Morir en Tierra Blanca

Ser “sospechoso” en Veracruz, cuesta la vida. Los levantan, y los interrogan, y los torturan, y les arrancan el alma. Sólo por “sospechosos”, dice la historia oficial, se muere, resumiendo la tragedia de cinco jóvenes en Tierra Blanca, tierra de muerte, en el violento Veracruz.

Inverosímil la coartada, intenta explicar qué ocurrió a los cinco jóvenes de Playa Vicente, levantados en Tierra Blanca el 11 de enero, víctimas de criminales con uniforme policíaco, matones de Seguridad Pública, que los tomaron para luego entregarlos a otros criminales no menos peores, ni menos perversos.

Dice la verdad histórica que aquel día se consumó una venganza, sin explicar la autoridad, el gobierno federal y la Fiscalía General de Veracruz, el aparato de poder, de qué se vengaron los matarifes, de quién y por qué.

Así teje el gobierno la mentira histórica, retomando una declaración insólita, la del octavo policía detenido por el levantón, desaparición y presunto crimen, Rubén Pérez Andrade, y la vuelve verdad irrefutable, así se perciba la incongruencia, inconexa la razón, el guión peliculesco, la falta de veracidad.

Dice el policía converso al bien, arrepentido y abatido porque el cargo de conciencia es demoledor, según se le esté dispuesto a creer, o así sea el nivel de ingenuidad que agobia a muchos, que los cinco jóvenes fueron entregados a una célula del crimen organizado y ésta les dio muerte.

Viajaban los jóvenes de Veracruz a Playa Vicente, su lugar de origen. Habían disfrutado una semana de vacaciones. Llegaron a Tierra Blanca y ahí comieron. Cargaron combustible y habrían de continuar su marcha. Eso creían pero no.

Ahí los cazó la policía. Una patrulla los siguió, los interceptó, los interrogó. Bajaron del vehículo a sus ocupantes, los subieron a la unidad policíaca y los llevaron a su destino fatal, en el rancho El Limón, en Tlalixcoyan.

Ahí fueron interrogados y torturados. Ya sin vida, los quemaron. Si algo quedó, presuntamente fue molido en un molino de caña y los restos arrojados a un río aledaño al rancho.

¿Alguien lo cree? Quizá Javier Duarte, el gobernador; quizá “Culín”, alias el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras; quizá Arturo Bermúdez, el secretario de Seguridad Pública que provee de policías corruptos a Veracruz.

Interrogados, asesinados, quemados y sus restos diluidos en las aguas de un río, como si Tierra Blanca fuera Ayotzinapa, como si Veracruz fuera la reedición del caso de los 43 normalistas, levantados por la policía, entregados al crimen organizado, sus cuerpos calcinados y lanzados al río.

Dice Proceso en su portal de internet:

“Así lo confirmó el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Roberto Campa Cifrián, en entrevista con Primero Noticias de Televisa con base en las declaraciones de Pérez Andrade, elemento de la Policía de Veracruz detenido el lunes pasado.

“ ‘Los restos, conforme a la información con que se cuenta, fueron quemados, posteriormente fueron molidos, seguramente en un molino de caña y luego fueron tirados a un pequeño río que pasaba por ahí (…) Estos restos se recogieron y se identificaron lo que corresponde a dos personas’, detalló Campa.

“Los restos óseos, agregó, tenían tejido y por ello se pudo hacer la vinculación genética con las huellas de sangre halladas en una camiseta y otra hallada en un árbol.

Pérez Andrade, según la versión del subsecretario Campa, estuvo presente en “todos los momentos clave”, desde la desaparición hasta el trágico final de los jóvenes José Benítez de la O, Mario Arturo Orozco, Alfredo González Díaz, Bernardo Benítez Arróniz y Susana Tapia Garibo.

“Estuvo presente, dijo Campa, en el momento en que informan a su jefe de la detención de los jóvenes, durante el traslado de la gasolinera donde fueron detenidos a un segundo punto y estuvo también en el traslado a un tercer punto donde les hacen a los jóvenes un interrogatorio”.

