PIRINOLA JAROCHA

Por Valentín Ramos F. 

Los resultados de las elecciones de ayer son variopintos, dejando triunfos y derrotas parejo para todos, menos para el electorado que lleva todas las de perder. Habrá quien deseaba haber ganado más, y a quien le fue mejor de lo que esperaba, pero los resultados ya ahí están y será hasta 2018 cuando veamos el reacomodo real de poder entre las fuerzas políticas del país.

Al PRI le fue mejor de lo que ellos mismos pensaban, pues el deseo de la mayor parte de los mexicanos, sin importar la filiación, era verlos perder los tres estados en disputa. Sólo perdieron el pequeño Nayarit, ratificando su desdichada hegemonía en Coahuila y el EdoMex, si bien de manera exigua y casi ridícula. Con eso se conforma Peña para respirar de aquí al dedazo, que de manera inexorable habrá de llegar. También con eso respira Ochoa Reza para poder seguir usufructuando su papel de falderito consentido del presidente.

El PAN publicita al máximo su triunfo nayarita, escondiendo la aberrante derrota mexiquense y el “casi, casi” de Coahuila. Ricardo Anaya tiene un pie fuera del CEN blanquiazul para su propia campaña. Prácticamente los panistas lo que querían era que ya pasara este proceso para poder empezar a preparar la presidencial.

El PRD se siente en los cuernos de la luna por haberse colgado del PAN de Nayarit y por un milagroso tercer lugar en el EdoMex que le permite además restregarle sus casi veinte puntos a López Obrador. Cuando se presume el haberse colado en un triunfo ajeno y un tercer lugar, es cuando uno debería replantearse el futuro propio.

Morena le apostó todo a ganar el terruño de Peña. Al parecer no le alcanzó, y ya veremos qué tanto saca del conflicto postelectoral. Debería celebrar que un partido inexistente hasta hace dos años, ahora supere los treinta puntos porcentuales, lo que lo deja en excelentes condiciones para 2018. Por desgracia, en México vivimos de apariencias y de lo inmediato.

Ahora bien, en Veracruz estamos ante el espectáculo de la pirinola electoral, en la que todos ganan y todos pierden al mismo tiempo, pero nadie se atreve a reconocerlo. Vamos por partes.

Ganan el gobernador Yunes y el PAN, porque se ratifican como primera fuerza política del estado, pese al desgaste de su gobierno que cuando más se puede calificar de mediocre. Arrasan en el Puerto y en Boca del Río con una fuerza impresionante, que desde ya anuncia la candidatura a gobernador de ChiquiYunes. Ganan además una atronadora mayoría de ayuntamientos. Pero pierden al no concretar bases sociales gracias al ejercicio del poder. Yunes llegó al gobierno con casi 35% de los votos, y una caída en las preferencias, así sea apenas de cuatro percentiles, prende alertas de que tal vez no fue tan buena idea correr a la base burócrata que lo llevó al triunfo. Como sea, el PAN es el que mejor librado sale.

Gana Morena al llevarse “la joya de la corona” que es la capital, así como Coatzacoalcos y Poza Rica, con diferencias impresionantes. Pero eso sólo oculta el gran fracaso de la única, verdadera e impoluta esperanza de México. El diputado Cuícaras sacó casi 27% de los votos en la carrera para gobernador, por lo que ahora Morena enfrenta una pérdida de casi diez puntos, una auténtica sangría. Se esperaba además que se llevaran por lo menos unos cincuenta municipios ante la anemia del tricolor, pero al ganar apenas diecisiete (casi todos pequeños), tienen que esconder tamaño declive detrás de sus tres triunfos importantes. No que ello vaya a significar peligro para el liderazgo de Manuel Huerta, que tiene su mejor mérito en su fidelidad lopezobradorista.

Gana el PRD porque se cuelga del PAN para obtener para sus liderazgos alcaldías que por sí mismos jamás hubieran logrado, además de continuar disfrutando de las prebendas que le garantizó su alianza. Pierde porque está totalmente desdibujado, es un satélite sin rumbo, sin vergüenza y sin ideología. Arturo Herviz será por tercera ocasión alcalde de Ángel R. Cabada, lo que no se sabe si es cómico o trágico.

Gana el PRI por el solo hecho de no haber sido obliterado de la geografía veracruzana. Su único objetivo realista era el no ser aniquilados, y lo lograron. Triunfaron en más de cincuenta municipios Es más, ganaron Orizaba y Perote, consuelo fatuo. Pero eso no quita que en este momento la votación del otrora partidazo esté por debajo del 20%, casi rebasado por Morena y sostenido apenas por la alianza con el Verde. Como plataforma de Pepe Yunes hacia el próximo año, es francamente descorazonador. Al menos para los priistas, porque quienes sostenemos que la democratización real de México pasa por la desaparición necesaria del PRI, estamos de plácemes.

Gana Movimiento Ciudadano, que triplica su escuálida votación de 2016, mantiene el registro local, y resurge como opción de izquierda, ante la prostitución oficializada del PRD y los desplantes excéntricos del amloísmo. Pero pierde al lograr apenas una decena de alcaldías, Gutiérrez Zamora la más importante. Eso no deja mucho margen de negociación para Dante Delgado si realmente quiere volver a ser senador o gobernador.

Gana Nueva Alianza, que se desprendió del PRI para lograr rasguñar un 7%, lo que le permitirá colocarse muy bien en el mercado de las alianzas en 2018. Pero de las 18 alcaldías obtenidas, no hay una sola de importancia económica o poblacional, y sus triunfos son en gran medida producto de coyunturas locales. El burro que tocó la flauta.

A un año de la elección federal, las ventajas son todas aparentes. Nadie se puede confiar y el espacio para las sorpresas es amplio. Comienza la carrera.

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