Pepe Yunes: esclavos en campaña

En el nombre de Pepe Yunes se tejen infamias y se infligen agravios. Las de los petroleros son las peores. Las urden sus líderes y las sufren los agremiados, obligados a aplaudir, conminados a asistir a eventos de campaña, sobre ellos la amenaza de la pérdida del empleo. Se les trata como esclavos.

Ocurrió este jueves 9. Llegaba el senador veracruzano. Ofrecía su respaldo al candidato del PRI a diputado federal por el distrito de Minatitlán, José Luiz Sáenz Soto, un priísta de medio pelo, ninguneado y denostado, malquerido en el gremio sindical por no ser uno de ellos, urgido de un milagro para ganar, pues su escaso capital político lo perdió en su maltrecho paso por la alcaldía.

Era clave, pues, la presencia de José Francisco Yunes Zorrilla en el arranque de campaña de Sáenz. Entrañaba un espaldarazo al candidato, el mensaje a quienes lo desdeñaban y el apuntalamiento de un proyecto que a simple vista parece perdido.

Pepe Yunes llegó a Minatitlán pero traía otra intención. Selló con su presencia un pacto con los petroleros, suscrito por su líder nacional, Carlos Romero Deschamps, para caminar juntos hacia la gubernatura de Veracruz.

A sus pies tenía a la plana mayor de la Sección 10. Su líder, Jorge Wade González, dirigía la farsa. Resonaban las porras, sonaban las matracas, estallaban los cohetones, todo enmarcado en la parafernalia del ritual del PRI, nada al aire, todo en su lugar.

Fieles al guión, los petroleros hacían sentir al senador en casa, su respaldo sin cortapisas, el calor del amigo, el compromiso para construir el camino hacia el palacio de gobierno de Xalapa.

Y Pepe Yunes, que los conoce, hacía como que les creía. Seguía el guión, su guión, y sonría. Alzaba los brazos. Saludaba a los presentes. Les hablaba con las mismas frases, los mismos gestos, la misma expresión que en cualquier otro escenario.

Eso era arriba. Bajo la mesa había algo más. José Luis Sáenz Soto, el candidato, era pretexto de ocasión. Gane o pierda, se sublime o lo destroce La Potra, Isabel Morales Aguirre, es sólo una pieza más.

En el trasfondo el evento de campaña en Tacoteno fue el acuerdo entre el gremio petrolero y Pepe Yunes por el gobierno de Veracruz, el abrazo de “Acatiemblan” entre el senador y el reino de Romero Deschamps.

Envía Yunes Zorrilla así otro mensaje al gobernador Javier Duarte, la marioneta fidelista cuya incapacidad política provocó que la sucesión de le fuera de las manos, sueltos los actores, beligerantes los dos senadores, Héctor Yunes Landa, bravucón al principio, negociador después, arrodillado de ahora en adelante; Pepe Yunes aún en plan crítico hasta que se tenga que sentar con sus enemigos del duartismo, el mismo gordobés, cuando se envié la señal de que el proceso “consumatum est”.

No escuchó queja alguna Pepe Yunes. No los oyó aunque la ira ahí estaba. La contenían los petroleros para evitar represalias, el castigo sindical, la amenaza hecha realidad.

Horas antes de la llegada del senador trascendían los rencores, el coraje de un gremio que era obligado a ir al evento del candidato José Gris Sáenz. Replicaban y rumiaban su dolor.

Enfrentaban las tácticas del viejo PRI, las marrullerías del STPRM, las trampas de siempre. Soportaron la presión so pena de recibir castigo.

Y no sólo entre los petroleros. También los empleados municipales. Operaban el acarreo desde la Tesorería del ayuntamiento de Minatitlán, con intransigencia absoluta la pandilla de Saúl Wade León, el cachorro del líder de la Sección 10, Jorge Wade González, Míster Twenty Percent, el que supone que el dinero del pueblo es suyo sólo porque lo tiene al alcance.

Le secundaba Hugo Amaya, director de Recursos Humanos, el azote de los trabajadores, cuya tiranía se vive a diario.

Tácitamente les dieron calidad de esclavos. La amenaza era categórica: “asisten al mitin o son los próximos despedidos”.

Hubo pase de lista riguroso. Todo para que el evento se viera nutrido, para impresionar a Pepe Yunes, para engañarlo, para que tejiera la fantasía de que esos hombres, petroleros y no petroleros, son votos potenciales.

Llevados a la fuerza, obligados a asistir al mitin del candidato Sáenz, esos petroleros, esos empleados municipales, son votos pero de castigo.

Sáenz Soto es como la mala pólvora: no prende. Su paso por la alcaldía fue lo peor que le pudo ocurrir, pues ahí, por pusilánime, por medroso, por falto de coraje, se dejó apabullar por Saúl Wadecito y su mamá, Madame Casino, Reyna León Cheluja, cogobernadores del municipio de Minatitlán.

Llegó al cargo con indudable prestigio y salió de la alcaldía entre jitomates, ajos y cebollas, repudiado por el pueblo que no lo vio trabajar, que se cansó de su palabrería mareadora.

Su campaña no augura un triunfo. Los líderes sindicales aman al PRI; los trabajadores lo repudian. El resto de la población experimenta el hartazgo ante un gremio que goza solo de sus privilegios y cuando vienen las desgracias llaman a compartirlas.

Sáenz Soto carece de la personalidad que le sobra a la candidata del PRD, Isabel Morales Aguirre, La Potra, polémica mujer, tormentosa, bravucona, literalmente de armas tomar, marcada por la tragedia familiar, la muerte de su anterior marido, José Gómez Gutiérrez, El Potro, tras una discusión de alcoba. Y luego la alteración de la escena sangrienta, la huida, el juicio en ausencia, su libertad, su nueva vida y el regreso a la política.

Sáenz se ve transparente. Y es que pasa desapercibido para todos. Nadie lo ve. Nadie lo escucha. Nadie sabe que políticamente existe.

Promete gestionar cuanto esté a su alcance si llega al Congreso federal. Lo dice y ni él lo cree. Si no pudo cristalizar nada cuando fue alcalde, menos en la sede del Poder Legislativo.

A ese candidato venido a menos fue a apoyar Pepe Yunes. Lo acompañó, a sabiendas que era lo menos importante. Su presencia tenía otro significado. Fue la consumación del pacto con los petroleros, o cuando menos con los líderes, con Romero Deschamps, con Wade.

La intención fue sumar un gremio de amplio peso político en el proyecto hacia la gubernatura de Veracruz.

Qué importa si para tener un mejor evento de campaña, los líderes hayan invocado al viejo PRI, las tácticas represivas, la amenaza, la presión, el amago de despido. Les dieron trato de esclavos.

Pero tenían que sellar el pacto con Pepe Yunes.

(Con información de mussiocardenas.com)

00
Compartir