que está con su papá”.

A pesar de que ha recibido terapia psicológica, los nueve meses que han pasado, han sido difíciles para Tania porque le transformaron su vida. Los primeros meses se fue de la entidad y luego prefirió regresar. “No hay como la tierra de uno”.

Está dedicada a sus hijos, vive con su familia y gran parte de su tiempo lo ocupa en el caso de Cristopher, a quien le prometió que encontrará justicia por todo lo que le hicieron. “Hasta que acabe todo esto voy a estar tranquila”.

La casa de Tania en la calle Cañuela del fraccionamiento Laderas de San Guillermo, donde vivía el niño y de donde se lo llevaron a jugar al secuestro, está sola. Sólo está un pequeño altar en la esquina de su patio, que recuerda a Cristopher. Amigos del niño colocaron una cruz blanca con la fecha de su nacimiento y del crimen (2 de enero de 2009-14 de mayo de 2015), al centro está la fotografía del niño y su apodo: “Negrito”.

Arriba de la cruz colocaron la imagen de Guadalupana y a los costados colgaron un sombrero y una cachucha del hombre araña. Abajo, un balón de futbol verde con negro y sus zapatos negros.

“Ahora pues voy a esperar los resultados, a ver qué más se puede hacer”, comenta Tania Mora.

“Mis hijos han cambiado”

Claudia y Gregorio, padres de los tres primos de Cristopher, están conformes con la sentencia que recibieron sus hijos, aunque aún falta la audiencia especial que realizará el juez para Jorge Eduardo, considerado inimputable.
“Nos dice la licenciada que en uno o dos meses nos lo van a entregar”, dice Gregorio, un hombre flaco y de baja estatura que ahora se dedica a la construcción.

“Ahora los tres están en Cuauhtémoc, hablamos con ellos por teléfono y los podemos ver cada quince días, vamos los domingos (…) el papá de Lety va los jueves”, dice Claudia.

El único que está recluido en la ciudad de Chihuahua y en prisión, es Jorge David, reiteran los padres de los adolescentes. Jorge tiene una edad mental entre cinco y ocho años, indicaron los especialistas.

Ellos sí estuvieron en la audiencia el miércoles pasado, desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, pero regresaron a conocer la sentencia hasta el viernes.

“Se nos hizo bien, salió en el periódico (la sentencia) y pues está bien, por seguridad de ellos”, dice Claudia, de quien los especialistas (psicóloga, neuróloga y otros) que han contribuido en el juicio, han referido que tiene cierto grado de retraso mental.

Dicen que han acudido a terapias en el centro de psicología del ayuntamiento y aseguran que sí les ha ayudado, que se sienten preparados para el día que les entreguen a sus hijos. “Ya andamos mejor”, dice Claudia.

Los nueve meses que han transcurrido desde el crimen que cometieron, ha ido difícil para los papás, dicen ambos. “Hay veces que no le dan ganas a uno ni de ir a trabajar”, dice Gregorio, quien ha preferido dedicarse a la construcción para tener tiempo de ir a ver a sus hijos.

“A mí sí se me hace muy feo todo lo que ha pasado. Con Lalo (Jorge Eduardo) ya vamos a estar en uno o dos meses, porque dijeron que él tiene que estar con nosotros porque tiene lagunas mentales”, externa Claudia.

Con la terapia, Claudia asegura que cambió mucho porque era muy intolerante con sus hijos y Gregorio indica que ya no sale mucho. “De mi jale a la casa, he cambiado mucho, por ejemplo yo estaba mal por las borracheras”, “y no lo niega”, le responde Claudia, quien acepta que ella tiene su genio.

Ambos dicen que ahora ven con más esperanza la vida. “Antes como que me hablaba él y luego me hablaban los niños, y me ponía de genio”, insiste Claudia.

Contentos, cuentan que Valeria, quien era la más agresiva y días antes de lo sucedido le gritó a su papá que “ojalá se muriera”, es más cariñosa.

“Hablan con nosotros, ahora son más cariñosos. Valeria estaba muy agresiva pero está muy cambiada, quiere quedarse más tiempo allá, dice que porque van pastores allá (al albergue) y todo. Hasta quiere estudiar para psicóloga. Se me hace bien raro porque ahora llevamos a Edwin (el gemelo de Irving) y lo abraza mucho y antes no era nada cariñosa”, detalla Claudia.
De Jorge, su mamá dice emocionada que “ahora no le para la boca”, luego de que por su retraso, casi no hablaba. “Ya se le oye muy bonita la voz, ahora no le para la boca. Se carcajea bien bonito”.

Según el diagnóstico que hicieron los especialistas, en el caso de Jorge y sus papás, es que Gregorio consume bebidas embriagantes y en el hogar tienen o tenían problemas de violencia recíproca en la relación de pareja. Los hijos pasaban la mayor parte del tiempo en la calle y Jorge Eduardo es analfabeta pero aun así, se graduó de primaria.

Jorge y Valeria tienen una relación estrecha, los dos consumían marihuana con frecuencia y en ocasiones, también alcohol. El adolescente sólo pronunciaba monosílabos, pero con su mamá platica de manera fluida, indicaron en el informe.

Los tres hermanos y Alma Leticia, perdieron un año de escuela y esperan que ya sentenciados, puedan continuar sus estudios.

Irving y su gemelo Edwin, quien vive con sus papás y también tiene retraso mental pero no lo han podido inscribir en un centro de atención de educación especial, concluyeron la primaria el año pasado. Claudia recibió el certificado de Irving y lo tiene guardado.

Proceso

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