Oro Negro

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo”.

Suave Patria, Ramón López Velarde.

“En la época actual, los países pueden dividirse entre los que tienen y los que no tienen petróleo. Nosotros lo tenemos”.

José López Portillo, expresidente de México. También dijo: “Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”, ante la noticia de que México estaba nadando en petróleo.

El petróleo en sí mismo no sirve para nada. Antes de que se descubrieran sus propiedades, los brotes de petróleo sólo representaban problemas para los agricultores y ganaderos; eran barrizales pestilentes en los que no se podía sembrar nada o en los que se atascaba el ganado y moría. Tenerlo era una maldición, más que un privilegio. Igual nos pasa ahora. El país nada, literalmente, en petróleo, pero no nos sirve de nada. Seguimos igual de jodidos, como si no o tuviéramos. El país está flotando en millones de dólares pero no podemos agarrar ni un solo centavo. Y no lo hacemos por una simple razón, padecemos, por desgracia, un grave problema, el de la corrupción, y todos los demás derivan de ese problema principal, la falta de tecnología, por ejemplo, la falta de inversiones, etcétera. El mal que nos acosa desde el inicio de la bonanza petrolera en la década de los 80 del siglo pasado es el mismo, el de la asquerosa, abominable, corrosiva corrupción que desde entonces devasta todos los ámbitos de la vida nacional. Todos.

El petróleo crudo, tal como sale del yacimiento no sirve más que para quemarse. Para obtener sus derivados, entre ellos la gasolina, es necesario procesarlo en una refinería, que es una instalación donde el crudo se somete a diversas transformaciones para obtener los derivados del petróleo que tanto se emplean en la vida diaria: diésel, gasolinas, PVC, plásticos, ceras, parafinas, polietileno, cauchos, asfaltos, brea, coque de petróleo y otros, como las olefinas. Uno pensaría que al tener un país que flota en petróleo el gobierno se apresuraría a poner refinerías por todos lados, para convertir esa materia pestilente que se extrae de los pozos en dinero. Literalmente en dinero. Pues no. Estos reverendos pendejos encontraron que es más fácil mandar el crudo al extranjero y después importar los subproductos, a precios de mercado.

Esta fue la manera de subvertir la expropiación petrolera. Los gringos no necesitaron explotar por ellos mismos los veneros, más bien se limitaron a esperar a que les mandáramos el producto entubado o en barcos, para que ellos hicieran el verdadero negocio, porque entendieron que el dinero a manos llenas no está en extraer y vender el crudo, como hacemos nosotros, sino en refinarlo y vender los subproductos. Por eso no es raro que haya en ese país unas 140 refinerías, contra apenas 6 que tenemos nosotros. Eran 7, pero el gobierno decidió cerrar la de Azcapotzalco por incosteable y contaminante. Así se burlaron los gringos de Lázaro Cárdenas y de nuestro orgullo nacionalista de que chinguen a su madre los gringos porque el petróleo es nuestro. Mentira. Es de ellos. Nosotros somos nada más sus proveedores, y nos pagan al precio que se les da la gana.

Para que te des una idea de nuestra miseria, te diré que China tiene 179 refinerías, entre grandes y chiquitas, y le alcanzan para procesar 11 millones de barriles por día, mientras que Estados Unidos tiene una cantidad menor de instalaciones, 135 en total, pero puede procesar hasta 20 millones de barriles diarios. Rusia tiene 40 refinerías, India con 23 plantas y Japón, que no tiene petróleo pero sí 20 refinerías en operación. Y nosotros, potencia mundial, con veneros de petróleo en abundancia tenemos 6, y nuestra producción rebasa apenas los 800 mil barriles diarios, una baba de perico en realidad.

Quizá ustedes se pregunten, igual que yo, por qué no tenemos más refinerías en México, por qué no nos dedicamos a construirlas como locos a lo largo y ancho del país. De 1980, cuando José López Portillo pronunció sus célebres frases sobre administrar la abundancia, a la fecha pasaron ya casi 40 años, los suficientes como para tener unas 50 refinerías, y por lo menos unas tres generaciones de ingenieros y técnicos que las operen, y además los institutos de investigaciones necesarios para idear y diseñar y construir los artilugios necesarios para extraer el petróleo de donde esté, así sea del mismísimo trasero del Paleocanal de Chicontepec. La respuesta es muy simple: por la corrupción, que en lugar de levantar a Pemex como la primera petrolera de orden mundial la convirtió en una empresa quebrada y que da lástima, como uno de esos campeones de boxeo que disfrutan de la gloria unos días y terminan malgastando el dinero en bares y mujeres.

