Notiver: Javier Duarte, la plata y el plomo

En un párrafo, traslúcido el dolor, Alfonso Salces resume el agravio y la indiferencia, el silencio y la omisión, la culpa y el descaro: cinco periodistas de Notiver —o que pasaron por las páginas del rotativo— asesinados durante el reinado de Javier Duarte.

“De los asesinatos a nuestros periodistas —reclama—, bajo su gobierno y responsabilidad, tiene capítulo aparte y por el momento sólo le recuerdo que estamos trabajando bajo amenaza y no podemos hacerlo responsable, por qué está visto que usted no responde por nada”.

Tácitamente así rubrica la carta en que el director y dueño de Notiver confronta y exhibe al gobernador de Veracruz, en el clímax de su conflicto con el periódico más influyente de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, tildado de corruptor consuetudinario, generoso en el soborno, vengativo en el desaire.

Alude Alfonso Salces al caso de los periodistas asesinados, a Milo Vela, a Misael López Solana, su hijo, a Yolanda Ordaz de la Cruz, a Gabriel Huge y a Guillermo Luna Varela, ultimados todos con saña excesiva, sin piedad alguna.

No los cita en particular, su nombre en la reserva, pero por algo los trae al escenario de la confrontación.

Javier Duarte detonó el nuevo episodio contra los Yunes azules —domingo 6— cuando filtró los documentos que evidencian que el predio en que construyó su mansión el alcalde de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, fue vendido por la familia Zapico Salces, y por inferencia dice el gordobés que ahí radica la “sociedad” Salces-Yunes.

“Ahora lo entiendo todo”, dijo a manera de sentencia el desgobernador de Veracruz, puntilloso porque, según él, los Salces y los Yunes azules usan al diario para abrir camino hacia la sucesión, Notiver lanzando ataques y dando cabida a las embestidas del diputado panista contra el grupo en el poder.

Alfonso Salces le revira en ese texto, reproducido en cientos de portales en internet y en las redes sociales Twitter y Facebook, con una sola verdad: las vendedoras del predio son Sara Salces Fernández, su hermana, y su sobrina Marycruz Zapico Salces. Notiver ni su director, tienen injerencia en el terreno de Rincón del Conchal.

Detalló el director de Notiver que el terreno fue adquirido por su cuñado, Onofre Zapico, para vivir su vejez. No lo logró. Murió poco después y pidió a su viuda, Sara Salces, que lo vendiera. El comprador fue Miguel Ángel Yunes Marquez cuando fue alcalde de Boca del Río por primera vez.

Exige, pues, Alfonso Salces una disculpa pública del gobernador para su hermana. Y Javier Duarte ni se inmuta, más incisivo, más procaz, sostiene que la escritura pública es la prueba de que Salces y Yunes hacen negocios juntos, que usan a Notiver para posicionar el grupo yunista en el Partido Acción Nacional hacia la candidatura al minigobierno de dos años. O sea, mentiroso y necio.

De la Caja de Pandora salieron, pues, todos los males, los de Javier Duarte y su vocación corruptora. La canallada a Sara Salces, acusándola de ser parte de una operación de corrupción, como la describió el gobernador, movió a Salces a advertir que desde la era de la fidelidad y ahora en el duartismo lo asedian los sobornos multimillonarios a cambio de vetar a Yunes Linares en Notiver.

Le obsequiaba Fidel Herrera Beltrán, el ex gobernador, un edificio en el puerto de Veracruz, donde hoy está la Naval. Lo rechazó.

Le propuso Javier Duarte una cuota de publicidad de 8 millones al mes durante cinco años, pagaderos de inmediato, todo en una emisión: 500 millones de pesos. Le daría una departamento en Barcelona, Santander o Madrid, en España. Le daría un avión bimotor PA24 Turbo de seis plazas. Le daría un yate. Todo lo volvió a rechazar.

Demoledora, la carta es veneno para Javier Duarte. Nunca un gobernador se enfrentó así al retrato de sus bajezas, la mano impura que ofrece lo que no es suyo, el desvío de recursos públicos para acallar la voz de un medio con un pago demencial, exorbitante, cuando en las arcas del gobierno de Veracruz no hay un centavo.

Salces lo envía al psiquiatra y a consultar un abogado. Su enfermedad, le dice, se llama paranoia. Es, según Alfonso Salces, un enfermo mental.

También es un rufián. Le remata el director de Notiver con una alusión letal: el crimen de cinco periodistas.

