Pilar Mar, Pilar de la Cultura (Segunda y última parte)

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar, pero no soñarán tus sueños.

Enseñarás a cantar, pero no cantarán tu canto.

Enseñaras a pensar, pero no pensarán como tú.

Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen…

Estará la semilla del camino enseñado y aprendido.”

-Madre Teresa de Calcuta

Fue en ese edificio de la Calle Ocampo número 15, que inauguró el 23 de noviembre de 1998 el entonces gobernador de Veracruz, Patricio Chirinos Calero, donde la doctora Pilar Mar consiguió por fin establecerse de manera definitiva con la Casa de la Cultura, y desde ahí llevó a cabo un prodigioso trabajo, esforzado y milimétrico, en favor de incontables generaciones de artistas y aspirantes a artistas, que aprendieron diversas artes como canto, baile folclórico, dibujo, fotografía, pintura en sus diferentes modalidades, piano, violín, guitarra y otros instrumentos musicales, y donde siempre tuvo buen recibimiento quien deseaba montar una exposición, o presentar un libro o una obra de teatro, un espectáculo musical o declamar poemas y así dar a conocer su trabajo al resto del mundo.

“Y todavía me dijeron… a mí me criticó mucho la gente, que cómo era posible que había metido la Casa de la Cultura entre ¡ocho cantinas!, ahí en la calle (Ocampo). Bueno, había ocho, ya nada más me quedan dos. Pero lo otro era un galerón horrible, además los militares tenían años de estar pidiéndolo. El presidente municipal de ese entonces nada más miraba al cielo, pero a lo más que llegó fue a ofrecernos un terreno que está por los rumbos de la Finca La Esperanza, para atrás… me ofreció un terreno, pero ¿con qué construyo?, ¿quién la va a hacer? Porque yo no me iba a meter en una cosa de esas.”

“Entonces nos mudamos a la calle Ocampo, y medio pintamos, medio arreglamos, medio lo encalamos, compusimos un poco la luz, y entonces un día me hablan de Veracruz, y me dicen del IVEC, queremos que venga y ponga una exposición, ‘sí, cómo no’, y agarré ocho pinturas y me las echo al ADO y me voy a Veracruz, y pongo la exposición. Y me dice el director del IVEC en ese entonces, ya no recuerdo quién era, me dice ‘la Casa de Cultura ha ganado un premio’. ‘¡Ah, sí, y qué premio es!’, y me dice: ‘su remodelación’. ¡Ah, qué sorpresa! Le dije ‘yo nada más quería que me la pintaran de lo que fuera, del color que tuvieran y de las pinturas que tuvieran y que me impermeabilizaran, ¡nada más!’, a pesar de las puertas viejas, unos vidrios sí y unos no, pero, pues era la Casa. Y me la dejaron bien.”

“Pero ya sabes, las construcciones, así, pues no son de muy buena calidad. Ahorita me estaba quejando porque las luces… pusieron unas lámparas hermosas, así modernas, toda muy bien iluminada, desde afuera, el patiecito y los tres niveles, tengo cinco baños bien implementados y todo. Pero no son de calidad, entonces las lámparas se empezaron a caer, unas lámparas grandísimas, así, porque les pusieron un tornillo de una pulgada, entonces ¿cómo van a sostener un aluminio tan grande?”

Durante el homenaje de junio de 2019, Pilar Mar Gómez y su compañera inseparable Estela Mar.

Pocas personas saben que, con el paso de los años, en 2002, la Casa de Cultura de Tuxpan cambió su nombre a “Casa de Cultura Pilar Mar Gómez”, un tema del que la doctora, con su habitual modestia, no suele tocar en sus conversaciones.

