¡Pinche “Corcholata”!

+ ¿Qué aporta Carmen Salinas a la democracia?
+ Su diputación, una ofensa a los mexicanos

Cuando el nombre de Carmen Salinas -sí, la mismísima “Corcholata” alburera y vulgar de aquella gloria de la cinematografía mundial llamada Bellas de noche-, surgió como futura diputada plurinominal del PRI, los jerarcas priistas justificaron su ungimiento bajo un razonamiento profundo: “Ya quisieran muchos tener su popularidad…”.

¡Ah, bueno! Bajo esos parámetros priistas, entonces hagamos diputados o senadores al Platanito, a doña Lucha o a Jaitovich, si a final de cuentas, la señora Salinas es famosa por su personaje arrabalero. Fue su personaje público, y no la valía intelectual, política y cultural del ciudadano, quien determinó su llegada a una curul.

Y no nos debe extrañar de los priistas si, el pasado 7 de junio, postularon como candidata a la delegación Cuauhtémoc a Alejandra Barrios. Sí, la misma que estuvo en prisión acusada de haber asesinado al esposo de su rival por el control del ambulantaje en el Centro Histórico. Un digno ejemplar de la fauna priista. ¡Menos mal que no ganó!

Pero más allá de “corcholatas”, chungas y criminales, la llegada de Carmen Salinas a San Lázaro es el enquistamiento de la vulgaridad en el cauce legislativo. El entronizamiento de la burla priista hacia los ciudadanos. El emblema del agravio al imponer al país a una mujer inculta, alburera y mal hablada, en la Cámara de Diputados.

El adagio se reafirma: si alguien del escaso nivel intelectual y cultural de Enrique Peña Nieto llegó a ser Presidente, ya cualquiera puede ocupar cualquier posición. O hasta una diputación.

El conflicto es que “La Corcholata” ya empezó con sus ofensas a los ciudadanos. Lo hace como si estuviera albureando al “Caballo” Rojas o al “Chatanuga”. Como si estuviera cabuleando a “La Jitomata” o a “la Perejila”. Sí: el león cree que todos son de su condición.

Y no estamos de persignados. No. Si la señora Salinas quiere alburerar o decir peladeces, allá ella y los oídos que la escuchan. El punto es que ofende a ciudadanos, se duerme en su curul y cuando se le reclama, escupe y vocifera, y eso nos cuesta a todos, vía impuestos, unos 150 mil pesos que la diputada “corcholata” recibe mensualmente.

Ese es el punto: que a la diputada Salinas se la tragó “La Corcholata”, y nada más no puede desprenderse de su personaje. Está bien. Allá ella. Pero que cuando legisle, deje en el closet – o en la pulquería-, a la “Corcholata”, y no injurie a los ciudadanos que le exigen, con toda razón y derecho, que desquite el salario público que se le paga…aunque, siendo honestos, será muy difícil.

“Corcholata” eres. Y “Corcholata” morirás.

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El affaire Carmen “Corcholata” Salinas se está convirtiendo en un problema mayor para el PRI.

¿Por qué?

Primero espetó, a quienes le reclamaban su desempeño legislativo – por llamarlo de alguna manera-, la siguiente joya: “No tengo iniciativas, no la hagan de a pedo”. Eso saco por andarle reclamando.

Pero luego, habría dicho – y digo habría porque, tal y como lo asentó SinEmbargo, no se ha podido confirmar que sea auténtica- otra frase que ha indignado: “Por mí se pueden meter sus firmas por el trasero o por dónde más les quepa, mijitos, yo estoy respaldada por mi partido, mejor pónganse a trabajar y no estén de envidiosos”.

La señora “Corcholata” canceló su cuenta de Twitter. No ha desmentido que lo haya dicho.

Hasta ahora, el PRI no ha refutado la supuesta frase de su diputada.

Allí queda.

Sin embargo, el asunto ha escalado.

A través de Change.org se han recabado alrededor de 100 mil firmas para que la diputada Carmen Salinas Lozano sea retirada de la diputación. Es una cifra nada despreciable.

“Si no sientes indignación por el video en el cual Carmen Salinas se burla de todo el pueblo mexicano, haciendo alarde de su corta capacidad como servidor público, enalteciendo la de por sí decrépita clase política mexicana, no sé qué nos hará despertar y exijamos que el fuero le sea retirado…”, dice parte de la arenga cuya autoría es de Carlos Portuguez.

Las puntadas de la “Corcholata” Salinas se están convirtiendo en un problema para el PRI. Cierto. Ya entró en otras dimensiones.

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La llegada de Carmelita Salinas a San Lázaro ha sido una desgracia para la aún incipiente democracia mexicana.

La “Corcholata” nada, absolutamente nada aporta al trabajo legislativo o a la consolidación de la democracia. Vamos, ni siquiera apoya al gremio artístico. Ella ocupa una curul para hacer reír a sus compañeros de bancada, para alburear a los reporteros u ofender a ciudadanos que le reclaman en qué está trabajando.

No merecemos esta clase de diputadas.

No debemos aceptarlo.

Vaya con la “Corcholata” Salinas: el vivo ejemplo de un PRI engallado, anacrónico, vergonzante.

¡Qué viva el albur!

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