Pepe Yunes, en la pelea

GUERRA QUIEREN…GUERRA TENDRÁN

Del 30 de noviembre al 3 de diciembre, igual que San Pablo camino a Damasco, el senador Pepe Yunes Zorrilla tuvo una revelación superior.

Así, de un día a otro, en la misma semana, igual que el Gregorio Samsa de Kafka, decidió que siempre buscaría la candidatura priista a la mini/gubernatura de Veracruz.

Quizá porque de dos años a nada, y a esperar 2018, que es futuro, mejor ahora.

Acaso porque no obstante su firmeza de declinar por Héctor Yunes tuvo un cortocircuito en el altiplano.

Quizá en alguna madrugada del rancho San Julián, la soledad, la neblina y el friito lo devolvieron a la realidad concreta y específica.

Acaso porque le salió la sangre libanesa ante el fuego amigo mediático bombardeando su vida privada, intentando (de manera estéril) su desprestigio, cuando su desempeño público ha sido, es, mucho más pulcro y nunca encontrarán forma del descrédito.

Pero al mismo tiempo, aplicando, entonces, la ley de Talión en su versión moderna: guerra quieren…. guerra tendrán, como dijo el exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, a las autodefensas.

Ya se verá, no obstante, para cuánto tiempo les dará la calumnia, pero más aún, el resultado final, pues si por ahora el senador apuesta al silencio, ni modo se cruce de brazos más tarde.

Ahora bien, sobre la candidatura a gobernador, Yunes Zorrilla ya lo precisó en su diálogo con la XEU y Telever: simple y llanamente la seguirá buscando, porque los astros, el buen karma, la mejor vibra lo siguen favoreciendo, y si alguna duda existiera ahí está el esotérico delegado del CEN del PRI, Manuel Cavazos Lerma.

Por ejemplo, hasta donde se sabe (si se sabe bien, y más en política, donde las cosas suelen cambiar de la noche a la mañana, incluso, de un minuto a otro) los amigos del ITAM del senador le han pedido que aguante hasta el final del proceso.

Es decir, que continúe luchando por la posibilidad, de igual modo como por ejemplo pudiera notarse que tanto Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público, y José Antonio Meade, de Desarrollo Social, siguen empujando la carreta para el 2018.

Tal cual significaría que, en efecto, y aun cuando Los Pinos ya iniciaron el juego sucesorio de gobernadores y destapado de hecho y derecho a un par de precandidatos, en el caso de Veracruz la moneda continúa dando vueltas en el aire.

Nada, pues, para nadie.

Y, por tanto, lo mejor estar ahí, en la posibilidad.

Por eso, el senador originario de Perote trota en Veracruz como ha sido su estrategia en los últimos dos años, compartiendo honores con Héctor Yunes Landa

JAVIER DUARTE CAMBIARÍA EL DESTINO DE LOS VIENTOS

En todo caso lo nuevo sería lo siguiente:

El gobernador está luchando con todo para imponer como candidato a uno de los suyos, los llamados “Chamacos de la fidelidad”, sus “compañeros de proyectos”, sus condiscípulos, compitas de pupitre en la llamada por el diputado Alfredo Gándara Andrade, “Escuela de la Fidelidad”.

Claro, ha jugado con el mayor número. Juega en el PRI y juega en la oposición.

En el PRI otra vez y en una segunda y tercera vuelta, con Érick Lagos, Alberto Silva y Adolfo Mota, en tanto todo indica ya excluyó a Jorge Alejandro Carvallo Delfín.

En la cancha contraria juega con los llamados independientes, entre ellos, Gerardo Buganza, Elías Miguel Moreno Brizuela y Francisco Valencia.

Incluso, habría de anotarse que hasta uno de los aspirantes que lanzara, Renato Tronco Gómez, habría cometido por ahí algún pecado mortal que lo desaforaron y enfrenta un juicio por el asesinato de un regidor hace nueve años cuando fue presidente municipal de Las Choapas.

Juega, pues, Javier Duarte.

También juega con su estatus como jefe del Poder Ejecutivo, dueño de los poderes legislativo y judicial, dueño de los cuerpos policiacos y los medios, dueño del billete, y más con el préstamo de 23 mil millones de pesos autorizados por el BANOBRAS de Salvador Manzur, su compadrito que fue, por cierto, su primer “tapado destapado” para la sucesión.

Y en tales circunstancias, algunos priistas aseguran que la influencia de Duarte en el proceso sucesorio pudiera, digamos, modificar la decisión final frente a quien emite “Las últimas palabras” de que hablaba el escritor Mauricio González de la Garza en su novela, es decir, el tlatoani de Los Pinos, que ahora se llama Enrique Peña Nieto.

Pudiera, pues, y entonces, que Duarte cambiara el destino de los vientos.

Pudiera.

Y, por eso mismo, la sucesión pudiera enredarse, con todo y que el CEN del PRI, acatando órdenes de Los Pinos, quizá coincidiendo, arrastran el discurso de la unidad.

Y es ahí, y dado el río revuelto y turbulento que tales condiciones generarían, donde lo más conveniente es que Pepe Yunes prosiga en el carril.

RIESGO DE UN LESIVO CONTINUISMO

Si Duarte influyera, digamos, en la sucesión, sería grave, terrible, una pesadilla, lesivo para Veracruz el llamado continuismo.

Tal cual, la tierra jarocha enfrentaría, más que la Decena Trágica (seis años de Duarte y seis años de Fidel Herrera), 24 años de maldición si se consideran los sexenios de Miguel Alemán Velazco y Patricio Chirinos Caleros, y cuyo resultado ha documentado el CONEVAL:

Seis de cada diez habitantes de Veracruz están en la miseria, la pobreza y la jodidez.

Veracruz, mudado en un estado migrante dado el desempleo, el subempleo y los salarios de hambre, con todo y que el fino y exquisito secretario de Desarrollo Económico, Érik Porres Blesa, diga, vaya mesiánico soberbio, que “solo mis números cuentan”.

Veracruz, en el primer lugar de producción y exportación de trabajadoras sexuales, obligadas a vender su cuerpo como mercancía para llevar el itacate a casa.

Y el grito callejero de las familias de los secuestrados, desaparecidos y asesinados, todos en la impunidad.

Tal Veracruz resulta inconcebible.

Y la peor desgracia para los 8 millones de habitantes sería que Duarte impusiera candidato.

Claro, una cosita es que se saliera con la suya y otra que su elegido ganara en las urnas.

Sólo Pepe y Héctor Yunes garantizan el triunfo electoral del PRI.

Un candidato duartista sería entregar al PAN de Miguel Ángel Yunes Linares el palacio de gobierno de Xalapa.

Por: Luis Velázquez

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