Megamarcha contra mini Duarte

“No hay arma más letal que un tonto con poder”, Arjona

Eran, desde luego otros tiempos.

Para siempre, sin embargo, quedaría marcado el régimen represor y asesino de Gustavo Díaz Ordaz, quien baño a la república en 1968 de sangre.

Y pensar que todo comenzó con una tontería como todos los hitos de nuestra historia.

Un 23 de julio de 1968 un grupo de estudiantes de la Vocacional 5 chocaron a golpes con los de la preparatoria Issac Ochoterena, en la Ciudadela.

El asunto no pasaría a mayor salvo que para dominar la reyerta los granaderos se metieron al claustro universitario y propinaron tremenda golpiza a la chamacada.

Así, el 26 de julio en el marco de la revolución cubana y en solidaridad a los estudiantes agredidos salieron a marchar por las calles de la ciudad de México, centenares de estudiantes a quienes de nuevo la policía los tundió.

Fue tal la agresión que pararon clases las universidades y el politécnico nacional. Se sumaron además en una megamarcha, la del desagravio, las autoridades de la UNAM, encabezadas por el rector Javier Barros Sierra.

El asunto concluyó el 2 de octubre con la matanza de Tlatelolco.

En Veracruz, guardada proporción algo similar está sucediendo producto de la impericia y repetidos berrinches del señor gobernador Javier Duarte, quien no solo se niega a pagar los 2 mil 100 millones de pesos que le adeuda a la Universidad Veracruzana, sino que además les reclama que más bien la UV es la que le debe al gobierno.

¡Vaya insensatez!

Hoy la Universidad está en serio riesgo de cerrar sus puertas por insolvencia.

Por ello el airado reclamo se tradujo en una primera instancia en una guerra epistolar entre la rectora Sara Ladrón de Guevara, a quien le asiste la razón y el gobernador Duarte, quien no explica donde carambas está el dinero… en qué bolsa quedó, pues.

Después vinieron los reclamos callejeros.

En repetidas ocasiones la UV ha salido a las calles, en las mismas que le importa un soberano cacahuate al gobierno o a finanzas estatales que actúa de manera autista.

Asimismo en un sinfín de ocasiones se ha manifestado la comunidad universitaria nacional e internacional de cara a la indolencia del gobierno estatal como respuesta.

La opinión pública, los intelectuales, el magisterio universitario y todo mundo con dos dedos de inteligencia ha reclamado, pero Duarte, como dirían los clásicos, no ve ni oye.

Preocupa por tanto no el desapego de las autoridades estatales, sino el abandono de la federación al reclamo. Es acaso que tanto Peña Nieto como Duarte estudiaron en universidades pirrurris y les vale madre lo que sucede con el infelizaje universitario o es acaso esa complicidad que se traen desde hace tres años estos personajes.

¿Qué tanto le sabe el uno al otro que se cubren? ¿Es acaso verdad eso de los 10 mil millones que aportó Veracruz a la campaña presidencial?

Son muchos los rumores, pero una la verdad la que nos lacera, el saqueo de Veracruz.

Lo de la UV no es un asunto menor.

En cualquier momento seguirá creciendo y entonces ya nadie podrá pararlo.

Recordemos a la Nicolaita de Michoacán que encendió la mecha de la revolución universitaria en la década de los setenta cuando echaron a patadas al candidato presidencial Luis Echeverría y no olvidemos el 68 que sumó a las cacerolistas, a los campesinos desposeídos, a la burocracia abandonada, a ejércitos de desempleados y a esa oleada de jóvenes valientes que salieron a la lucha con solo un arma, sus libros.

Este jueves habrá una manifestación de fuerza de la UV y el pueblo veracruzanos.

Está bien que sus funcionarios se metan debajo del escritorio porque el miedo no anda en burro, pero cuidado, un disparo de los francotiradores apostados en los altos de Palacio de Gobierno y los edificios públicos puede desatar la caída no de un gobierno, sino del régimen federal.

En Paris en 1968, ese mayo caliente cuando más de 20 mil estudiantes salieron a la calle y fueron seriamente reprimidos, el gobierno francés colapsó. Cambiarían las reglas de gobierno para siempre. Charles de Gaulle, su presidente, iría al referéndum que lo pondría en la calle en 1969 y un año después fallecería de un aneurisma.

En Veracruz nada ni nadie tumba a su gobernante ¿Cuál será la magia que lo envuelve o, más bien, cuál es la maldición que nos azota a más de ocho millones de veracruzanos que pagamos con sangre y pobreza la permanencia en el poder de este grupo que llegó en el 2004?

Sucederá, sin embargo, la megamarcha.

Los pueblos jamás se cansarán de reclamar por la justicia social. Guste o no el pueblo veracruzano, su cultura e inteligencia de sus mejores hombres marcharan por las añosas calles llenas de historia para reclamar por sus derechos y fustigar al déspota.

Y acaso no pase nada pero cuando suceda, como en toda lucha social victoriosa, la gente saldrá a las calles a celebrar el triunfo de la justicia y el advenimiento de la democracia.

Solo es cuestión de tiempo.

Tiempo al tiempo.

Por: Édgar Hernández *Premio Nacional de Periodismo

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