Pepe Yunes se sacude a Héctor Yunes

Héctor Yunes quisiera que Pepe Yunes no hablara, no pensara y no actuara. Lo quiere dócil y manejable. Lo ve a su lado, pero qué mejor, sometido. Quiere pastorearlo. Que endurezca el discurso y luego lo suavice. Que enfrente al gobernador Javier Duarte, lo desaire y luego se reconcilie.

Así venía sucediendo hasta que José Francisco Yunes Zorrilla, senador por Veracruz, oriundo de Perote, cortó las ataduras y mandó al diablo la tutela de su perverso tío, sus truculencias y maquinaciones, la trampa y el engaño.

Había tenido un discurso ambiguo. Cauto, prudente, grisáceo, excesivamente calculador, que no le agenciaba adeptos pues pudiendo ser gobernador en 2010, prefirió arriar banderas y negociar la senaduría que hoy ostenta y una falsa promesa para que el 2016 le tocara suceder a Javier Duarte.

Endureció sus palabras en diciembre de 2014 cuando Javier Duarte dio el albazo y envió su propuesta de reforma político-electoral y transformó el próximo sexenio en una minigubernatura de dos años.

Ahí sí brincó Pepe Yunes. Expresó que el impacto lo sufriría Veracruz. No habrá inversión, dijo. Se envían malas señales. Se estancará la economía. No se puede concretar un programa de trabajo en dos años y los proyectos a largo plazo sería imposibles de realizar.

Surgió, aunque fuera por unos días, el Pepe Yunes bronco, contestatario, respondón.

Hablaba también Héctor Yunes con rebeldía. Construía el también senador, nacido en Soledad de Doblado, su plataforma mediática que advertía del daño gravísimo a Veracruz, la mano turbia, la mañosidad fidelista detrás del engendro político tenido, urdido y consumado por Javier Duarte.

Diciembre fue un mes rudo. Vapulearon al gobernador, lo exhibieron, mostraron la miopía política del títere de Córdoba, pues nunca antes se había concebido una reforma a la ley de tal alcance, dedicada a los enemigos del fidelato para hacerlos desistir de contender por la gubernatura de Veracruz. Dos años, a fin de cuentas, sirven para poco y para preparar la sucesión.

Héctor Yunes ha continuado con su activismo verbal. Mientras Pepe Yunes se ciñe a su habitual prudencia, a la mesura, a la timidez política, a veces irritante porque hasta Javier Duarte muestra más verbo y rollo, el choleño habla, se mete y se entromete incluso en temas que no son lo suyo.

Yunes Landa combina la crítica con la grilla bajo el agua. Lo acusan de haber negociado parte de su proyecto a cambio de ver en la Secretaría de Protección Civil a su amigocha de siempre, Yolanda Gutiérrez Carlín, fidelista que ocupara la dirección de la Comisión de Aguas del Estado de Veracruz, señalada de haber despedido del periódico Política a la periodista Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, porque así se lo pidió Fidel Herrera Beltrán. Regina fue asesinada y hoy es un ícono del periodismo crítico. ¿Y Yolanda qué es?

Deja pues el grito y el arrebato. Amaga Héctor Yunes con radicalizar su postura y gana espacios en el gobierno que dice combatir. Así es la simulación.

El 7 de enero, frente al Presidente Enrique Peña Nieto, durante el aniversario del centenario de la promulgación de la Ley Agraria, en Boca del Río, ambos senadores, Pepe y Héctor Yunes abandonaron el evento. Peña Nieto lo sabía y los dejó hacer. Javier Duarte pagó su desgobierno con un desaire.

Otra más de Yunes Landa: al conocerse el resultado de la cuenta pública 2013 por parte de la Auditoría Superior de la Federación, fue el primero en decir que estaría vigilante de las acciones que habrían de tomarse por el daño causado a Veracruz.

No es esa su materia pero Héctor Yunes se mete. Su lucha es de palabra. Habla y amaga, pero no actúa.