Pilar Mar recibió un merecido homenaje por su trayectoria como directora de Casa de Cultura de Tuxpan

“¡Ah, sí, la Casa de la Cultura tiene ni nombre! Ese proceso… yo no me di cuenta de que el maestro (José Luis) Mireles (director del Grupo de Danza “Macuilxóchitl) empezó a trabajar, que quería que la Casa de Cultura tuviera mi nombre. No me dijo nada de sus planes. Empezó a reunir a los maestros, hizo juntas, para ver qué tanta fuerza había… y empezó a entrevistar. Fue a ver a la presidencia municipal, con los marinos, con los militares… hizo una pequeña encuesta que si aceptaban que la Casa de Cultura llevara mi nombre. Entonces todo mundo dijo que sí, ¡como no se trataba de dar nada! Y entonces sí, se le pone mi nombre. A mí me da ponerle mi nombre… yo siempre digo Casa de Cultura de Tuxpan. No sé, no sé, tal vez sea una falsa vergüenza, pero ahorita, que me queda poco tiempo ¡ahora sí quiero que sepan que la Casa de Cultura se llama Pilar Mar Gómez!”

“Había una placa, pero… ahora con la remodelación ya no quisieron que estuviera en la calle, ‘se la van a destruir, no va a faltar quién le eche pintura o algo’, entonces está dentro, donde está la salita exposiciones tengo esa plaquita con mi nombre, y a contraesquina en una pared, está una de Conaculta referente a la remodelación y otra de agradecimiento a Patricio Chirinos, porque gracias a él se compró ese edificio. Pero no me interesó dar a conocer que la Casa de Cultura lleva mi nombre. Ahora quizá últimamente mi hice un poquito, como dijéramos… ¡me gusta presumir!”

Rodeada de incontables amigos, Pilar Mar Gómez recibió un merecido homenaje en junio de 2019

Y cómo no presumir, después de tantos años de trabajo y de sobreponerse a los vientos en ocasiones tempestuosos de la adversidad, porque la cultura y la difusión cultural no son la prioridad de nadie, mucho menos de las autoridades, de modo que la labor de la doctora Pilar se antoja titánica, y su figura crece a cuando entendemos que enfrentó una batalla en condiciones por completo desfavorables y supo salir adelante, siguiendo el consejo de Gálatas 6:9: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.”

 “Primero me confronté con los militares. Y después tuve que hacer migas con los de las cantinas, porque yo los respeté, y entonces los obligué, es más, las chicas, cuando entraban lo hacían muy quietecitas, y cuando veía que empezábamos a meter y a sacar cosas, las sillas, porque había que pedir sillas prestadas porque yo no tenía, ¡aún el año pasado no tenía sillas!, le bajaban al volumen de la música. Tuvimos una buena convivencia, ellos allá, nosotros acá, ellos alegaban que habían llegado primero, y tenían razón. Como te dije, mucha gente me criticó. ‘¿cómo es posible que hayas aceptado estar en medio de las cantinas?’, pero era la calle o estar entre las cantinas. Y ya llevamos 28 años.”

Pilar Mar recibe de manos de Gabriela Zamora el reconocimiento que le brinda Arte y Cultura de Tuxpan, A. C.

“Aquí montamos talleres, exposiciones, impulsamos gente, presto el local, no cobro, pero sí digo, ‘mira, si puedes dar un pequeño donativo, dalo, lo que sea me sirve, porque puedo comprar un detergente, un trapeador o una escoba’. Por ejemplo, tuve un alumno, Isidro Aguilar, que bailaba muy bien, era campeón de huapango. Se recibe de biólogo, y como tenía intención de formar un centro cultural, lo forma… está en Ojite. Llegó a tener su grupo de danzantes, aunque creo que se fue y ya no funciona. Él, como muchos otros, es parte del semillero de Casa de Cultura. Fueron jóvenes que llegaron pidiendo que los dejáramos aprender y que quería… y, por ejemplo, a Isidro… había dos o tres madres del grupo que le daban para que se cortara el pelo, para que se boleara los zapatos, ¡para el desodorante, porque si no la muchacha no quería bailar con él!”

