Marcelo Montiel y su mapache: Sedesol en campaña

Impura su mano, negra su alma, Víctor Rodríguez Gallegos siempre ha sido un mapache de Marcelo Montiel Montiel, timador de incautos, a su alcance Sedesol y sus recursos, millones en efectivo y otros millones en especie que sirven, principal y por encima de todo, para el fraude electoral.

Pueden no aparecer en el video de Boca del Río. Pueden ser ajenos a Manzur, a Pablo Anaya, a Zarrabal, al mismo Javier Duarte y al propio Fidel Herrera Beltrán. Pueden tener, como los truhanes de alta escuela, su propio historial. Pero Marcelo y sus cortesanos también saben robar elecciones.

Sedesol en sus manos ha servido para construir un voto duro, el voto cautivo, el pago a los olvidados, la migaja a los necesitados, para garantizar la vigencia del PRI.

Ha sido la misión de Víctor Rodríguez, el alfil más cercano, el más utilitario, el que advierte cómo piensa Marcelo Montiel, el que va un paso adelante, lo interpreta, le opera políticamente y maquilla las finanzas, los negocios, las transas, del delegado de la Secretaría de Desarrollo Social en Veracruz.

Mapache de lujo, Víctor Rodríguez no es un improvisado ni un arribista. Ya usaba los programas sociales cuando Marcelo Montiel era alcalde de Coatzacoalcos por primera vez, entre 2000 y 2004. A él se le encomendó esa función. Destinaba los apoyos a una base social que debía crecer. Nacía así, con los recursos federales a su antojo, el marcelismo que a la postre se adueñó de Coatzacoalcos.

Pasó más tarde por el Congreso de Veracruz con su jefe y mentor. Y regresó en 2008 a la alcaldía para operar en colonias de Coatzacoalcos, en las congregaciones, en los ejidos, desde la Secretaría de Gobierno del ayuntamiento local.

Luego todo fue Sedesol.

Marcelo Montiel le dio a su mapache estatus y pedigrí. Lo hizo jefe de la Unidad Administrativa de la Sedesol estatal, a su alcance los recursos de Adelante, los programas sociales con recursos del gobierno de Veracruz y los de carácter federal que por convenio Federación-Estado tenían que aplicarse en la entidad.

Se saben mil historias del mapache de Marcelo. Una de ellas fue escándalo nacional. Ocurrió en 2013, cuando Veracruz era escenario de campaña, las alcaldías y el Congreso estatal en disputa, el avance del PAN y los Yunes azules para someter a Javier Duarte, acabar prematuramente con su sexenio, echarlo del poder desde la Legislatura estatal.

Una tarde, el sábado 25 de mayo, fue detectado un camión torton con 16 toneladas de cemento. Debían ser entregadas en la colonia Electricistas, en la periferia de Coatzacoalcos. Lo bloquearon los panistas, acudió el Mando Único Policial, miembros de la Naval con el rostro cubierto, se concentró la prensa, se descubrió que era parte del fraude electoral.

Era cemento del programa Piso Firme. Tenía una supuesta noble intención, pero encubría una trastada electoral del marcelismo, pues aterrizaba recursos federales en tiempos de campaña, alevoso el operativo, impúdicas las formas de actuar.

Llevaba filo la maniobra marcelista. Su candidato a la alcaldía era Joaquín Caballero Rosiñol, y con él en la presidencia municipal, recuperaba Marcelo Montiel la plaza política, recursos y presupuestos, obras y favores. Iluso Marcelo, eso suponía, sin contar con que dos años después, Caballero lo habría de traicionar.

Dos días antes del sainete del cemento, había comenzado la veda electoral. Impedía la ley que las dependencias realizaran acciones, que aterrizaran beneficios, que impactaran con recursos a sectores de la sociedad. Hacerlo era un delito.

Pero a Marcelo Montiel y a su mapache no les inquieta violar la ley. Enviaron no uno sino 34 cargamentos de cemento del programa Piso Firme a todo Veracruz, de los cuales se pagó 194 millones de pesos en fletes.

Consta así en un voluminoso expediente en que aparecen las firmas de tres alfiles del marcelismo: Víctor Rodríguez Gallegos, Segundo Grajales Lagunes y Carlos de la Rosa López, jefe de la Unidad Administrativa, secretario técnico y director jurídico de la Sedesol estatal, respectivamente.

Es propio de Víctor Rodríguez el desparpajo político. Ya en la Sedesol federal, nombrado Marcelo Montiel delegado en Veracruz, ha seguido la mecánica de la audacia y el descaro.

Quería ser candidato a la diputación federal por Coatzacoalcos. Viajaba a menudo a su tierra. Visitaba el distrito. Iba a colonias, a ejidos, a otros municipios del distrito.

Sin imagen, sin estar posicionado, sin latirle a los colonos, tuvo que inventarse como padrino de generaciones de estudiantes, solventar la fiesta, tomarse la foto, publicitarla y suponer que así ya tenía en voto de unos cuantos.

Apadrinó también carreras atléticas. Repartía libros y útiles escolares en Agua Dulce, en la zona rural, en el área marginada, sin sorprender a nadie, pues los habitantes se irritaban al observar que no tomaba en cuenta los problemas que le eran planteados.

Su debacle fue el 7 de enero pasado. No le sería admitido su registro como candidato a diputado federal por el distrito de Coatzacoalcos. En un abrir y cerrar de ojos, su proyecto se esfumó.

Vuelve ahora a escena. Pacta Marcelo con el gobernador Javier Duarte y le acepta las migajas del pastel. No le tramita la dirigencia del PRI. No le da la CNOP. No le ve tamaños para nada que pudiera suponer una reivindicación, fallida la operación cicatriz.

Le reservan a Víctor Rodríguez el Movimiento Territorial del PRI. Equivale a nada. No es un sector. Es un fantasma en el escenario priísta.

Lo acusa la candidata del Movimiento de Regeneración Nacional a diputada federal por Coatzacoalcos, Rocío Nahle García, que desde el MT habrá de operar los recursos federales para los candidatos priístas. Le da, pues, estatura de mapache.

De esa condición no ha pasado Víctor Rodríguez. Pudo ostentar una subdelegación en la Sedesol federal en Veracruz. Pudo ser el financiero en la Sedesol estatal. Y salió de ahí a retomar su nivel, el de un mapache electoral.

Trataba Víctor Rodríguez con el gobernador Javier Duarte. Dialogaba con secretarios de gabinete, directores de área, jefes de departamento, diputados y alcaldes. Y al final sólo sirve para usar los recursos federales y auspiciar el fraude electoral.

Ser mapache es ser delincuente electoral. Marcelo Montiel lo sabe. No lo evita porque para su proyecto de poder, un mapache como Víctor Rodríguez es pieza fundamental.

Arañó el cielo el mapache. Terció con la élite del poder. Usó Sedesol para hacer carrera. Pero vuelve a sus orígenes, al uso de los programas sociales para darle al PRI triunfos robados.

Sedesol no tiene nobleza. Lo usan los ladrones de elecciones para ganar. Lo usa Marcelo Montiel y sus mapaches para obtener votos. Lo usan como base de un proyecto de poder.

Sedesol anda en campaña. De eso se encarga Marcelo Montiel y su mapache.

(Con información de mussiocardenas.com)

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