Pepe Yunes y Javier Duarte: cada vez peor

A regañadientes, Pepe Yunes accedió a un diálogo que no buscó, que rehuyó y en el que no creyó. Se trataba de sacar a Veracruz del abismo financiero al que lo envió Javier Duarte. Trazó un plan, la reestructura de la deuda, el alargamiento de los plazos, la negociación de las tasas de interés. Y once días después todo se fue al diablo.

Hoy le agradece el gobernador de Veracruz su interés, que gestione y libere recursos, pero en el tema de la reestructuración de la deuda, mejor que no se meta.

Es asunto del ejecutivo estatal, no de un legislador, le dice Javier Duarte, casado con la máxima de que quien manda y se equivoca, vuelve a mandar.

“Es responsabilidad nuestra —sentenció Javier Duarte— mantener las finanzas públicas sanas y cumplir con obligaciones”. ¿Finanzas sanas y cumplir con obligaciones?

De otro Veracruz habla Javier Duarte, ajeno a la realidad que viven proveedores, constructores, prestadores de servicios, pensionados y universitarios, que no ven pago mientras el gordobés, en un acto de incapacidad total, de irresponsabilidad sublime, de ineptitud proverbial, salda pasivos con bienes públicos, con terrenos, vendiendo los activos en lo que constituye el mayor saqueo de que tengan memoria los veracruzanos.

Pepe Yunes Zorrilla planteaba un plan financiero , no una venta de garaje, como quiere Javier Duarte, ni convertir a Veracruz en tianguis dominical donde se expende a retazos el gobierno, sus bienes, quizá hasta las chapas de las puertas y las mamparas del fallido programa de la prosperidad.

Once días después, da Javier Duarte el cerrojazo a un acuerdo por Veracruz que de entrada olía a muerto, porque el fracasado doctor en Economía por la Complutense de Madrid, si es que el título no es fraudulento, no se sentó con José Francisco Yunes Zorrilla para evitar el naufragio financiero sino para entramparlo en un pacto que lo habría obligado a encubrirlo si llegase a ser su sucesor.

Yunes Zorrilla y el gobernador de Veracruz se reunieron el 13 de agosto. Hablaron en el rancho San Julián, propiedad del senador, en Perote. Javier Duarte filtró que hablaron del tema de la sucesión. Pepe Yunes lo negó.

Yunes Zorrilla accedió al diálogo tras meses de resistir el asedio. Evadía a Javier Duarte desde la visita presidencial, cuando Enrique Peña Nieto encabezó la ceremonia del Centenario de la Promulgación de la Ley Agraria, el 7 de enero. Se fue a medio acto, acompañado del también senador Héctor Yunes Landa. Lo dejó, tácitamente con la palabra en la boca.

Rechazó a emisarios y personeros, a zalameros y bufones, que proponían el pacto de la infamia: Pepe Yunes sería el candidato del gobernador a cambio de impunidad, de solapar el saqueo a Veracruz, de encubrir los crímenes y los pecados, de no tocar a uno solo de los enanos del gobernador.

Lo evadía el senador peroteño y cuando había ocasión, arremetía contra la forma de gobernar de Javier Duarte, contra la forma de lucrar y mantenerse en el poder.

“En el Partido Revolucionario Institucional —dijo Pepe Yunes— hay distintas militancias, distintas expresiones o corrientes. La corriente dominante en Veracruz que encabeza Javier Duarte, no es en la que yo milito. Tenemos distintas opiniones y distintas ópticas”.

En lo financiero, la discrepancia es peor.

“Se gasta de más, hay más obligaciones que los ingresos. Lo que hace el estado cada mes es juntar todo ese recurso y empezar a pagar para resolver la presión que más urge en ese momento, descuidando y desconociendo lo que estaba etiquetado para carreteras, por eso no lo vemos para salud o educación. No necesariamente es un acto de corrupción, pero sí es de responsabilidad pública y es lo que ha observado la ASF (Auditoria Superior de la Federación)”, dijo el senador Yunes Zorrilla.

Invocó una prueba del saqueo: las denuncias de la Auditoría Superior de la Federación ante la Procuraduría General de la República por desvío de recursos.

“Todos estaremos atentos a ese desenlace. Lo que requiere la sociedad son decisiones claras y puntuales”, expresó.

Finalmente Pepe Yunes accedió. Dialogó con el gobernador, evadió la sucesión y tocó el tema de la descomunal deuda del gobierno de Veracruz.

