PAN-PRD: Javier Duarte, la alianza y la cárcel

Mínimo, que Javier Duarte reserve su crujía y su celda. Le esperan días en la sombra, enfrentado a la justicia por el saqueo a Veracruz, por el desgobierno con el que atropella y reprime, por la ola de sangre, acosado por Yunes azul, que promete refundirlo en la cárcel y desterrar del poder al priismo fiel.

Lunes crítico en el Partido de la Revolución Democrática. Martes fatal en el PRI. Fatal para el duartismo pues ese día despertaron los priistas con una alianza, la del PAN-PRD, que se suponía ya habían frustrado y que amaga con llevarse la elección de gobernador y el Congreso de Veracruz.

Lunes 11. Capotea el PRD su última crisis. Ante el embate de las tribus antagónicas a Nueva Izquierda, corriente controlada por los Chuchos Ortega y Zambrano, y la embestida del senador Héctor Bautista, esquirolazo de marras, retirándole facultades para suscribir alianzas, su líder nacional, Agustín Basave, se inmola en una renuncia que coloca al PRD al borde del colapso. Esa noche es crucial para el caso Veracruz.

Basave juega con el perredismo y les dice que se va, y esgrime que su proyecto de alianzas es vital para rescatar del infierno al PRD. Y los llena de reproches. Dimite el ex seguidor de Luis Donaldo Colosio y les dibuja un escenario de traición, entreguismo al PRI, prostitución política, cobrando por sabotear al partido del sol azteca y sometiéndose a los caprichos de los gobernadores del tricolor.

Son los perredistas las corrientes más enconadas entre todos los partidos políticos de México, “plagadas de animadversiones tribales”, precisa.

Áspera, la renuncia describe al PRD mercenario —“aves carroñeras”, les dice—, perredistas que gustan de la calumnia y la descalificación, sátrapas que se placen de “no contrariar al PRI-gobierno”.

Basave retrata al PRD y lo que las tribus suelen hacer: “Sabía de las heridas de guerra —planteó— que han marcado a sus corrientes, de las pugnas entre dirigentes, de la cercanía al priismo de algunos de ellos, de las corruptelas en varios de nuestros gobiernos”. Algo así como el PRD rojo de Veracruz.

Pero una cosa era lo que sabía y otra lo que terminó viviendo.

ADN, la tribu de Héctor Bautista, la que con mayor fuerza impulsó la llegada de Agustín Basave a la presidencia nacional del PRD, fue la que lo orilló a la renuncia. Le cuestionó su política de alianzas, pese a haber conseguido igual número de candidaturas que el PAN para contender en las elecciones que habrá de celebrarse este 2016.

Es renuncia pero huele a chantaje. Fue el arma de Agustín Basave para conducir a las corrientes maiceadas hacia un callejón sin salida. Y ahí las obligó a ceder.

Decía el líder del PRD que sus enemigos se reirían, que lo tildarían de ser un académico temperamental, que se excedió en su antipriismo y su aliancismo, “y los peores, los que están al servicio de este PRI-gobierno que ha elevado la corrupción a niveles históricos, me seguirán calumniando y recurrirán a todo tipo de descalificaciones”.

Luego lanzó dos frases demoledoras: “Las aves carroñeras, por desgracia, abundan en el entorno político. Eso sí, voy a dejar muy claro cuáles son las razones de mi decisión”.

Agustín Basave a medias profundizaba. Sabía quiénes y cuánto cobraron, la mecánica del sabotaje, pero se centró en el contrasentido de haberle autorizado a negociar alianzas con el PAN y simultáneamente desvirtuar el resultado de esa negociación hasta retirarle el apoyo.

El 7 de enero 15 miembros del CEN del PRD suscribieron un comunicado descalificando la política aliancista de su líder nacional. Votaron y lo hicieron público en el momento en que Agustín Basave trababa acuerdos con el PAN. Era la mala leche amarilla. El otro punto fue el caso Puebla, que el dirigente condicionó a que el gobierno estatal panista liberara a miembros del PRD detenidos en cárceles y que la alianza en Tlaxcala sea encabezada por el sol azteca. Si no les cumplen, el PRD no le entra.

Agustín Basave fue objeto de una filtración. El 22 de diciembre dijo que si el perredismo le rechazaba las alianzas, renunciaría. El caso Veracruz estaba en el centro del conflicto.

