Mario Aburto no será indultado; las dudas sobre el asesino de Colosio siguen, 21 años después

Mario Aburto Martínez, asesino confeso de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República en 1994, no será indultado por lo menos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

En el último semestre, SinEmbargo realizó una serie de preguntas al Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPR) de la Comisión Nacional de Seguridad, a través del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), sobre el reo a quien el Estado acusa de asesinar de un solo disparo a Colosio Murrieta.

Este diario digital no encontró evidencia de que haya un mecanismo para la reapertura del expediente (con una nueva averiguación) o algún proceso jurídico encaminado a la liberación de Aburto Martínez, como el indulto, que sólo puede otorgar el Jefe del Ejecutivo. Sobre cuándo saldrá de prisión, el OADPR respondió que el asesino confeso del candidato compurgará su pena el 23 de marzo de 2039; es decir, dentro de 24 años a partir de hoy.

Se trata de la misma fecha que obtuvo después de apelar su sentencia, el 10 de octubre de 2004, de acuerdo con los registros de la Subprocuraduría de Control Regional, Procesos Penales y Amparo de la Procuraduría General de la República (PGR).

En abril de 2013, los padres de Mario Aburto Martínez, Rubén y María Luisa, le enviaron una carta al Presidente Enrique Peña Nieto en la que le pidieron la reapertura del caso Colosio. El diario La Jornada publicó ese mismo año partes del contenido de la misiva:

“Como padres de Mario Aburto le rogamos que escuche nuestras súplicas y tenga la voluntad política y moral de reabrir y esclarecer el caso Colosio para que nuestro hijo obtenga su pronta libertad, ya que sus antecesores no cumplieron con lo prometido. Ya somos personas de avanzada edad y lo único que deseamos antes de morir es ver a nuestro hijo en libertad.

(…) Nuestro hijo fue encarcelado injustamente sin pruebas contundentes de que fue él el ejecutor del crimen y que tampoco se sabe en qué contexto sucedieron las cosas (…). Confiamos en que usted, señor Presidente, no sea el quinto Presidente de la República Mexicana que hace caso omiso a nuestras súplicas y que usted apoyará nuestra causa”.

Por lo pronto, el caso sigue intacto. En 21 años, el interno ha pasado por tres penales en diferentes sitios de la República Mexicana. Ahora se encuentra en el Centro Federal de Readaptación Social No. 6 “Sureste” de Huimanguillo, Tabasco.

Venía del Cefereso número 2, Occidente (en aquel tiempo, conocido como Puente Grande) de Jalisco adonde ingresó el 12 de octubre de 2004. Antes, estuvo en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 1, entonces llamado de Almoloya de Juárez, Estado de México donde fue recluido un día después del asesinato.

Y a pesar de que en 21 años ha mostrado buena conducta y jamás ha participado en reyertas dentro de los centros penitenciarios por los que ha pasado, su personalidad aún está considerada como “agresiva”. Una de las pruebas que exhibió el OADPR de que Mario Aburto se encuentra vivo fue la lista de asistencia al Programa de Intervención Cognitivo Conductual el 27 de enero de 2015 para internos con “conductas agresivas”. Abundó que el interno participó en el tema “Reestructuración Cognitiva”.

También expuso la constancia de la conclusión de 26 temas del Programa de la Asociación de Superación por México (ASUME) en octubre de 2014; la constancia del Taller “Ventana al Mundo” del 2 de abril al 26 de agosto de 2014; la lista de asistencia al “Programa de Activación Física y Deporte; la constancia de “Atención Psicológica Individual del 7 de enero de 2015; la lista de asistencia a la “Actividad de Ludoteca de agosto de 2014 a enero de 2015 y la cédula de inscripción a un taller complementario.

En cuanto a lo que come, el OADPR sostuvo que Aburto Martínez recibe “una alimentación nutritiva, balanceada, higiénica y en buen estado”. Que esa es la alimentación “que se otorga en general a la población penitenciaria federal, la cual se compone por tres tiempos de alimento (desayuno, comida, cena)”. Que en cada uno se incluye guisado y complementos, dependiendo del tipo de preparación, así como tortillas, agua de sabor y postre. Que en cuanto a la distribución nutricional se incluyen alimentos de cada uno de los grupos alimenticios comprendidos por alimentos de origen animal, cereales y tubérculos, leguminosas, frutas, verduras “cubriendo la demanda diaria de macronutrimentos (carbohidratos, proteínas y lípidos) y micronutrimentos (vitaminas y minerales), que un individuo en edad adulta y estado fisiológico normal requiere”.