Pepe Yunes tiene más vela en el entierro. Preside la Comisión de Hacienda en el Senado de la República y lo detectado por la ASF tiene que ver con las participaciones federales no aplicadas, mal aplicadas, desviadas, malversadas, la documentación que acredita la ejecución de obras mal integrada o sin soporte legal.

Pero el que despotricaba era Héctor Yunes, habilón y oportunista.

Así andaba hasta que Pepe Yunes comenzó el deslinde. Tuvo cónclave con expresidentes del PRI estatal —Carlos Brito, Ricardo Landa, Gonzalo Morgado, Guillermo Zúñiga—. Ahí no estuvo Héctor Yunes, ni el fidelista Erick Lagos, ni Elizabeth Morales.

Luego le hizo su propio desaire a Javier Duarte durante el consejo político estatal del PRI, el domingo 8 de marzo.

Lo saludó con frialdad, cuentan las crónicas. Le dio la espalda. Dejó el evento en que se ratificó a Alfredo Ferrari y Corintia Cruz Oregon como presidente y secretaria general del PRI estatal.

Nada destacó más que la partida del senador Yunes Zorrilla, un agravio a la figura del desgobernador de Veracruz.

Héctor Yunes pasó a ser el manso de la obra. Ahí permaneció, sonriente, aplaudidor, condescendiente con el gobernador del que dice estará vigilante por lo hecho con los recursos federales.

Y cuando le cuestionaron sobre la salida de Pepe Yunes del evento, respondió con dos frases: Es que se le iba el avión y Pepe no tiene ningún problema con el gobernador. ¿Y Héctor Yunes sí?

No fue todo. Formato 7, portal en internet, difundió las palabras de Pepe Yunes respecto a la responsabilidad de los funcionarios fidelistas y duartistas en el saqueo detectado por la ASF.

“El senador José Yunes Zorrilla dijo estar dispuesto a llevar al escrutinio de la ley a todos los que hayan saqueado las arcas públicas en los dos últimos gobiernos, y recomendó al Gobierno de Veracruz transparentar el origen de los recursos que acaba de entregar a los municipios por concepto de bursatilización.

“Ojalá, dijo, que no hayan hecho un compromiso con la banca mediante un préstamo de corto plazo por 10 mil millones de pesos.

“Algo sabrá el presidente de la Comisión de Hacienda del Senado de la República, quien dijo que aquél que gane la gubernatura de dos años (por la que luchará) y no dé un golpe fuerte en la primera semana de su administración, que se olvide porque va a pasar inadvertido.

“Su rompimiento con Duarte y Fidel Herrera halló este domingo su hondura más preocupante, algo que visualmente se percibió durante toda la sesión del Consejo Político Estatal del PRI cuando le diera la espalda al mandatario y solo respondiera con frialdad un saludo de manos…

“A todo esto, ¿qué opinará el senador Héctor Yunes Landa, quien ha debilitado tanto su beligerancia al punto de que todo mundo sospecha que ya negoció con Fidel?”.

Llevar al escrutinio de la ley es perseguir y hacer pagar a Fidel Herrera y Javier Duarte y a sus respectivas pandillas, remitirlos a los tribunales. Implica ya una ruptura, a la vista la acción de la justicia sobre los saqueadores de Veracruz.

Pepe Yunes radicaliza el discurso. Héctor Yunes es verbo y poca acción. Habla y grita, amaga y embiste. Y seguido sus amigos y compadres se inscriben en la nómina del gobierno duartista, en la casa del enemigo y rival.

Pepe Yunes no sólo se deslinda de Fidel y Duarte. Deja atrás a Héctor Yunes, quien por lo que se ve, no tiene problema alguno con el gobernador.

Dejarse ver con los expresidentes del PRI, saludar con frialdad a Javier Duarte, darle la espalda, abandonar el consejo político priísta y advertir acciones legales contra la fidelidad y el duartismo, no estaban en el script de Héctor Yunes. En el de Pepe sí.

Por eso Héctor Yunes quisiera que Pepe Yunes no hablara, no pensara y no actuara.

Porque lo deja atrás.

(con información de mussiocardenas.com)

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