Moisés Sánchez: lo que no le cuadra al fiscal

Un detalle, sólo un detalle, hace pensar que Luis Ángel Bravo Contreras no está en lo que debe estar. Anda volando, apretujado entre la PGR y Artículo 19, entre Carmen Aristegui y la prensa crítica local. Se fragmenta entre la figura de Moisés Sánchez Cerezo, al que dio por muerto, y una prueba de ADN que debió realizar antes de armar su show luctuoso.

“ENERO 2014”. La frase se lee en tres diapositivas con que sustentó el fiscal veracruzano el relato leído ante la prensa, la noche del domingo 25 para decir que el periodista está muerto. Las imágenes son del paraje de Jamapa, municipio de Manlio Fabio Altamirano. Es de noche. Se puede observar la carretera y el campo, los agentes buscando al periodista de Medellín de Bravo.

“ENERO 2014”. Se ve la etiqueta en el retrato del tipo detenido, Clemente Noé Rodríguez Martínez, en su confesión, supuestamente firmando el documento que lo incrimina, vestido con el chaleco verde limón con el que luego se le observa en un video relatando cómo plagiaron al director del semanario “La Unión”, cómo lo degollaron, cómo lo embolsaron, cómo lo tiraron a orillas de la carretera, cómo les pidió el trabajo “Meneses”, el chofer del alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes.

¿Fue en enero de 2014 o en enero de 2015? ¿Son fotografías del momento en que llegaron al lugar del hallazgo o corresponde a gráficas de un evento anterior? ¿Es un hecho genuino o es un montaje muy propio del fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”?

No es ese el único detalle que fractura la versión oficial del levantón, tortura y muerte del periodista Moisés Sánchez. Su pieza clave, Clemente Noé Rodríguez Martínez, uno de los sicarios, describe hechos y puntualiza con palabras teatralmente remarcadas el nombre del alcalde panista Omar Cruz Reyes. Sólo le faltó decir: autor intelectual y C. Excelentísimo Presidente Municipal. Se advierte el especial cuidado al referirse al edil.

No dice Proculín a cuál averiguación previa se refiere su relato; si es a la que abrió a la organización Artículo 19 o a las “averiguaciones paralelas”, a las que se refirió cuando lo entrevistó Carmen Aristegui, el miércoles 21.

Un día después, la familia de Moisés Sánchez Cerezo se resiste a creer en la versión oficial. “El cuerpo no se parece”, dice su hijo Jorge Sánchez Ordóñez.

Exigen la prueba de ADN que Bravo Contreras obvió por la premura, alertado que la Procuraduría General de la República habría de atraer el caso. Jesús Murillo Karam, titular de la PGR, dijo que “no nos sirve” la investigación realizada en Veracruz. Reporteros Sin Fronteras instó a seguir la pista del crimen organizado. Artículo 19 reprochó: la investigación es una simulación y nadie está buscando a Moisés Sánchez.

Le urgía al procurador de Veracruz cerrar la parte jurídica del caso. No acreditó su versión con la familia del periodista. Los dejó en ascuas. Postergó la prueba de ADN y citó a la prensa y dio por muerto a Moisés Sánchez. Le bastó hidratarle el dedo a un cadáver descompuesto, con 22 días sin vida, y comparar su huella con la huella estampada en el acta de matrimonio del periodista. ¿Eso es seriedad y rigor judicial?

“Culín” es descuidado. Sus telenovelas carecen de lógica. Quienes han tenido acceso al expediente advierten que lo dicho por Noé Rodríguez está plagado de contradicciones, lagunas, inexactitudes, vaguedades. No coinciden el testimonio del sicario con el de otros interrogados. No resistirá el juicio. Quizá lo condene la justicia veracruzana, pero con un amparo, en manos de la justicia federal, podrá revertir el fallo. Volverá la impunidad, como en el asesinato de Regina Martínez y de Goyo Jiménez, cuyos autores materiales, indiciados por la Procuraduría de Veracruz, están libres o a punto de lograr su libertad.