“Otro jovencito, que llegó de la mano del papá, allá a donde estábamos por el cementerio (en la calle Galeana); todos los sábados lo traía el papá a dibujar y a pintar. Sale de la preparatoria y le dice al papá que él se quiere ir a Jalapa, a la escuela de arte, para seguir con la pintura. ¡No, el papá, cómo crees!, porque era agricultor y él necesitaba quien lo ayudara con su milpa, y todo. Y vienen conmigo la mamá y el papá, y me dicen, ‘fíjese que queremos que nos ayude, porque no sabemos qué hacer con él’. Les digo, ‘yo opino que sí él trae el don, la habilidad y la facilidad de ser un buen pintor, ¿por qué se lo van a quitar ustedes?, hagan la prueba’. ‘Es que se va a morir de hambre’. ‘¡No, no, van a ver que no, él es muy bueno!’. Y es muy bueno. Ahorita está haciendo sus murales en la base del puente. Se llama Amado Procopio. Era un niño que entró a Casa de Cultura de la mano del papá, un campesino. Y como estos tengo un montón de ejemplos.”

Emocionada, la doctora Pilar lee su mensaje a los asistentes al homenaje. A su derecha, Gabriela Zamora, de Arte y Cultura A. C., a su izquierda Silvia Alejandre Prado, directora del Instituto Veracruzano de la Cultura

“Hay un compañero que entró igual que Procopio, que apareció así, de repente en Casa de Cultura… y me dice la maestra Margarita (Chew), ‘ven, te voy a presentar a nuestro artista’. Estaban las señoras en su mesa, y la mesa de los niños acá. Y en el rincón estaba un jovencito. Tenía el pelo largo hasta aquí y aquí (señala), traía las uñas negras, se veía sucio, descuidado, y no miraba de frente… era el artista… ayudaba a los niños y en ocasiones a las señoras… porque ya traía el don… agarraba su cuaderno Aguilucho, dibujaba y arrancaba la hoja. Le preguntamos, ‘¿tienes más?’, ¡uh, sí, tengo un montón en la casa!’, le pedimos que los trajera… le hemos puesto una exposición… y en la inauguración llegan los periodistas, llega el de Marina, llega el Jefe de Zona, había autoridades, y gente viendo la exposición de este joven. Este trae la sensibilidad. Un joven prácticamente abandonado. Y yo lo veía inquieto en la exposición. Platiqué con la mamá, ‘yo lo veo inquieto, ¿qué le pasa?’, y me dice ‘es que su papá no ha llegado’. Y ya, hasta que llegó el señor, y le digo, ‘espérese tantito para que lo vaya a saludar, porque mire ahorita lo están entrevistando, y mire, están las autoridades ahí’, y mira, se quedó el señor admirado, sorprendido de que no sabía lo que tenía en su casa. Se llamaba Mario. Nunca supimos su apellido.”

En estos años acompañaron a la doctora sus primas inseparables Estela y Cristy, que son hermanas entre ellas y también de apellido Mar. “Cristina era mi compañera, íbamos a Veracruz, nos invitaban dos o tres veces al año, nos daban conferencias para prepararnos, y decir qué era lo que hacíamos, que era lo que no debíamos hacer, y ella era mi compañera, si iba de paseo, iba conmigo. Ellas dos vivieron conmigo desde que yo me casé, y de niñas también. Ellas son primas mías, hermanas entre ellas, y ellas estuvieron conmigo todos esos años, jalando, batallando, ayudándome siempre, ahora Cristy ya no está, pero siempre estuvo.”

Silvia Alejandre Prado, directora del Instituto Veracruzano de la Cultura, entrega un reconocimiento a la doctora Pilar Mar

Los minutos transcurren entre anécdotas y recuerdos. La tarde avanza casi de manera imperceptible. Afuera se escucha apagado el rumor de los automóviles y no consigue perturbar la tranquilidad del consultorio en el que transcurre la vida profesional de la doctora Pilar Mar, y que tuvo su punto culminante cuando el Colegio Nacional de Cirujanos Dentistas le entregó el “Premio Nacional 2018 por el Estado de Veracruz”, por su brillante trayectoria académica y profesional, en una ceremonia que tuvo lugar en Acapulco, Guerrero, en marzo de ese año. Un año después, en junio de 2019, el Instituto Veracruzano de la Cultura y el organismo Arte y Cultura de Tuxpan, A. C., organizaron un homenaje a la doctora Pilar Mar, en el jardín del Hotel Holiday Inn, en el que no cabían tantos invitados y amigos que se congregaron en esa tarde cálida, para reconocer el esfuerzo, la dedicación y la pasión de esta mujer a quien tanto le debemos.

