“Morena es más confiable que el PRI”, Duarte

¡Por corrupto y traidor a su partido se desbarranca!

Fue un miércoles.

No recién había terminado la jornada electoral que destruyó 86 años del hasta entonces imperio priista, cuando el despertar a la cruda realidad mostraba al peor enemigo de la Fidelidad, Miguel Angel Yunes, encaramado en la victoria.

¿Qué pasó?

Congestionado por la ira, gesticulando como niño con juguete destruido, lleno de pánico y con un temor irrefrenable por no ir a la cárcel, Javier Duarte, balbuceaba enrojecido.

Frente a los 34 diputados locales de su partido, todos enjaulados en Casa de Gobierno, el aún gobernador manoteaba.

“A todos ustedes, bola de inútiles, les quiero confesar que, en efecto, me reuní con Andrés Manuel López Obrador, con quien pacté el apoyo a Morena. Y les voy a decir por qué: ustedes no son confiables; ellos tienen palabra, ustedes no; ellos sí cumplen, ustedes no”.

Enmudecidos los diputados solo acertaban a mirarse entre ellos.

Y uno a uno los fue pasando a cuchillo. Reclamándoles el dinero que personalmente les había dado a cambio de que le garantizaran del triunfo en sus correspondientes distritos electorales.

“Tu fallaste, le dijo a Ricardo Ahued. Te la pasaste tomándote fotos con Héctor como si fuera la garantía cuando “ese cabrón es un malhumoriento, soberbio y traicionero”, le dijo a quien por respuesta le dio la espalda y salió presuroso de Casa Veracruz acompañado del diputado David Velasco Chedraui.

Era la segunda vez que maltrataba a Ahued a quien incluso en anterior ocasión lo llamó “¡Pendejo!”.

Flavino Ríos, su fiel escudero, solo balanceaba la cabeza de un lado para otro en señal de desaprobación. Su sumisión, sin embargo, le ganaba amén de ser el perdedor de Mina.

Pocos de los ese día reunidos habían sido testigos cómo ese 5 de junio anterior ya entrada la tarde de las cifras reales que apuntaban a una estrepitosa derrota del PRI y la muerte súbita en la raya de Morena.

Hubo, sin embargo quien si atestiguó cuando Karime Macías cuando arrebató el celular a su esposo para estrellarlo en el piso.

“Vean, no traigo celular. Mi esposa lo destruyó al ya no poder explicar más a México los errores de ustedes”, les diría a los regañados legisladores.

Hubo incluso un diputado, Adolfo Arana, alias el “Fofo”, que se humilló pidiendo perdón: “¡le falle, jefe… le fallé!”, le dijo.

Por respuesta Duarte le gritó “Ni a tu vieja (Ana Rosa Valdés, quien solicitó licencia a la alcaldía de Paso de Ovejas para contender por la diputación que perdió) pudiste hacer que ganará. Eres un perdedor”.

El resto con la cabeza gacha temerosos ante la ira, la misma que desató contra Pedro Montalvo cuando en horas de la madrugada se presentó a la residencia del gobernador para decirle: “¡Señor, perdí!” obteniendo como respuesta una cachetada y luego otra y otra más. Testigo la diputada Marcela Landeta quien recibe como descolón un “¿Y tú que haces aquí. Lárgate. ¿Vete a la chingada!”

“Yo no perdí, perdieron ustedes. Les di todo: posiciones, prebendas, carretadas de dinero a los maestros que solo sirven para manifestarse, pero no para votar. Todo lo que me pidieron y a cambio me devuelven la derrota”.

Javier Duarte hace gestos, imita voces, remeda a quienes le prometieron el edén. Recuerda que previo a la jornada del 5 de junio estuvo con el Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, “quien me preguntó cómo veía las cosas a lo que le respondí ¡Preocupante. Morena está creciendo y el perro anda bravo!”.

“Bueno, pues ya sabes que si gana Miguel Angel te va a llevar a la cárcel y el tema de Morena nos preocupa porque nos afecta para el 18 y a ti también…”, le dijo Osorio, según Duarte.

