Mercancía o derecho

Mercancía o derecho

La herencia de los regímenes anteriores dejó una inercia hacia la privatización educativa que no puede detenerse aún

Por José Páramo Castro

Hoy comienzan las clases para millones de alumnos de todas las edades. México es un país multicultural, que debe contar con una educación acorde con la idiosincrasia de todos y cada uno de quienes nacemos o habitamos el territorio nacional; sin embargo, la opción de la educación privada no deja de ser una tentación para quienes pueden pagar las colegiaturas.

Un ejemplo claro es la UNAM, una de las mejores universidades del mundo. Institución que se marginó de los hijos de los funcionarios públicos del pasado. Ahora, ante la reivindicación de la educación pública, el interés del gobierno por darle mayores impulsos, vuelve a estar en los medios la información sobre su calidad.

Sin embargo, todavía podemos escuchar que si se habla de una buena universidad o de una buena escuela, rara vez se habla de una institución de educación pública.

Mientras este debate se ventila en los medios encontramos que hay quienes hacen de un derecho una mercancía. Es decir, las escuelas privadas suben sus colegiaturas sin control, se convierten en mercenarios de una necesidad de la población que no por tener un nivel económico más alto que la mayoría deben regalar su dinero, pero, sobre todo, no recibir nada bueno a cambio.

Porque muchas instituciones de educación privada sólo ofrecen estatus, es decir, las colegiaturas caras como garantía de buena educación, y, no falta algún padre de familia ingenuo que considere que con pagar más por la educación de sus hijos tendrán una preparación mejor.

Es verdad que la escuela pública depende del gobierno que dejaron otros en quiebra; sin embargo, deben entender algunos que la educación pública no es gratuita, ya se pagó con los impuestos que paga toda la población.

Sin embargo, la educación pública debe padecer las limitaciones de un presupuesto que debe rendir para todo, a pesar del latrocinio de los anteriores gobernantes, sobre todo en educación donde, por ejemplo, la SEP gastó más en publicitar a Aurelio Nuño que en nuevos programas educativos.

Aurelio Nuño, quien fuera coordinador de la campaña presidencial de José AntonioMeade, gastó en sólo un año en publicidad 2,680 por ciento superior a lo aprobado. Esa era la reforma educativa del priismo.

Aurelio Nuño es egresado de una universidad privada y con postgrado en el extranjero. Poco pudo aportar en una responsabilidad tan trascendente. Sólo utilizó el cargo para promoverse, con el apoyo de su jefe.

Con una educación sin presupuesto deben hacerse esfuerzos titánicos para resolver muchos de los problemas que en su momento son cruciales para el desarrollo del país.

Por si fuera poco, los jerarcas de la educación privada empujan presiones políticas y sociales para continuar con el proceso de privatización de la educación, que inició con los regímenes priistas y panistas.

La educación es la base del futuro. Pero, mientras en las escuelas privadas entrenan a los alumnos a ser líderes y pelear el mercado laboral de manera individualista; en las universidades públicas trabajan en equipo y cuentan con un valor de universalidad al entender que también tienen un compromiso social, por el simple hecho de haber sido de los privilegiados de contar con una instrucción superior de calidad.

Es decir, la política educativa está enfrentada entre los sistemas particulares y públicos, con raíces evidentemente ideológicas y objetivos claramente antagónicos. Mientras el sector público lucha por darle mayor matrícula a los niños y jóvenes del país, la privada se organiza para crear frentes de guerra contra la educación pública, mostrar la ficticia ventaja de la educación privada que termina por crear, aparentemente, individuos sin ideología.

Se desconoce en esos sitios que carecen de ideología hace a las personas más vulnerables de ser manipuladas y finalmente se vuelven marionetas de ideas que ellos mismos ignoran su origen y sus objetivos.

Mientras en el mundo se busca la relación de universitario con su comunidad, su conexión de servicio, en México se piensa en el negocio que deja al descubierto una serie de intereses, como el surgido de la Asociación Mexicanos Primero, que dio la batalla por la privatización de la educación a ultranza y sigue pretendiendo revertir las disposiciones de un gobierno que piensa en la gente para seguir entregando la enseñanza en manos de empresarios.

La educación se ha convertido en la base de entrenamiento ideológico en las universidades privadas y las que le anteceden dentro de este mismo rubro. Podemos ver al Instituto Tecnológico Autónomo de México, cuyo principal socio es nada menos que el salinista Pedro Aspe Armella, exsecretario de Hacienda, de donde han salido personajes de oscura conducta profesional y poco talento como operador político, como Luis Videgaray, quien fue el instrumentador de la corrupción y la ruina económica de la administración pública, en un proceso de individualismo donde nada ni nadie podía influir a pesar de que su responsabilidad consistía en servir y lo que hizo fue servirse.

Así, la educación privada tiene ya en varias universidades una manera de formar entes de un profundo individualismo, quienes a pesar de que intenten inscribirse en la administración pública su tendencia es precisamente pensar primero en su persona y después en los demás, incluso su propia responsabilidad es relegada ante el beneficio propio, como lo han demostrado muchos servidores públicos en el pasado.

Podemos afirmar que el principio que mueve a la corrupción es precisamente el individualismo.

Dentro de este esquema de formación política en las diferentes universidades encontramos que lo aprendido deja mucho que desear y lo básico es el adoctrinamiento que puede acabar con el país si se le sigue abriendo las puertas de los cargos públicos.

Pero, al mismo tiempo es urgentemente necesario que haya en la educación pública calidad. Simplemente en la primaria, hay todavía escuelas en ruinas que no han podido ser reconstruidas, los maestros rurales siguen con bajos salarios, sus organizaciones sindicales oscilan entre un oficialismo añejo, antiguo y decadente y el radicalismo oportunista que quiere beneficios personales en nombre de sus derechos laborales.

La educación es la prioridad de México. Así lo consideraron países como Japón y Alemania, donde, a pesar de haber perdido la guerra destinaron el mayor presupuesto a este rubro, sin importar las críticas de adentro y de afuera. La educación es primero, porque con ello habrá la suficiente información para enfermarse menos y para no caer en manos de una manipulación individualista que en México no tiene cabida, por su historia, su idiosincrasia, su cultura, su situación económica y geográfica.

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