PEPE YUNES, A ORILLA DEL PRECIPICIO

La encrucijada

Hasta donde se sabe si se sabe bien, el senador Pepe Yunes vive una encrucijada política: aceptar o rechazar la candidatura priista a gobernador de dos años.

Parte de un principio fundamental: dos años es una pérdida de tiempo para un político, como él, con muchos, demasiados sueños y utopías sociales.

El primer año, por ejemplo, se va en planear, pero como en el caso, en recomponer la casa, a partir del “desorden administrativo, el caos financiero y la corrupción política”.

Y luego enseguida, el segundo año, se irá, por añadidura, en lanzar el candidato priista a gobernador de seis años, y por tanto, operar con todo para garantizar el triunfo de su partido.

Más aún si se recuerda que en el 2018 también habrá candidato presidencial, y en una de esas, como todo indica, su amigo Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público, el político de mayor confianza, de la confianza absoluta del presidente, sale nominado.

Así, por un lado, digamos, sería frustrante para el senador, en caso de que los vientos de Los Pinos le sean favorables, aceptar la candidatura, aun cuando, queda claro, si Videgaray lo sugiriera, entonces, ni hablar, “donde manda capitán” el marinero solo obedece.

Pero, además, digamos como hipótesis, que de pronto, citaran a Pepe Yunes en la oficina presidencial con Enrique Peña Nieto y cuando la puerta se abriera y el presidente lo recibiera con el saludo de “buenos días, señor gobernador”, entonces, de igual manera, pronunciadas “Las últimas palabras”, “a una voz del presidente”, como decía Alfredo Bonfil de Luis Echeverría, “mi cuerpo se incendia o se apacigua”, y por tanto, Yunes Zorrilla sería el candidato.

En contraparte, Pepe Yunes sueña con cambiar el escenario social, económico, educativo, de salud y de seguridad de los 8 millones de habitantes de Veracruz.

Y sabe, está consciente, seguro que 24 meses serían insuficientes, pues se irían en “menos de lo que canta un gallo”.

Héctor Yunes, posible candidato

La gubernatura de dos años se ha prestado a pensar y sentir que se trata única y exclusivamente la búsqueda del poder por el poder político mismo, sin ningún sentido ni trascendencia, aun cuando el panista Miguel Ángel Yunes Linares ha advertido que cuatro meses le son suficientes para encarcelar a Fidel Herrera, Javier Duarte y algunos secretarios de sus gabinetes legal y ampliado.

Y, bueno, 45 de los 50 diputados locales comandados por el cacique magisterial, Juan Nicolás Callejas Arroyo, propietario de la sección 32 del SNTE desde hace 33 años, ya la aprobaron en diciembre del 2014, y ni hablar, la Constitución Política local fue reformada y el asunto ha de apechugarse.

Y ha de apechugarse, pues significaría un atentado de lesa humanidad cruzarse de brazos para que algún discípulo del góber fogoso pudiera ascender a la posibilidad, como es el caso, en orden alfabético, de Jorge Carvallo Delfín, Érick Lagos, Adolfo Mota y Alberto Silva, que se desviven.

Incluso, el mismo fin de semana, Érick Lagos llegó a la desesperación absoluta cuando operó un reality-show para destaparse en Acayucan aprovechando un mitin de veinte mil campesinos de la CNC de Veracruz y que fue desmentido, por órdenes superiores, por “El misógino” presidente del CDE del partidazo.

Por tanto, si el senador Pepe Yunes acaricia su utopía y legítimo sueño social y económico para transformar Veracruz, entonces, declinará la nominación por su colega y tío, Héctor Yunes Landa, considerando que Manlio Fabio Beltrones, presidente del CEN, les dijo con claridad que eran uno y/o el otro, pero siempre en unidad, y por tanto, poniéndose de acuerdo.

De ser así, entonces Héctor Yunes sería el candidato y Pepe, quizá, acaso, el coordinador de su campaña política, y/o en todo caso, su sombra en la jornada electoral, a su lado, inyectándole el capital político que ha construido en los últimos meses.

El tren sólo pasa una vez en la vida

Cierto, Pepe Yunes se la está jugando, si se considera que nadie es dueño del futuro.

Pero además, en política, como en la vida, el político se acuesta candidato y amanece noqueado y babeando en la lona.

Y por añadidura, nunca en política se adecúa como traje a la medida el dicho popular de que “el tren solo pasa una vez en la vida”.

Y si el senador de Perote declinara su nominación por Héctor pensando en que el año 2018 la tiene asegurada ha de pensar con frialdad neurológica la decisión, pues las circunstancias cambian.

Claro, si la astróloga de los Llanos de Sotavento está en lo cierto, Videgaray será el candidato presidencial y los vientos lo favorecerán, aun cuando, de igual manera, el hecho de ser abanderado priista en ningún momento garantiza el triunfo en las urnas en un país plural, donde el PAN ya ganó Los Pinos en un par de ocasiones.

Los días y las semanas que vienen serán cruciales, pues el par de senadores priistas habrán de ponerse de acuerdo, como les dijo Beltrones, para la candidatura, además de planchar a Javier Duarte, quien por ahora continúa soñando con un candidato a modo, elegido entre los suyos.

Por: Luis Velázquez/ Blog Expediente

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