PERO, ¿Y ESTE ROSARIO DE DUDAS?

¿Realmente existe una sola persona llamada Mario Aburto Martínez? ¿No será que hay dos Aburtos y los turnan a conveniencia? ¿Cuántos Aburtos hay? ¿Uno, dos tres, cuatro …? ¿Habrán asesinado a Aburto Martínez otros reos y su cadáver está escondido? ¿No será que no sólo lo mataron; sino que lo desaparecieron? ¿Por qué cuando se le ha cambiado de penal no ha sido presentado ante los medios? ¿Por qué no hay fotos de cómo es en estos días Mario Aburto Martínez?

Estas son sólo algunas preguntas del rosario de dudas que se ha dejado caer sobre la extinta Secretaría de Seguridad Pública, la PGR y el OADPR en los últimos diez años a través del IFAI. De esta forma, la historia del reo Mario Aburto Martínez es uno de los casos que en los informes del órgano de la Transparencia Mexicana aparece como el más solicitado; pero también como uno de los que guarda más huecos y decenas de negativas.

Por ejemplo, Sin Embargo solicitó el dato de cuánto pesa Mario Aburto Martínez como prueba de que el reo al que no se le ha visto en los últimos veinte años goce de salud. Pero la Coordinación General de los Centros Federales indicó que esa información era “confidencial”. Dijo también que de acuerdo con los artículos 28 y 29 del Reglamento de los Centros Federales de Readaptación Social se establece que a todo interno se le abre un expediente único al momento de ingresar a un Centro Federal y los datos o constancias tendrán ese carácter.

Después de su presentación ante los medios de comunicación, el 25 de marzo de 1994, y ya recluido en el penal de Almoloya de Juárez, se abrió el abanico de incógnitas. Se dijo que su fisonomía era distinta; que el cuello de quien estaba en la prisión era más ancho; que existían diferencias en la forma del rostro, complexión, estatura, características de orejas y nariz, posición de ojos, cejas y labios.

Se cuestionó el corte de cabello y bigote. Se señaló que el Mario Aburto aprehendido en Lomas Taurinas tenía un lunar en el rostro que no aparecía en la cara del Mario Aburto recluido en el penal (entonces llamado) de Almoloya; que quien efectuó el disparo que mató a Colosio traía una correa de reloj negra en la mano derecha, mientras que el del aprehendido era plateado.

Aunque la investigación oficial haya concluido y se mantenga bajo resguardo en la bóveda del Archivo General de la Nación, la sospecha –jamás la claridad o la satisfacción– ha sido la marca de esta oscura trama. Tres fiscales y un subprocurador, además de una inversión de millones de pesos, arrojaron una verdad jurídica: no hubo conspiración y esta muerte se debió al impulso de un solo hombre, Mario Aburto Martínez.

Pero apenas se desempolva el tomo II de los cuatro que tiene el Informe de la Investigación del homicidio del licenciado Colosio Murrieta, elaborado por la Subprocuraduría Especial que se formó para el caso, se encuentra que 21 años después de los acontecimientos de Lomas Taurinas, las dudas están vivas. El informe fue guardado con preguntas latientes. El mismo documento lo reconoce:

“Una de las sospechas e inquietudes más persistentes ha sido la relacionada con la identidad de quien atentó contra la vida del licenciado… La aprehensión inmediata en el lugar de los hechos del sujeto que se identificó como Mario Aburto Martínez y su detención en la entonces Subdelegación de la Procuraduría General de la República no daban lugar a duda alguna. Sin embargo, su posterior presentación a la opinión pública y a los medios de comunicación en el penal de Almoloya despertó la sospecha. Sus aparentes diferencias físicas y el corte de cabello y bigote a su ingreso al penal generaron la idea de que la persona aprehendida en Lomas Taurinas supuestamente fue sustituida por la que se presentó en Almoloya”.

En 2000 –seis años después del asesinato- la duda respecto a la identidad de Mario Aburto Martínez persistía, por lo que la Subprocuraduría Especial replanteó el análisis. Dado que la sospecha tuvo origen en las imágenes difundidas por la prensa y televisión, esa subprocuraduría retomó las fotografías y los videos de Aburto Martínez en diferentes momentos.