“El audio de esa sesión —sostuvo— que en un acto de traición se filtró a los medios tenía como propósito precisamente reventar las alianzas que el priismo quiere impedir a toda costa, primordialmente la de Veracruz y secundariamente la de Hidalgo y, de paso, beneficiar al gobernador poblano”.

Hacia las 8 de la noche, el PRD se sumió en la incertidumbre. Agustín Basave entregó su renuncia al Comité Ejecutivo Nacional y convocó a debatirla y a votar sobre la viabilidad o no de alianzas en los casos Veracruz y Oaxaca. Se estableció un receso.

Cuatro horas después, a medianoche, la cúpula del PRD nacional retomó la discusión. Ya de madrugada, cerca de las 2 de la mañana del martes 12, el caso Veracruz pasó. Lo aprobó el consejo por abrumadora mayoría: 24 a uno.

¿Qué reventó al PRD rojo? ¿Qué lo hizo cambiar radicalmente de posición? ¿Qué o quién lo doblegó?

Una versión obtenida en el PRD nacional sostiene que Agustín Basave y su círculo más estrecho contaban con información clave del maiceo de gobernadores priistas a sectores estatales del PRD para oponerse a las alianzas con el PAN.

Danzan los millones hacia el perredismo oficialista. Hay evidencia de quién operó la compra de conciencias, cómo y cuánto pagaron, y qué consejeros se prestaron al plan del PRI para descarrilar la alianza.

Entre las 8 y las 12 de la noche se les corrió la película. Y ahí acabó la asonada.

Por la noche del martes 12, Agustín Basave desechó su renuncia. Logró, dijo, un buen acuerdo con el CEN del PRD; le respetaron sus facultades para negociar alianzas con el PAN, y se queda en el cargo.

Era show. Usó la renuncia como arma de presión, obligadas las tribus a replegarse para no agravar la crisis interna, el caos en que se mueve el PRD. Si Basave dimite sería el último clavo en el ataúd del sol azteca.

“Por respeto a mí mismo debo renunciar”, expresó al colosista amarillo. Y faltándose al respeto se quedó.

Veracruz es clave en la próxima elección. Quien gane controla la tercera reserva electoral del país, que será determinante en los comicios presidenciales de 2018.

Y es clave la alianza PAN-PRD para frenar el fidelismo y su versión degradada, el duartismo.

Del proyecto de alianza hablaban con desprecio Javier Duarte y su pandilla. Entre ellos, el más rasposo ha sido Alberto Silva Ramos, alias El Pato de Tuxpan, que todo el tiempo la dio por muerta.

Cuando se constituyó, vía el acuerdo de los consejos estatales del PAN y el PRD, lo menos que expresó era que se trataba de una alianza de odio y que el PRI la derrotaría en las urnas.

Al dejar Juan Bueno Torio las filas panistas, acusando que hay dedazo y que ese dedazo favorece al diputado federal Miguel Ángel Yunes Linares, la inquina de Silva Ramos no dejó de significar su discurso.

Pronosticó una desbandada que no se dio. Partió el ex senador Bueno Torio, pero sus estructuras permanecieron al interior del PAN.

Yunes Linares fraguó la alianza, se allegó el respaldo de diversas corrientes al interior del PAN y pactó un acuerdo que les garantiza a todos espacios en el gobierno de Veracruz y el Congreso estatal. Lo otro era buscar al PRD y sacar el acuerdo nacional, como fue.

Vengativo mas que justo, Yunes Linares libra su propia batalla contra Fidel Herrera y Javier Duarte, sus obsesiones seniles, sus fantasmas de cabecera. Les pinta un infierno si llega al minigobierno de Veracruz, el de los dos años, y advierte que el gordobés estará en la cárcel en diciembre de 2016, apenas deje el cargo.

Vía la alianza PAN-PRD, ofrece llevar a Javier Duarte a prisión, que pague por el saqueo a las arcas públicas, por el enriquecimiento descomunal de él y su pandilla, por el hundimiento del gobierno de Veracruz, atrapado en un endeudamiento sin freno, el derroche y el dispendio, el pacto con las mafias criminales y la impunidad que deriva de la complicidad.

Que Javier Duarte vaya reservando su crujía y su celda.

Con información de mussiocardenas.com

00
Compartir