No es la CFE, ni el Congreso, es el gobierno

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

– Groucho Marx

“La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”.

– Marco A. Almazán

“Si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse de que sus adversarios lo hagan culpable de la sequía”.

– Dwight W. Morrow

Cada tanto tiempo surge en Tuxpan un movimiento que busca reducir las tarifas de la electricidad en el municipio, sobre todo en temporadas electorales, cuando los candidatos tratan de capitalizar el muy justificado encabronamiento de los usuarios de la CFE, y no es para menos, porque pese a los tan cacareados beneficios de la reforma energética, que según ocasionarían una reducción en las tarifas de hasta un 50 por ciento, en la vida real, en la de todos los días no hay una sola persona hasta este momento que diga que ya, que bendita reforma, ahora paga la mitad. Al contrario, el gobierno anuncia que las tarifas de gran consumo se reducen y consuela al usuario doméstico con el cuento de que no les aumenta el costo por kilowatt.

Hace dos años, en junio de 2018, el entonces candidato a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, ofreció a sus seguidores “vamos a fortalecer las plantas de generación de energía de la Comisión Federal de Electricidad. Ya no se van a cerrar; vamos a producir nosotros energía eléctrica, con lo que bajaremos el precio de la energía eléctrica”. Este mensaje formó parte de sus propuestas de campaña, y fue uno de los que le permitió ganar las elecciones. Ya como presidente electo insistió en que bajarían los precios de la electricidad, entre otras razones porque le daría preferencia a la generación con hidroeléctricas, que en efecto son de las plantas más baratas. Hace unos pocos días cambió un poco el discurso, y dijo en su homilía mañanera que no subiría el precio de la electricidad, salvo el porcentaje de la inflación. Pero nada de que baje. Nada de eso.

El enojo ciudadano por las tarifas de la electricidad llegó a límites sin parangón ahora con lo de la Jornada Nacional de Sana Distancia, ya que el confinamiento pegó durísimo a la economía de las familias, además de que al estar en casa aumentó casi al doble el consumo normal, con lo que muchos hogares cayeron en la Tarifa Doméstica de Alto Consumo, la DAC, que te cobra el kilowatt a precio de oro porque considera que al consumir más tienes más varo para pagar, con el añadido de que es casi imposible salir de inmediato de esa tarifa, y los subsiguientes recibos seguirán llegando por las nubes. Hubo muchas personas que pidieron piedad al gobierno para que aplazara los pagos del servicio eléctrico para cuando hubiera más trabajo, pero lejos de conmoverse el gobierno federal aplicó la del terror y dispuso el corte del servicio a más de 500 mil usuarios que no pudieron pagar entre abril y mayo de este año. Ah, pero qué tal en Tabasco, el terruño del presidente López Obrador, donde hace un año el gobierno aplicó el borrón y cuenta nueva a más de medio millón de personas que desde 1995 se pusieron en resistencia y dejaron de pagar la electricidad, y como premio a su valerosa lucha el gobierno les condonó una deuda de 11 mil y algo de millones de pesos y los benefició con la tarifa 1F, la más barata del país.

El problema es que desde el inicio de la primavera los calores arrecian y se vuelve necesario poner a funcionar los ventiladores y los climas, causa un gran descontento social. Cada que llega el recibo de la luz hay millones de mexicanos encabronados, entre ellos miles de tuxpeños que odian a la CFE y a la termo y a quienes tengan que ver con las tarifas de la electricidad, enojo que tratan de aprovechar los candidatos con la promesa de que harán las gestiones necesarias para que el gobierno reduzca las tarifas. Uno de los últimos valientes fue el expriista y ahora morenista o sepa Dios qué, Ricardo Ahued Bardahuil, senador de la república, quien se aventó la puntada de que él será el valiente que consiga una reducción de las tarifas eléctricas. Es punto menos que imposible, porque los mecanismos mediante los cuales se fijan las zonas tarifarias escapan del ámbito local o estatal, es más, están fuera del alcance de la CFE misma, porque se trata de un proceso que es de la exclusiva competencia del Ejecutivo Federal, responsabilidad que se reparte entre la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

No es por desanimarlos, pero desde hace años duermen el sueño eterno y se empolvan decenas de iniciativas y puntos de acuerdo en ambas cámaras del Congreso de la Unión. A lo largo de los años, diputados y senadores de todos los partidos y de diversos calibres y pesos políticos han predicado en el desierto tratando de conseguir mejoras en cuanto a los precios de la electricidad. Casi todas estas iniciativas están enfocadas en la reducción de precios para las entidades federativas, en la consideración para la planta productiva y el sector agrícola, en la reclasificación de tarifas y en la modificación de las atribuciones del Ejecutivo. Pues bien, diputadas, diputados, senadoras y senadores se estrellaron contra la pared inamovible de las burocracias y los intereses creados alrededor de la industria eléctrica.

En resumen los legisladores propusieron vez tras vez diversas iniciativas para a) simplificar y reducir, de 7 tarifas y hasta 91 precios, que hay actualmente para el servicio doméstico, a cuatro tarifas y precios en todo el país; b) eliminar la discrecionalidad del Ejecutivo Federal para determinar los rangos de consumo de las diferentes tarifas domésticas; y c) sustituir el criterio de temperatura media mínima anual, por el patrón de consumo en cada localidad, buscando un sistema fijación de tarifas más justo y equitativo. Este último punto es de lo más importante porque es el que utiliza la autoridad para fijar el tipo de tarifa doméstica. Por ejemplo, en el caso de Tuxpan dice que la temperatura promedio en el verano es de 28 grados centígrados, mientras que la tarifa preferencial 1F, que por cierto sólo se aplica en dos estados de la república, requiere que sean 33 grados. Otras iniciativas proponen que sea la Comisión Reguladora de Energía quien fije los criterios para la conformación de las tarifas, y que además haya participación ciudadana al respecto. Aquí es donde quiero contarles cómo vamos en Tuxpan.

