Pacto de honor

Por Norma Meraz

Qué fácil es abrir la boca para vomitar palabras, pero palabras que lastiman el nombre y la dignidad de muchos mexicanos.

Qué fácil es hacer uso de recursos públicos para vilipendiar, despreciar a los demás, a los que no agachan la cabeza ante la descalificación, a los que hacen libre uso de su derecho a disentir de la palabra necia, de la palabra que baña de inquina y pretende sojuzgar a quien se lamenta por haber perdido su empleo, a su hijo porque el medicamento no le llegó a tiempo, o al que no le alcanzó vacuna contra el COVID y ni siquiera pudo despedirse de la familia.

¿Por qué gastar el dinero del pueblo en nimiedades como un parque de juego de pelota en lugar de mejorar los hospitales públicos y las escuelas?

¿Por qué gastar los dineros públicos en consultas a la ciudadanía, cuando existen leyes y solo hace falta que apliquen?

Con todo respeto, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, regrésenme mis impuestos y pregúntenos en qué necesitamos que se apliquen, que se inviertan como, por ejemplo, en la salud de los mexicanos, en centros dignos donde hoy se hacinan los miles de migrantes que llegan a nuestro país provenientes del sur pata llegar a Estados Unidos, o bien para quedarse en México ante la imposibilidad de que nuestro vecino del norte los acepte.

Usted, Presidente, no tuvo ningún reparo en dejar abierta la puerta del zaguán para que, sin requisito alguno, ingresaran a territorio nacional caravanas y caravanas de miles de hombres, mujeres y niños, muchos de ellos viajando solos, sin la mano de un adulto.

A la fecha, en medio del tercer pico de la pandemia, con una cepa de COVID más agresiva, México no cuenta con una política pública que diseñe un control modelo, tanto humanitario como sanitario y de seguridad, ante el ingreso de personas al país, vengan de donde vengan -2 mil cubanos y africanos- que han formado un tapón en la frontera sur con Guatemala y Belice.

Durante los 18 años de campaña que hizo hasta llegar a la Presidencia, criticó y fustigó hasta el cansancio a los funcionarios públicos en turno por una y mil razones; muchas ciertas, como el abuso y la corrupción, la inseguridad, la impunidad y la militarización en las calles, entre otras.

De líder opositor, criticando que el gobierno federal no detenía la guerra sangrienta contra el narco; hoy en día el presidente López Obrador visita por tercera ocasión el pueblo de Badiraguato, cuna del cártel de Sinaloa, donde las reuniones que tendrá serán de carácter privado, ningún acto público.

¿Ya le tendrá noticias a la mamá del Chapo acerca de la petición que le hizo para que intercediera con el presidente de Estados Unidos y le autorizara visitar a su hijo en la cárcel?

Casualmente este gobierno no captura capos de la droga, no toca a la red criminal ni a la red de complicidad política.

La impunidad es sistémica.

Entre la desaparición de fideicomisos públicos está el de víctimas de desaparecidos.

Hasta hoy se tiene el registro de que existen 21 mil cuerpos sin identificar, pero ¿a dónde fueron a parar los recursos de ese fideicomiso?

¿Cuál transparencia? ¡Solo opacidad en el uso de los recursos públicos!

Solo la presión social es la que puede empujar para que se transparente el rosario de cuentas pendientes por rendir.

Impunidad y más impunidad respecto de los feminicidios: de cada 10 asesinatos a mujeres sólo uno se “investiga”.

No es impunidad el caso de Emilio Lozoya Austin, deportado de España el 17 de julio del 2020, cuando al tocar tierra nacional pretextó padecer una fuerte gastritis y fue conducido directamente del hangar a un hospital privado; posteriormente se acoge a la figura “criterio de oportunidad”, que no es otra cosa que “testigo protegido”, para que suelte información a cambio de un favorcito.

Lozoya, siendo delincuente confeso, no ha puesto pie en la cárcel, es el hombre invisible, nadie lo ha visto ni se sabe dónde está. ¡Más claro ni el agua! Todo obedece a un pacto de impunidad o un “pacto de honor” entre el presidente López Obrador y su antecesor Enrique Peña Nieto.

La Unidad de Inteligencia Financiera acaba de fincarle una nueva acusación por 3 mil millones de pesos y no pasa nada. La Fiscalía General de Republica sigue siendo utilizada por el Poder Ejecutivo. Nada ha cambiado.

A excepción de Rosario Robles -caso de la Estafa Maestra porque no ha abierto la boca-, a los demás acusados por corrupción -empezando con Enrique Peña Nieto- no se les toca.

La justicia es selectiva hoy, como lo fue ayer. Parece que nada hubiera pasado con estos casos de corrupción.

La realidad es una la retórica es otra; son dos libras paralelas que no tienen punto de contacto.

Por otra parte, a tiro por viaje, el Presidente sataniza a comunicadores y medios de comunicación. Su invento distractor, el “mentirometro”, se ha transformado en la medición de notas a favor o notas en contra del Presidente. ¡Qué manera de perder el tiempo y el dinero!

La “consulta popular” del uno de agosto -capricho presidencial- tendrá un costo de 528 millones de pesos, con lo que se pagarían 5 mil 280 quimioterapias, o sea, la salvación de 528 vidas; sin embargo, para López Obrador, las víctimas son un grupo de “golpistas”, todo por reclamar medicamentos para tratar de salvar a sus hijos del cáncer que los consume.

Al presidente Andrés Manuel López Obrador, un soñador anclado en el romanticismo socialista de los años 60, sólo le falta cobijarse en la frase título de un libro que Fidel Castro escribiera desde la cárcel:

“La historia me absolverá”, pero que no se confíe.

¡Digamos la Verdad!

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