UNA DUDA: EL CUELLO NO ES EL MISMO

La persona presentada por primera vez a los medios de comunicación tenía el cuello más ancho que el de la persona aprehendida en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, donde mataron a Luis Donaldo Colosio Murrieta. En el expediente se reconoce ello como “discordancia visual”. De modo que la Subprocuraduría especializada en el caso analizó imágenes de varios instantes: los inmediatos a los hechos, en Lomas Taurinas; los de la presentación en la Subdelegación de la PGR en Tijuana, el 23 de marzo; los del evento ante ante los medios de comunicación en el penal de Almoloya el 25 de marzo de 1994 y los de Aburto como recluso el 29 de marzo de 1994.

Y esto asentó: “Al tratar de aplicar la técnica de somatometría facial, se observó que en apariencia las características del sujeto analizado eran discordantes, pero esto ocurre regularmente, máxime cuando las imágenes fueron captadas en diferentes circunstancias. Así es que se consideró a los factores propios de la fotografía y del video como los causantes de esta distorsión de las características formales, cromáticas y métricas.

Cabe aclarar que estos factores pueden ser: la cantidad y calidad de iluminación; el tipo de lente; el ángulo de incidencia respecto de la toma; la posición del sujeto y la distancia de la cámara. Asimismo, influye que toda imagen es bidimensional, lo cual impide precisar la profundidad de los objetos observados en ella”.

Como causa de que en las imágenes, el cuello se haya visto diferente, el expediente arroja que se debe a “la posición de su cuerpo respecto a su cabeza”. Dice que Aburto –el que ingresó al penal de Almoloya de Juárez en el Estado de México en 1994- desplazó “su región cefálica hacia atrás, en tanto que la posición de la cabeza del sujeto de la otra imagen era vertical, aunque también a ello se aúna un inconveniente técnico: la iluminación”.

Se lee en el expediente que en las imágenes del 25 de marzo de 1994, la proyección de la luz que incidió sobre la cara y el cuello de Aburto Martínez provocó sombras a sus costados.

¿Y LA ESTATURA?

El expediente también fue guardado con esta duda. Esta surgió porque en dos peritajes de la PGJDF se consignaron datos diferentes respecto a la estatura. En uno, Mario Aburto Martínez medía un metro con ochenta centímetros. En otro, elaborado en la misma dependencia, tenía de un metro setenta centímetros.

El expediente admite que esto sugirió que no era el mismo individuo. Y dice también que los dictámenes los firmaron las mismas personas. Pero luego, la duda se dirime –según esa Subprocuraduría- porque “por simple observación de las fotografías, consignaron la estatura que les pareció más adecuada, según su particular apreciación, y esto generó confusión”.

EL LUNAR

Cuando Luis Donaldo Colosio Murrieta cayó por un balazo en Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California, un video captó la cara y la mejilla del hombre que le puso en la sien una pistola y le disparó. En la descripción que se hizo en los periódicos –no hubo uno que no lo hiciera- se dijo que ese hombre tenía un lunar.

Luego, en la Subdelegación de la PGR en Tijuana y en el penal de Almoloya fue presentado un individuo como presunto asesino y no tenía ningún lunar.

El dictamen del 5 de abril de 1998 de la PGR (Aburto ya llevaba cuatro años en prisión) concluyó que aquello que vieron los periodistas eran “manchas de sangre provenientes de las heridas causadas a Mario Aburto en la porción parietal izquierda cuando fue golpeado por la gente al ser detenido en Lomas Taurinas”.

Luego reservaron esta “verdad jurídica”: “La ausencia de estas manchas en las fotografías tomadas tanto en las instalaciones de la PGR en Tijuana como en la prisión de Almoloya fue que el rostro había sido aseado”.

… Y SOBRE EL RELOJ

El expediente guardó lo que llamó “evidencia videográfica”. Respecto a ello, en el expediente se indica que cuando Mario Aburto Martínez rindió su declaración ministerial el día de los hechos, se puede apreciar en su mano izquierda el mismo anillo que porta el sujeto que fue detenido en Lomas Taurinas. Y aunque un subcapítulo del Informe está titulado como “Sospecha sobre la supuesta correa de reloj”, de la diferencia del color de la correa no dice más.

(Con información de Sin Embargo)

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