Hace un tiempo hubo una convocatoria ciudadana, algo que no habíamos visto, desde los sitios de Facebook dedicados a observar los acontecimientos políticos y sociales, así como los chismes de Tuxpan y la región. Esa convocatoria consistió en llamar a los tuxpeños inconformes por la tarifa 1B, y reunir firmas, miles de firmas, cientos de miles de firmas, para solicitar al gobierno que asignara la tarifa 1F. Mediante encendidas arengas y entre frases de muera el mal gobierno, los activistas de Facebook llamaron a la gente a apoyar con su firma la petición del cambio, y se dieron a la tarea de instalar mesas en plazas y sitios públicos donde recopilaron firmas y recibieron gestos de apoyo de la gente que ya está harta de los abusos del gobierno.

Una vez recabadas las firmas el movimiento decayó por la circunstancia de que el resto del trámite requiere tiempo, y ya no hubo quien apoyara, porque cada cual debe ocuparse de sus propios asuntos y no hay manera de ponerle tiempo a los asuntos de la comunidad. Hubo el plan de entregar firmas y pliego petitorio al entonces senador José Yunes Zorrilla, que estaría presente en un evento en el Auditorio de Usos Múltiples de la calle Zózimo Pérez. Hubo amplia convocatoria en Facebook para que la gente, los miles de inconformes, se aglutinasen en una furibunda manifestación ante el senador (como si este senador tuviera voluntad de hacer algo), y le exigieran su intervención en el espinoso caso de las tarifas. Bien, el senador no fue al auditorio, y la gente tampoco. Sólo dos o tres personas acudieron en solitario. Ni uno más de los miles de encabronados tuvo tiempo y disposición acudir a tirarle la bronca al señor Yunes Zorrilla, quizá porque tenían la certeza de que ese señor no haría nada al respecto.

Tampoco hubo disposición para acudir a una manifestación en las oficinas de distribución y cobranza de la CFE, en el bulevar Independencia, donde se reunieron apenas medio centenar de personas a colocar unas lonas y corear consignas libertarias. Al final ya nos supe bien cómo concluyó el trámite, creo que la petición y las firmas se entregaron en México, hubo, eso sí, decenas de protestas en Facebook porque se entregaron al senador fulano, ese no ha hecho nada, etcétera. Pero el problema real es que los representantes ciudadanos, es decir los integrantes del Congreso de la Unión no tienen vela en el entierro, y nadie en el gobierno federal quiere hacerles caso. De nada vale que acompañen sus iniciativas con papeles plagados de firmas y manchas de grasa y mole, no les van a hacer caso. No lo hicieron los presidentes Fox, Calderón y Peña, por mencionar a los más recientes, y no lo ha hecho hasta ahora el presidente López Obrador.

Como resultado de estas valerosas gestiones, iniciativas y puntos de acuerdo, el gobierno respondió que no, señores, la tarifa 1B está bien, porque a temperatura media de verano en Tuxpan está en 28 y 30 grados Celsius, mientras que la tarifa 1F, la más barata, es para localidades que rebasan los 33 grados en el mismo periodo, y ya pueden abandonar sus sueños los señores legisladores y señoritas legisladoras, porque no hay manera de mover esa piedra. Mejor dicho no la había. Lo triste del asunto es que, como siempre, los tuxpeños deseamos un cambio, siempre y cuando ese cambio lo promuevan otros, y sean otros quienes se desgasten por conseguirlo, ya que consideramos estar demasiado ocupados como para ejercer nuestros derechos básicos, como votar, pedir un cambio de tarifas eléctricas o asistir a las sesiones de cabildo.

¿Qué hacer entonces? El gobierno mismo abrió las puertas en mayo del año pasado, cuando el presidente López Obrador aflojó el cuerpo con los tabasqueños y les dio su regalo en forma de tarifa 1F. Lo expuso con toda claridad el gobernador de esa entidad, Adán Augusto López, quien reveló la fórmula secreta, al confesar que la tarifa eléctrica preferencial se logró gracias a un estudio elaborado por los académicos e investigadores de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), quienes durante nueve años trabajaron en un diagnóstico de la temperatura y humedad relativa media de Tabasco en relación con el consumo energético por aire acondicionado en el período de 2010 a 2018.

Para concluir diré que pese a sus regalos la gente de Tabasco sigue sin querer pagar por el servicio, pese a los llamados del presidente López Obrador, quien ya les otorgó el perdón y el beneficio de la tarifa más barata: “Se cumplió con un compromiso de cancelar adeudos de la Comisión Federal de Electricidad y hago un llamado a mis paisanos para que se inicie una etapa nueva, ya se cumplió con el compromiso que se tenía y ahora hay que pagar porque la Comisión Federal de Electricidad es una empresa del sector público, es una empresa del pueblo y necesita recursos para seguir prestando el servicio”. Sobra decir que no le hacen caso.

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