Luego apunta Proceso:

“ ‘Finalmente está presente (Pérez Andrade) en el Rancho ‘El Limón’ donde los vuelven a interrogar y donde los privan de la vida y está presente en inicio del proceso de desaparición de los cuerpos’, afirmó el funcionario”.

Múltiple tragedia es que que viven sus padres y hermanos. Acusa la “mentira histórica” que a los cinco jóvenes de Playa Vicente los levantaron y asesinaron por venganza. Pero no les acreditan por qué.

“Por separado —agrega Proceso—, en entrevista con Radio Fórmula, José Benitez, padre de uno de los jóvenes desaparecidos y quien tuvo acceso a las declaraciones de Rubén Pérez Andrade, afirmó que a los muchachos los mataron por una venganza.

“ ‘Nos leyeron la declaración de este señor policía donde narra todos los hechos. Él vive todo, nombra a todas las personas que están detenidas, en qué participaron ellas, a dónde los entregan y pasa lo que no queríamos que pasara, nos los matan’.

“ ‘El hombre así lo narra. Nosotros la esperanza no la vamos a perder nunca. Rubén Pérez Andrade narra todos los hechos tal y como fueron, y narra cómo participan ellos en ese evento. Es testigo de que nos matan a los muchachos’, relató el padre de familia.

“Los padres de los jóvenes tuvieron acceso a las declaraciones del policía durante una reunión con el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Roberto Campa Cifrián; el comisionado federal de la Policía Federal (PF), Enrique Francisco Galindo Ceballos, y la fiscal de Investigaciones Ministeriales, Rosario Zamora González.

“Según esa declaración, dijo Benítez, los jóvenes fueron asesinados por una venganza y advirtió que no se retirarán del plantón hasta que sean detenidos todos los involucrados.

“Nosotros nos quitaremos el día que agarren a todos los responsables. Ahorita está una parte nada más; queremos la otra, la queremos completa”, advirtió.

No bastan los ocho policías detenidos, incluido el delegado de SSP, Marcos Conde Hernández, fanático de la desaparición personas, sostenido ahí por el “general” Arturo Bermúdez pese a reprobar, él y varios de los elementos, el examen de control de confianza, no aptos pues para estar en la corporación, proclives a la corrupción, a transgredir la ley.

No bastan los dos delincuentes que habrían participado en el levantón, tortura y asesinato, ni los otros sicarios y narcos que los habrían ultimado, si es que la mentira histórica se logra sostener.

No bastan los ejecutores materiales, incluso los intelectuales, si no se procede contra los gestores del clima de impunidad, Javier Duarte, Bermúdez, “Culín” Bravo, los jueces que liberan culpables, los agentes del ex MP que integran deliberadamente mal los expedientes generando las condiciones para la exoneración del delincuente, agravando el caos de seguridad.

Hay un crimen sin móvil y una venganza sin razón. Y hay cinco jóvenes desaparecidos, presuntamente muertos. Brutal es la realidad del Veracruz duartista.

Da el subsecretario Campa validez a la versión del policía Rubén Pérez Andrade, a sus dichos sobre el crimen y la incineración, que hacen recordar que Ayotzinapa ya es un ritual, que se dispone la vida de jóvenes, que los deshacen entre el fuego o el ácido y dispersan sus restos en las aguas de un río.

Nada sostiene la hipótesis de la venganza. Nadie acechaba a los jóvenes en su trayecto de Veracruz a Playa Vicente. Fueron interceptados en Tierra Blanca por la policía de Marcos Conde Hernández, el delegado de Seguridad Pública con fama de desaparecer personas y entregarlos al crimen organizado.

No hay rasgos de venganza pues los cinco jóvenes no tenían conexión con la delincuencia, a no ser porque uno de ellos trabajó en un rancho del alcalde de Playa Vicente, Abdón Márquez, quien no dudó en acusar al jefe policíaco de levantar inocentes, torturarlos y desaparecerlos.

No se sabe de qué eran “sospechosos” los cinco jóvenes de Playa Vicente.

Pero en Veracruz, ser “sospechoso” cuesta la vida.

mussiocardenas.com

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