“A ver, secretario, me quieres decir que ¿si Morena gana ustedes me van a meter a la cárcel?”, repreguntó. La respuesta fue categórica: “¡Tú lo has dicho!”.

“Y todo por culpa de ustedes. A mí que me lleve el diablo, que me lleve el diablo, que me lleve el diablo!”, repitió a los diputados.

En el fondo todo mundo sabía que todo el entramado de derrotas las había gestado el propio Duarte, quien en un afán de atajar a Miguel Angel Yunes y al no coordinar ni llegar a acuerdos con Héctor, se fue por el lado de Morena.

A Morena ayudó con cuantiosos recursos, moviendo victorias priistas y entregando todo el sur a los morenos, excepción de San Andrés Tuxtla por proteger a Vicente Benítez.

Y en ese afán paró la operación electoral misma en favor del PRI.

Simplemente dejó correr a Héctor Yunes y sus aliancistas que terminaron chocando con la estructura priistas. “Para la operación electoral les entregué a la gente de Héctor el dinero de manera personal”.

“Por ello cuando los responsables de la operación electoral me hablaron para que el dinero no les había llegado estando a horas de la elección es que busqué a le gente de Héctor para exigirles me devolvieran el dinero… y sí me lo mandaron, pero que clavaron 25 millones de pesos”

Eso y más es lo que relatan los diputados asistentes a ese caldero del diablo en Casa Veracruz en donde los días por venir serían verdaderamente un infierno ante la presión del ejecutivo por blindarse ante sombrío futuro.

La insistencia por nombrar un Fiscal Anticorrupción a modo, Francisco Portilla Bonilla e integrar una Sala de Magistrados Anticorrupción, dio lugar a cabildeos que terminaron incluso con amenazas de muerte.

A los 34, menos 4 dignos legisladores que no aceptaron, les dieron un millón de pesos para votar en favor de Portilla, amén de prebendas sin límite como es el caso de una diputada que pidió le entregaran la aduana de Veracruz que rinde, por fuera, 15 millones de pesos mensuales, o a ese diputado que pidió hicieran a su mamá, Guadalupe Porras, magistrada anticorrupción, o el que pidió Notarías y cargos de alto nivel para su familia.

A quienes no estuvieron de acuerdo les rogó hasta la humillación sin obtener éxito –a uno se le hincó- y a otros diputados que de manera repetida los llamaba a Casa Veracruz.

En una ocasión, se presentó ante ellos acompañado de su esposa Karime y sus hijos.

Ahí les dijo:

“Van a permitir que su amigo el gobernador vaya a la cárcel. Se imaginan cuando mis hijos le pregunten a su madre ¿por qué está mi papá en la cárcel?”… “¿Eso quieren?”

Mónica Robles fue la única que recogió en su celular toda la historia de “Casa Veracruz”. Ella votó en contra al igual que Gladys Merlín, Ricardo Ahued y David Velasco lo cual obligó al aplazamiento.

Así, luego de una pretendida imposición de los magistrados anticorrupción que habrían de cubrir la salida de Duarte, dio lugar a fuertes presiones y amenazas mismas que concluyeron con la intervención del senador Pepe Yunes, quien obtuvo el respaldo de líder senatorial, Emilio Gamboa Patrón, quien habló con el presidente Enrique Peña Nieto, que dispuso la interposición de una controversia constitucional que paró en seco el afán duartista.

Ese 5 de junio habría de cambiar la vida política de Veracruz de una vez y para siempre.

Hoy Duarte está acorralado. Ya no cuenta con el apoyo presidencial. Tampoco con el de Miguel Alemán a quien en días pasados visitó para pedir por Flavino Ríos, una vez que solicite licencia, una licencia que ya se hizo larga.

Tampoco trae el apoyo de quien lo empinó, Fidel Herrera, está asimismo en la orfandad al abandonarlo el PRI estatal, al igual que el Congreso de la Unión.

Mientras la PGR, vía SEIDO, ya anda tras sus huesos con las pruebas aportadas por la PGR, ASF y el SAT… y la ayuda de Miguel Angel.

Tiempo al tiempo.

Por: Édgar Hernández *Premio Nacional de Periodista

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