Por eso nos causa sorpresa su respuesta, al preguntarle sobre su balance de todos estos años dedicados a la difusión cultural y el impulso a las artes: “Yo siento que es muy poco lo que he impulsado la cultura en Tuxpan. Te soy sincera. Te voy a decir por qué. La gente… es difícil que haga lo que uno quiere que haga, o lo que debe hacer. La gente no tiene dinero. Me refiero al pueblo, no a las personas pudientes que pueden mandar a sus hijos al extranjero, o a tomar clases en academias. La gente del pueblo no tiene dinero para eso, y lo necesitan… porque si el niño o la niña, o si tienen tres niños, ¿cómo va a mandar a tres niños a Casa de Cultura, con qué va a pagar la mensualidad? No hay recursos. Y hay que pagar el mes, porque el maestro, prácticamente trabaja por el número de alumnos que tenga, y lo hace cuando él cultiva a su alumno, cuando convence a los padres que vean lo que (sus hijos) han adelantado, y entonces el padre ya no le duele tanto sacar el dinero y pagar. Con parte de esas cuotas nos sostenemos nosotros, porque el dinero se lo llevan los maestros, que son los que trabajan, yo nada más organizo y estoy al frente de ellos.”

La doctora Pilar Mar Gómez luce orgullosa el reconocimiento que le entregara en 2018

“Yo pienso que me falta, por la falta de recursos de las personas y también de la Casa de la Cultura. Muchas personas me pedían que diera becas, pero el asunto es complicado porque el que tenía que becar era el maestro. Por ejemplo, tú vas a dar una clase de dibujo, cobras cien pesos, y viene la Escuela Nava y te dice, ‘quiero que les des becas a tres alumnos’, bueno, tú vas a decir, ‘son trescientos pesos,  ¿cuánto me vas a dar?’, ‘pues no podemos darte nada’, ¡pues no!, porque el maestro no va a venir a dar su tiempo, a gastar su gasolina, en fin, venir con frío o con calor, estar aquí a un horario, se necesita un poco de comprensión. Entonces, el maestro se lleva el setenta por ciento de lo que entra por cada alumno. Por ejemplo, si la clase cuesta trescientos pesos nos deja ochenta, noventa pesos, por alumno. ¡Y eso es cuando el alumno paga, ese es otro asunto! Se inscriben, pero no son constantes, porque no es una educación de rigor, que si no pagas no te doy un papel.”

“Entonces tenemos las clases de canto, de música, de baile, de artes plásticas, pero los maestros ganan, los padres dan su cuota y se acabó, pero en Casa de Cultura no hay eso, y se sostiene con una parte, lo que gusten dejar los maestros. Por eso estamos apuradas todo el tiempo. Cuando nos llega el recibo de la luz estamos siempre viendo a ver cómo se completa, con una cosa o con otra para pagarlo.”

Pilar Mar Gómez con el reconocimiento que le entregó el Instituto Veracruzano de la Cultura

Esa escasez de recursos estuvo frenando todo el tiempo el desarrollo de las actividades de Casa de Cultura. “A mí me costó”, confiesa la doctora Mar, “no lo quería decir, pero a mí me costó Casa de Cultura, tiempo y dinero… siempre, y lo di con mucho gusto, lo di con corazón. Lo bueno fue que conté siempre con el respaldo de mi familia, de mi esposo, que nunca me inhibió, nada, no, al contrario, qué necesitas, a dónde te llevo, a dónde vas a ir. En fin, fue un gran esposo.”