Milo Vela —Miguel Ángel López Velasco— era subdirector de Notiver y publicaba la columna llamada Va de Nuez. Fue asesinado la madrugada del 20 de junio de 2011, junto con su esposa Agustina Solana y su hijo Misael, quien era reportero gráfico del rotativo. Un comando irrumpió en su su hogar y los masacró.

De narco no lo bajó la prensa duartista, difusor de información al gusto del crimen organizado, que solía asistir a reuniones con capos, ahí los acuerdos para publicar lo que decidieran sus mecenas, que pagaban hasta 80 mil pesos mensuales (Vázquez Chagoya, 28 de julio de 2011).

Yolanda Ordaz, reportera de nota policíaca, fue levantada el 23 de julio de 2011. Su cuerpo fue hallado con huellas de tortura, decapitada, tres días después, el 26. Según sus compañeros de trabajo, investigaba el crimen de Milo y su hijo. Constantemente recibía amenazas de muerte

Era el enlace con los Zetas, dijo la prensa duartista, los textoservidores, para dar pauta a la hipótesis del procurador de Veracruz, Reynaldo Escobar, quien dijo que se trataba de un ajuste de cuentas.

Reaccionó un sector de la prensa que advirtió que el fiscal confeccionaba el terreno para embestir a los críticos, fabricar culpables, encarcelar comunicadores y sembrar terror.

Notiver lanzó un editorial en el que exigió la presentación de pruebas de lo imputado o que Reynaldo Escobar renunciara a la Procuraduría de Veracruz, como finalmente ocurrió cuando 35 cadáveres fueron arrojados en la zona turística de Boca del Río y declaró que según información de Plataforma México, todos los muertos tenían vínculos con el narco. Sí, hasta un niño que apareció entre los cuerpos. Estaba mintiendo.

Gabriel Huge y Guillermo Luna Varela, fotoperiodistas, fueron levantados junto con Esteban Rodríguez, ex reportero de AZ, e Irasema Becerra, trabajadora del área de publicidad del periódico El Dictamen. Aparecieron desmembrados dentro de bolsas negras en el canal La Zamorana, cerca del fraccionamiento Las Vegas II, en Veracruz, el 3 de mayo de 2012, una semana después del asesinato de la corresponsal de la revista Proceso, en Xalapa, Regina Martínez Pérez.

Huge y Luna Varela habían sido compañeros de Milo Vela y Yolanda Ordaz en Notiver y cuando ocurrieron sus ejecuciones, se fueron de Veracruz. Regresaron sólo a morir.

Tiempo después, el entonces procurador Amadeo Flores Espinosa, “resolvió” en caso: Huge y Luna Varela habían pedido a una banda de narcos que ultimaran a Milo Vela y a Yolanda Ordaz. Tiempo después, al saber su proceder, otro grupo de narcos los ultimó. Supuestamente eso rebeló un narcomenudista. Flores Espinosa, flamante líder de la corriente priista Vía Veracruzana, consignó el caso a la Procuraduría General de la República, la cual desestimó el caso. Sigue la impunidad.

¿Por qué Alfonso Salces cita en su carta, la cual sólo tendría que ver con el terreno adquirido por Yunes Márquez y con los sobornos ofrecidos por Javier Duarte, el caso de los periodistas asesinados? ¿Cuál es el mensaje al gobernador?

Cuando el periodista Edgar Hernández, autor de Línea Caliente, le abordó el tema de los periodistas asesinados, tiempo atrás, Salces se mostró hermético.

“ ‘No me toques ese son’, me decía en verdad consternado. ‘Algún día platicaremos de eso’, replicaba en esa mezcla de rabia y dolor”, escribió el experimentado comunicador.

También le confió Alfonso Salces a Edgar:

“ ‘Procura andar acompañado. No salgas mucho y cuida a tu familia’. También me dijo que las cosas en el periódico no andaban muy bien. ‘Vivimos al día’ y me reiteró que no iba a cambiar de línea. ‘El periódico no es de los anunciantes, menos del gobierno, es de la gente’ ”.

Alfonso Salces vive amenazado, asediado, su Notiver torpedeado de viva voz por Javier Duarte, acusado de corrupción. Reacio a recibir dádivas, rechazó los 500 millones de pesos por darle la espalda a Yunes Linares, el avión, el yate, el edificio y el departamento. Y ahora aguanta el lodo. Pero algo se guarda.

¿Qué mensaje entraña la mención de los periodistas asesinados?

Seguro Javier Duarte sabe de qué se trata.

Con información de mussiocardenas.com

00
Compartir