Filtraba Javier Duarte que en lo electoral había concordancia. Pepe Yunes lo refutó. La sucesión no fue el tema de la reunión sino el colapso financiero.

Abordaría el peroteño el diálogo. Diría que Veracruz requiere reestructurar su deuda, contratar recursos, alargar los plazos y negociar las tasas de interés.

Caminaba en esa ruta Pepe Yunes. Había dialogado con el director de Banobras, preparaba el plan B para enfrentar la deuda descomunal, no de 44 mil 470 millones de pesos, como afirma el gobernador Javier Duarte, sino mucho más, quizá los 80 mil millones de los que habla el diputado panista Juan Bueno Torio.

Vía Pepe Yunes, el gobierno federal planteaba la solución al problema financiero de Veracruz. Tácitamente se convertía en el comisionado federal para el rescate de las finanzas.

Once días después del diálogo en Perote, el escenario tronó. Sutilmente, Javier Duarte se sacude al senador Yunes Zorrilla, le agradece su buena voluntad, pero su propuesta de reestructuración de deuda, dice el gobernador, no le corresponde; es atribución del Ejecutivo, no del legislador.

Le cala a Javier Duarte que Pepe Yunes haya refutado las cifras de la deuda veracruzana. No son 44 mil 470 millones, como dice el gobernador. Quizá sean los 80 mil millones.

Toma la palabra Javier Duarte, el lunes 24, en una conferencia de prensa en la que esta vez sí acepta preguntas de reporteros, preguntas que le vienen a modo para propiciar el rompimiento. Le cuestionan sobre la reestructuración de la deuda de Veracruz, como propone Pepe Yunes. Dice que puede ser, que lo analiza, pero que no es función del legislador sino del ejecutivo.

“Es importante el apoyo de cualquier legislador Federal en la gestión de recursos, liberación de flujo de recursos para cumplir con los compromisos que tiene la entidad con diferentes actores económicos y sociales”, precisó Javier Duarte.

Marca ahí su distancia con Pepe Yunes, pues pudiendo dirimir su discrepancia en corto, Javier Duarte lo llevó al escenario público. El desdén no es a Pepe Yunes sino al que lo envió.

Desdeña la línea de Los Pinos, donde la inquietud por el desastre financiero avizora la derrota electoral del PRI en 2016. Desdeña el plan del comisionado financiero virtual cuando el naufragio parece inminente.

Lo político le resulta irrelevante. Lo social no le inquieta. Es lo financiero el Talón de Aquiles del gobernador, la deuda que día a día crece, que se come los recursos; la falta de pago a contratistas; el dinero que no traslada al Instituto de Pensiones del Estado, provocando que sus afiliados carezcan de crédito o acceso a vivienda; los casi dos mil millones de pesos que debe a la Universidad Veracruzana; las becas escolares, y una interminable lista de rezagos.

Evidenciado, descubierto, Javier Duarte reventó el acuerdo con Pepe Yunes cuando el actor político más escuchado en Los Pinos advertía implícitamente que el gobernador de Veracruz miente sobre las cifras de endeudamiento.

Su molestia era evidente en la conferencia de prensa del lunes 24. La deuda registrada ante la Secretaría de Hacienda es de 44 mil 470 millones de pesos. Pero admite por primera vez que existe una operación diaria de pago a contratistas que pudiera ascender a 80 mil millones.

Pepe Yunes fue enviado a mediar en el tema financiero. Sanear las finanzas de Veracruz implica asumir el mayor crédito para la sucesión. A eso fue enviado.

Olvidó sus rencillas, su conflicto con Javier Duarte, la confrontación con quien encabeza la corriente dominante en Veracruz, “en la que no milito”, para abordar el problema toral: las finanzas públicas.

Tocó dos temas: la reestructura de la deuda y el monto de la deuda. Y ahí se gestó el nuevo Waterloo. Javier Duarte se sostiene en su proyecto de deuda sin salida, Veracruz en el rezago, en la parálisis financiera, en la falta de obra, en el déficit mensuales de 900 millones de pesos, que al año son más de 10 mil millones, sin un plan de emergencia, sin recorte de gastos, dilapidando a lo bruto, sin variar el rumbo, enfilada la nave al abismo.

Quiso dialogar con Pepe Yunes y usarlo para condicionar la sucesión. A cambio de la candidatura, garantizarse impunidad total. Iba bien. Tenía que llevar al senador al tema del sucesor en el gobierno de Veracruz. No imaginó que por la deuda se volverían a confrontar.

Once días le bastaron para mandar todo al diablo.

(Con información de mussiocardenas.com)

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