Las anécdotas se suceden una tras otra, encadenadas en la memoria de la doctora Pilar. Hablamos de los ayuntamientos, del poco o nulo apoyo que recibió de las administraciones municipales, con la excepción de Tavo Greer, quien estuvo en el proceso de poner el nombre de la doctora a la Casa de Cultura y que la apoyó con un poco de dinero para saldar una deuda monstruosa por noventa mil pesos, deuda que la doctora adquirió al decidir que el grupo de danza “Macuilxóchitl” viajara por 28 días a Europa, aventura que por sí misma es digna de una entrevista, y que le quitó el sueño y de la cual salió bien librada gracias a un donativo anónimo. Nos habla de su magnífica relación con el actual director de Cultura, Gustavo Garamendi, con quien tiene una amistad de años y de quien recibe mucho apoyo.

“Pero ya te digo, me siento tan orgullosa, tan contenta, tan satisfecha… yo no voy a decir que Dios me quiere mucho, porque van a decir ‘ésta, tan jactanciosa’… sé que me faltaron medios, pero aun así, ahí está la Casa de Cultura, fíjate, y está bonita… y ahorita con el premio le voy a poner muebles… no tengo mesas, mira, las sillas… son dos pisos, las sillas las subo y las bajo. Cuando vinieron  del IVEC, con la nueva directora (Silvia Alejandre Prado), a ver cómo estaba la Casa, porque estuvo recorriendo todas las Casas, ‘¿qué le falta?’, ‘mire’, le dije, ‘me falta la luz, que está fallando porque las lámparas están mal instaladas’, por ejemplo, la sala de exposiciones no tenía luz… ¡imagínate una sala de exposiciones sin luz… en la tardecita, en la noche ya no se ve nada! ‘Y me faltan sillas’, le dije, ‘porque si quiero tener una conferencia, nada más tengo veinticinco sillas, pues tampoco puedo meter gente que esté parada’. Y es que no puedo comprar sillas, ¡si apenas completo para pagar la luz! ‘Necesito mobiliario’, le dije. ‘No la podemos apoyar en eso, en cualquier otra cosa sí, cómo no, verdad, a ver, vamos a ver’.”

La doctora Pilar muestra la medalla que le entregara, junto con el reconocimiento, el Consejo Nacional de Cirujanos Dentistas, A. C. “Mi máximo logro, la culminación perfecta de mi carrera como dentista”, dijo al respecto.

“Pero entonces se presenta la oportunidad de que el gobierno federal ofrece una cantidad para las Casas de Cultura, y me hablan: ‘haga el favor de participar’, así me lo ordenaron. Porque yo ya había dicho ya no me quiero meter en líos, ya no me quiero meter en nada, y había que hacer todo un trabajo de computación, contestar sesenta preguntas, por qué lo está haciendo, dónde lo está haciendo, y cuál es el resultado, y qué número de alumnos tiene y quién es el maestro. Hacer eso, prácticamente por cada elemento de Casa de Cultura… híjole, un trabajo tremendo. Gustavo Garamendi me ayudó, me puso dos personas a que me apoyaran e hicieran lo que yo quería. Estoy agradecida con Gustavo, porque gracias a su apoyo conseguimos obtener esos recursos para la Casa de Cultura, con los que habremos de comprar mobiliario.”

“Hay logros que puedo enseñar. Fui con Cristina a todas las conferencias que dio el IVEC, a todas. Y la Casa de Cultura de Tuxpan es la número tres en el estado de Veracruz. Sólo nos supera Coatzacoalcos y Orizaba, la Casa de Cultura de Orizaba, aunque esta depende también de Bellas Artes, no nada más del IVEC, y el director también es el mismo director desde que empezó, pero me gana, porque lleva ya treinta y cinco años, él tiene un ballet muy bueno, de muy buena calidad, pero Casa de Cultura de Tuxpan tiene el tercer lugar en todo el estado, lo cual me da mucho gusto. Ya te digo, tengo muchas satisfacciones, triunfos que me llenan.”

De pronto nos damos cuenta del paso del tiempo. “Yo te puedo seguir hablando todo el día, pero no, aquí vamos a dejarlo”, me dice. Una última pregunta, doctora, le pedí: ¿si tuviera la posibilidad de volver a hacerlo, lo volvería a hacer? No hubo en sus ojos el menor asomo de duda: ¡sí, lo haría, sí, definitivamente!”

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