Cunde el escepticismo. Ni la familia cree que se trate de Moisés Sánchez, ni Artículo 19 se pronuncia sobre la versión oficial. Dice el hijo del periodista que esperarán el resultado de la prueba de ADN. Anuncia Artículo 19 que primero revisarán el contenido del expediente.

¿Es montaje?, se pregunta medio Veracruz.

No corresponde el modus operandi al crimen organizado. Los narcos levantan a sus víctimas, los torturan, los mutilan, les dejan un mensaje y los arrojan donde todos puedan verlas. Su objetivo es dejar constancia de su saña y crueldad. Su mensaje es sembrar terror.

A Moisés Sánchez lo degollaron, lo embolsaron y luego lo arrojaron a orilla de una carretera. Sus verdugos no pretendían dejar constancia de que lo habían mutilado. No enviaron mensaje cifrado.

Con Gregorio Jiménez de la Cruz, el periodista de Notisur, Liberal del Sur y La Red fue igual. Lo levantaron, lo torturaron, lo degollaron y lo sepultaron en una fosa clandestina. Tampoco pretendieron exhibirlo para que se entendiera que el grupo criminal que lo ejecutó mandaba un mensaje a bandas rivales, al gobierno o a la sociedad. Si no se hubiera hallado la fosa, nadie hubiera sabido que fue decapitado.

No es, pues, el modus operandi del narco. Sí lo es de la policía corrupta. A Moisés Sánchez lo sacaron de su casa, se llevaron su computadora y su teléfono celular. Lo mismo hicieron con los tuiteros Gilberto Martínez Vera y Maruchi Bravo Pagola, según versión que corre en el medio periodístico. Pero a ellos los detuvo la policía veracruzana, imputándoles un delito inexistente: perturbación del orden público. Primero los detuvieron y luego les crearon el cargo. Finalmente los tuvieron que liberar.

Fue represión duartista, transgresión a la ley, allanamiento de morada, privación ilegal de la libertad. Es el modus operandi de la policía. Así fue como levantaron a Moisés Sánchez. Fueron ex policías de la Intermunicipal Veracruz-Boca del Río-Medellín o quizá de la estatal.

¿Es montaje?

Artículo 19 revisará el expediente. El Partido Acción Nacional desvirtúa la seriedad del fiscal Bravo Contreras, agobiado por la premura, por la sombra de la PGR, por la tozudez del procurador que sólo se fue con la pista del alcalde vengativo.

A su lado, “Culín” tiene a un artista de la mentira. Enoch Maldonado Caraza es el arquitecto del escenario teatral. El tipo fue quien enturbió y enlodó el caso Regina Martínez, todo a su alcance para negar que a la corresponsal de la revista Proceso la mataron por el contenido de sus escritos periodísticos, sus reportajes demoledores, la narcopolítica, las finanzas quebradas, la debacle social, la violación y asesinato de la indígena Ernestina Ascensión a manos de militares.

Por eso el escepticismo. “Culín” no procura justicia. “Culín” teje historia, excluye lo que no conviene al duartismo, enreda lo que está llano. “Culín” solapa el actuar criminal del grupo antisecuestros, el Grupo Tajín, señalado de tropelías, tortura y muerte.

Por eso no se le cree. Y menos cuando el testimonio de su pieza clave, Clemente Noé Rodríguez Martínez, carece de solidez, se advierte como un guión aprendido, contradictorio con otras declaraciones de otros testigos.

“ENERO 2014”. Así dice la etiqueta en el audiovisual que sustentaba las palabras del procurador Bravo Contreras al revelarle a la prensa que el periodista Moisés Sánchez Cerezo había sido ejecutado desde el mismo día en que lo levantaron, el 2 de enero.

¿Son fotografías de un evento anterior? ¿Es un montaje?

(Con información de MussioCardenas)

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