PRD: La Potra, ¿víctima o asesina?

Viuda trágica, viuda de escándalo, La Potra sabe provocar el morbo. Antes fue el crimen o suicidio de su marido. Ahora lo es su reingreso a la vida pública, una regiduría, su lucha por ser diputada federal, a contracorriente, enfrentada una vez más al PRI y al fidelismo con el que cohabitó y que casi la hunde en prisión.

Si no hubiera sido La Potra, Isabel Morales Aguirre sería La Bronca, tormentosa con aires de retadora, que ni se inmuta cuando le recuerdan que en su pasado hay un hecho de sangre.

“Tú tienes tu muertito y yo tengo el mío”, le dijo a quemarropa a Renato Tronco Gómez, cuando el sombrerudo de Las Choapas pretendía contender por la diputación federal en Minatitlán.

Lo punzaba donde a Renato Tronco le duele: el asesinato del ex regidor panista Alfredo Pérez Juárez, su enemigo, su acérrimo crítico, el hombre que con autoridad moral advertía de la traición a la sociedad que ingenuamente lo llevó a la alcaldía choapense, por el que Fidel Herrera Beltrán, entonces gobernador de Veracruz, movió a su Procuraduría hasta imputarle la autoría intelectual del crimen y una vez sometido, lo hizo su aliado.

Renato negaba tener un muerto en el clóset. La Potra insistía que sí. “Y vamos a lanzarnos. Tú por el Verde y yo por el PRD”, decía Isabel Morales, sabedora que la polémica es un activo que atrae miradas en las contiendas electorales.

La Potra no es La Potra por sí misma. Lo es por su ex, el empresario y ganadero Javier Gómez Gutiérrez, El Potro, compadre del ex líder petrolero Pablo Pavón Vinales, millonarios ambos, disparado el temperamento, tipo de armas, de alarde y altivez.

Le sobra razón a La Potra. Tiene un muerto en su haber y lo está sabiendo explotar.

Viuda para unos, autoviuda para otros, Isabel Morales Aguirre sabe que un hecho de sangre sepulta cualquier sueño de poder, destruye una candidatura, destruye a un candidato y aleja el voto de la sociedad.

Pero su caso es insólito. La Potra usa como estandarte de lucha política aquel suceso trágico ocurrido en la alcoba matrimonial del rancho Los Javieres, cuando el 11 de marzo de 2006, una discusión con su esposo terminó en balacera y muerte.

Dice la historia oficial que El Potro recibió una llamada telefónica. Le hablaba su cuñada. Le reclamaba que tuviera un amorío y que lo sabría Isabel.

Respondió con ira Javier Gómez. Se trabó en una discusión con La Potra. Creció el conflicto. Asomaron las armas. Ambos recibieron impactos de bala, los de él mortales.

Isabel Morales era síndica de Minatitlán, priísta, pero actuaba como alcaldesa. Manejaba el cabildo y cuando podía, que era siempre, exhibía al presidente municipal, Raúl Morales Cadena, por su falta de mando, sus desatinos, su ambición, pues de la noche a mañana el edil fue el mejor pagado de Veracruz.

Incontrolable, Isabel Morales había sacudido a Minatitlán, a su ayuntamiento, cuestionaba en público, denostaba al alcalde y lo confrontaba con sus desaciertos. Le resultaba incómoda al mismo Fidel Herrera Beltrán, entonces gobernador de Veracruz.

Sirvió su tragedia para enviarla a la congeladora. Cuenta La Potra que aquello fue una persecución política, acusada falsamente de un crimen que no cometió, que fue la víctima de su esposo, enloquecido éste cuando ella dio por terminada la relación.

Dice haber sufrido tres impactos de bala y que luego él se suicidó. Un empleado entró en la habitación, cuenta. Intentó moverlo. Se activó el arma y le asestó otro balazo.

De ahí fue llevada a una clínica donde recibió atención y en cuanto pudo la trasladaron a Oaxaca, perdida en el olvido, hasta lograr su recuperación.

Esa es su versión.

La otra es la oficial. Discutieron y finalmente se tirotearon. Murió Javier Gómez, asesinado por La Potra. De ahí le vino al orden de aprehensión.

Hay una tercera. Discutían, El Porto comenzó a golpearla, llegó su hija Damara e intervino. Tomó un arma la chica y al momento de accionarla, Isabel se interpuso y recibió un disparo entre el pecho y el hombro. Siguió disparando y segó la vida de Javier Gómez.

Contaba esa versión el ex jefe policíaco Ronaldo Smith, ya fallecido. Se jactaba de haber llegado, modificado la escena del crimen, borrado evidencia, disparado hacia las paredes, facilitado la huida de La Potra. “Esa fue la instrucción y yo la acaté”, dijo Smith.

A salto de mata, escondida, sorteó Isabel Morales el proceso penal. Acudió a mil instancias. Pidió a diputadas su intervención, inútil su esfuerzo pues nadie metía las manos al fuego por una prófuga, mucho menos cuando la imputación es el asesinato.

Su retorno es peliculesco. Contendió en 2009 por la diputación federal, entonces candidata del Partido Verde, retadora en los debates, su tragedia en sus labios, confrontando a quienes escarbaban en su pasado. Fracasó.

Llegó como regidora del Partido de la Revolución Democrática, en 2014, al ayuntamiento de Minatitlán y de nuevo tomó el mando del cabildo. Preparada, abogada, con maestría, encabezó acciones que el alcalde José Luis Sáenz Soto se negó a tomar, una de ellas la corrupción de Guadalupe Porras David y el encubrimiento de su sucesor, Leopoldo Torres Hernández.

Hoy es candidata a diputada federal por el PRD, quizá el mayor activo del sol azteca en Minatitlán desde Amado Guzmán García, alcalde en 1998.

Arranca su campaña, sin andar aún en campaña, con la fuerza de su voz, con la tragedia de su vida, un suicidio en el que medio Minatitlán cree, un homicidio en el que piensan los demás.

Polariza el ambiente, genera pasiones La Potra, irrita a algunos con sus alardes, su aire de matrona, la soberbia con que se asume víctima, su intento por convencer que no es asesina, que pudo perder la vida en un arranque de ira del hombre al que aún ahora, nueve años después, lo sigue llamando “el amor de mi vida”.

Un ave de tempestades postula el PRD en Minatitlán. Y divide al gremio femenil. Hay quienes la adoran, hay quienes la aborrecen, tildada de lideresa, acusada por un crimen.

La Potra, Isabel Morales, ¿víctima o asesina?

(Con información de mussiocardenas.com)

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