Periodista secuestrado

Más atentados

Ahora un fotógrafo de Noroeste fue secuestrado en Mazatlán, Sinaloa; afortunadamente apareció con vida

Por Ángel Álvaro Peña

Nadie quiere que el tono de la crítica a la actual administración se intensifique a causa de agresiones y amenazas a un comunicador; sin embargo, el secuestro del fotoperiodista Carlos Zataráin, del periódico Noroeste, desde la noche del sábado mueve a la indignación ante la pasividad de las autoridades y la impunidad con la que se trata los casos de las agresiones a los periodistas.

Porque el hecho de que haya aparecido sano y salvo no exime a la autoridad de su responsabilidad en casos como este, porque todavía no parece una de las personas que estaban con el fotoperiodista.

En México las garantías para ejercer el periodismo no existen. Ni siquiera hay un intento de los legisladores por hacer más severas las penas contra quienes atenten contra los comunicadores.

Al contrario, la reacción inmediata de quienes deben responder por la seguridad de los comunicadores es la de criminalizar a la víctima. Como es el caso de la alcaldesa de Salamanca, quien hiciera un cometario desafortunado por el asesinato de Israel Vázquez Rangel, al afirmar que a quién se le ocurría hacer un reportaje en una zona tan peligrosa.

Es decir, la culpa de su muerte es del propio Israel, como si se tratara de un suicidio. Los comentarios de las autoridades representan no sólo falta de sensibilidad, sino que pareciera que es una convocatoria a la impunidad.

El diario Noroeste denunció que Carlos Zataráin fue privado de la libertad la noche del sábado 14 de noviembre, por un grupo armado a bordo de un vehículo, en la colonia Venustiano Carranza de Mazatlán. En el lugar dejaron a una mujer amordazada.

Este domingo 15 de noviembre ciudadanos y periodistas se manifestaron en Valentinos, entre las Avenidas Del Mar y Camarón Sábalo, de Mazatlán, exigiendo que se respetara la integridad física de Carlos. Es necesario que exista este tipo de presiones para que regresen con vida a los periodistas. Pero en esa acción nada tuvieron que ver las autoridades encargadas de proteger a los comunicadores.

Se trata de unas agresiones que se multiplican con el tiempo, y mostrar impunidad se convierte en una invitación a seguir agrediendo a los comunicadores, porque las agresiones a los periodistas y los medios se incrementaron 45 por ciento de enero a junio del presente año.

Hay amenazas contra medios prácticamente todos los días, y no se diga advertencias y presiones contra los comunicadores. Nadie sabe de dónde vienen, aunque el trabajo del actual gobierno es conocer el origen de esas llamadas y de esos correos que amenazan de muerte a los comunicadores.

Existe, aunque algunos lo duden, un mecanismo, llamado pomposamente Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, el cual no ha arrojado los resultados esperados ni siquiera medianamente.

La creación de ese Mecanismo no es gratuita, surge ante el gran número de agresiones contra los periodistas mexicanos, gremio que ha sido muy castigado en los últimos años, por ello, para detener las críticas de los medios y los comunicadores se crea esta oficina que no sirve para nada y la muestra es la agresión a otro comunicador más, luego de que el martes 10 de este mes había aparecido el cadáver de un periodista en Salamanca y otros muchos a lo largo y ancho del país.

Ahora este Mecanismo se ha convertido en una burla para el gremio ante la violencia desatada contra los comunicadores, porque muchos de quienes han sido asesinados estaban bajo la protección de dicho Mecanismo, y, lo que es peor, algunos habían solicitado protección y nunca les fue brindada, pareciera que sólo se trata de un dique de contención de inconformidad del gremio que carece de efectividad, pero hasta cierto punto mitigaba las críticas de los medios.

Leer los boletines de prensa del Mecanismo da cuenta de sus acciones, porque se limitan a lamentar la muerte de uno y otro sin que ofrezcan alternativas o cambien de estrategia, como lo han prometido varias veces.

La incapacidad evidente acusa complicidad, lo que está sucediendo no puede sostenerse más tiempo. El secuestro del fotoperiodista indigna y hace perder las esperanzas de que haya libertad de expresión, porque de nada sirve que se permita la publicación de chistes, fake news, caricaturas críticas si los periodistas mueren a manos de intereses desconocidos.

Sin periodistas vivos y críticos no hay democracia.

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