La historia de la “nueva” refinería que propuso el gobierno de Felipe Calderón ilustra de cuerpo entero cómo este cáncer corroyó hasta lo cimientos a lo que pudo ser la petrolera de las petroleras en todo el mundo. Bien, en ese entonces la Secretaría de Energía dijo que era necesaria una nueva refinería, y varios sitios se pusieron a consideración de los sabios de Pemex y la Sener. Fidel Herrera, entonces gobernador de Veracruz,  presentó el proyecto para que se edificara en Tuxpan. Participaban además sitios como Cadereyta, Campeche, Dos Bocas, Minatitlán, Lázaro Cárdenas, Manzanillo, Salina Cruz y Tula. Los aspectos a considerar para tomar una decisión fueron sobre todo económicos. Los expertos decían que Tuxpan. Tenemos todo. Por Tuxpan se importa la mayor cantidad de refinados, y se pueden aprovechar las instalaciones cuando, en vez de importaciones, hubiera producción local de refinados. Además la conclusión de la autopista a México estaba a un par de años de distancia.

Pues bien, pese a tenerlo todo, infraestructura, terrenos, puerto, cercanía con la capital, y ser la opción más barata (640 millones de dólares) los expertos de la Sener determinaron que sería en Tula, con lo cual demostraron una vez más que los intereses bastardos, innombrables, mezquinos de unos cuantos corruptos son capaces de imponerse sobre el interés nacional. No hubo voz que los hiciera cambiar de parecer. Sería en Tula y no habría marcha atrás.

Lo más triste, lo que ilustra la mezquindad de los funcionarios, la podredumbre de este sistema (porque no es el gobierno, es el sistema, ya que en su proceder ni Vicente Fox ni Felipe Calderón se distinguieron muchos de sus antecesores priistas), es el resultado final. A casi diez años del histórico veredicto, la nueva refinería de Tula es un monumento más a la desvergüenza, a la estafa, a la corrupción descarada. Nunca hubo nueva refinería. La construcción se empantanó en un mar de mierda, en el que destaca la especulación con los terrenos. La Sener, que para tapar la caca es más hábil que los gatos, determinó primero aplazar el proyecto, hasta que a finales de 2014 terminó por admitir que estaba cancelado. ¿Qué hay de la nueva refinería de Tula? Un páramo desolado de 700 hectáreas, rodeado de una barda gris coronada con alambre de púas. En el papel, el gobierno invirtió en esa desolación 2 mil 564 millones de pesos, suponemos que en la construcción del muro perimetral.

PD. En su afán de echarnos la culpa, los gobiernos panistas y luego el de Enrique Peña, arrojaron sobre el ciudadano la responsabilidad de todos los males que nos aquejan. Peña Nieto dijo que todos somos un poco corruptos, y que el ciudadano no tiene por qué estar berreando por justicia si también le ofrece los cien pesos al agente de tránsito, que para cambiar el orden de las cosas debemos cambiar como personas. Yo digo que no, que a la chingada con sus argumentos. La responsabilidad es del gobierno, de los priistas, los panistas y luego de Peña Nieto.

Tú puedes amanecer purificado mañana, después de haber cruzado las aguas del río Jordán, y el país seguirá siendo el mismo, porque son las políticas del gobierno las que crean las condiciones de riqueza o de pobreza. Al ciudadano es sencillo meterlo en cintura, basta con que vaya preso el día que tenga el atrevimiento de ofrecer un soborno al agente de tránsito. Así de simple. Pero el sistema político y el aparato burocrático están hechos para que sus engranes se muevan aceitados con dádivas y sobornos.

Por eso ahora la responsabilidad es del gobierno del presidente López Obrador. La refinería de Dos Bocas es un paso importante hacia la independencia en el tema de la refinación del petróleo, pero falta mucho camino por recorrer, mucho. Pero no se vale culpar al pasado. Sí, Felipe Calderón, ese infeliz al que ojalá los ojos de sus víctimas lo miren fijamente por las noches y no lo dejen dormir, fue una plaga, un mentecato, un corrupto, un irresponsable que llevó al país a un baño de sangre que costó 130 mil muertos durante su mandato. Pero ya no es presidente. El presidente se llama ahora, y desde hace un año, Andrés Manuel López Obrador.

 

00
Compartir